La Última Pandemia

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Capítulo 3 "Entre tarros y torres"

Lance se quedó unos segundos en silencio al ver el cuerpo de su amigo sin ningún tipo de movimiento. Fue entonces cuando retiró con rudeza el cuchillo de la cabeza, mientras Elisa veía todo desde arriba.

Lance se giró hacia ella, levantando la vista, encontrando los ojos de ella con miedo. Detrás de Elisa aparecieron sin aviso unas siluetas putrefactas.

—¡Cuidado! —gritó Lance desde su posición, haciendo que Elisa mirase hacia atrás con pavor, contemplando como tres infectados se acercaban hacia ella con las peores intenciones.

Rápidamente los infectado impulsaron a Elisa y a ellos mismos a caer por la quebrada, los cuatro rodaron por la falda quebrada golpeándose con piedras y plantas ásperas. Cuando por fin llegaron hasta abajo, el resultado fue que todos terminaron heridos y sucios, incluso uno murió en el camino; se dobló el cuello y en su estado las rocas de la caída le fueron golpeando, hasta que sin movimiento culminó su viaje.

Elisa terminó inconsciente y a merced de las criaturas, una de ellas comenzó a arrastrarse hasta la mujer aprovechando que no se movía, pero Lance le tomó por el pelo y le molió la cabeza a patadas, impidiendo que matase a su rehén.

De improvisto una mano tocó al hombre por la espalda, ante tal amenaza, Lance tomó a quién fuese por el cuello. Tras verle, se percató que se trataba de un infectado que gemía intentando liberarse de las manos de Lance pero lejos de aquello, éste determinó empujar al podrido cerca de un árbol, para comenzar a golpearlo obteniendo como resultado que la cabeza del infectado dejara de tener forma, los trozos de cráneo quedaron repartidos entre el piso y la corteza del tronco.

Nuevamente Lance se hallaba solo, respirando de forma agitada y manchado de sangre, Elisa estaba viva, pero era como si no lo estuviese. Por si fuera poco, otros infectados comenzaron a venir y a caer por los bordes de la quebrada, así que el hombre optó solamente por tomar el bolso de su amigo, junto con cargar a Elisa en su espalda y emprender el rumbo tratando de encontrar una subida natural.

Los minutos pasaron rápidamente para el hombre, quién se esforzaba por encontrar la salida de la pronunciada quebrada.

Con el sol a sus espaldas y sin mencionar a Elisa, que también yacía en sus lomos, el hombre subió jadeando por una grieta y logró llegar hasta la superficie del suelo. La mujer se iba incorporando lentamente, pues se iba quejando, signo de que estaba despertando.

En aquél lugar el sol era colado por las hojas de los altos árboles, estos parecían ser un filtro para que la luz no tocase la tierra ni las hojas secas que habían caído por siglos en aquellos bosques.

El cansado hombre seguía el piso como si este contase historias, según lo que Lance pensaba, el suelo de verdad tenía esa cualidad, solo se necesitaba ser cauteloso y mantener el silencio. En ese momento apreció huellas entre las hojas y la tierra. Los rastros indicaban que un infectado había pasado anteriormente por ahí, así que sin más que pensar, el hombre continuó su camino con Elisa a sus espaldas.

Unos minutos de recorrido por aquel lugar, hicieron que Lance encontrara un camino arenoso y seco, el que terminó por llevar al sobreviviente a contemplar una torre de guardabosque que sobresalía por encima de los árboles.

Elisa despertó quejándose, de inmediato solicitó ser dejada en el suelo, así que Lance por supuesto accedió sin retraso.

—¡Gracias por salvarme! —expresó agradecida la muchacha, mientras se ordenaba la ropa.

—No lo hice por ti —afirmó Lance, algo serio.

—¿Entonces por quien lo hiciste? —preguntó Elisa, sacudiendo su ropa con los dedos.

—Por nadie, no creas que tienes suerte de estar aquí... necesitamos descansar, hay infectados por el camino, si te quedas atrás te mueres —advirtió el hombre, desviándose del tema.

—Entiendo, lo intentaré —dijo la muchacha.

—Mañana te devolveré a tu campamento, si nos vamos ahora, la tarde nos tomará en ruta y eso no es seguro. Estás herida, estoy herido, no sé si podamos hacerle frente a tanto infectado que patrulla a éstas horas, no puedo cuidarte.

—Puedo cuidar de mi misma. —La voz de Elisa sonó muy segura. Provocando en Lance unas enormes ganas de burlarse.

—Se notó, en especial cuando caías por el barranco, también cuando te secuestré —afirmó irónico.

—Quizás quería ser secuestrada ¿No lo crees? —preguntó la muchacha, achinando su ojos de forma suspicaz.

—No, ¿Por qué hubieras querido eso? En ese campamento con todas las limitaciones que tienen, aun son dichosos, no han tenido tantas cosas que perder —supuso el hombre.



Adrián Valenzuela

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En el texto hay: drama, distopia, zombies

Editado: 18.02.2018

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