La Venganza de las Sombras ⚫ En Curso

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CALEB.

Habían pasado un mes desde que Sophia me había dicho la gran noticia, esperábamos un hijo. Estaba sumamente emocionado por su llegada, al igual que Sophia. Estábamos ansiosos por tenerlo en nuestros brazos aunque faltaran muchos meses para ello.

Sophia dormía casi todo el día además de tener muchos antojos lo cual era sumamente gracioso y a la vez un poco irritante, tenía que salir a altas horas de la madrugada para buscar lo que ella quería, aunque no me molestaba porque me encantaba complacerla a ella y a nuestro bebe.

INICIO DE FLASHBACK.

Senti leves empujones en mi espalda mientras dormía tranquilamente. Me di la vuelta ignorándolo.

- Caleb, despierta por favor. – Dijo Sophia a lo que me levante rápidamente.

- ¿Qué ocurre? ¿Te duele algo? – Pregunte rápidamente.

- No amor, estoy bien...es solo que tengo hambre. – Dijo a lo que suspire con tranquilidad.

- De acuerdo ¿Qué quieres de comer? – Dije mientras me levantaba con intención de ir a la cocina.

- Quiero helado, Helado de Menta. – Dijo frotando sus ojos.

- Amor abajo hay solo vainilla y Pastelado tus favoritos, a ti no te gusta la menta. Además, son las tres de la mañana.

- Pero yo quiero Menta. – Hizo un puchero con intenciones de llorar.

- Esta bien amor, pero no llores ¿Si? – Dije mientras me acercaba a ella y tomaba su rostro entre mis manos.

- Eres el mejor. – Me dio un leve beso y sonrió.

Suspire y me dirigí al armario buscando algo que ponerme y Salí de casa. La mayoría de las tiendas cercanas estaban cerradas por lo que tome el auto y recorrí la ciudad hasta conseguir una de veinticuatro horas.

Pare el auto y baje entrando a la solitaria tienda, tome el helado de menta junto con uno de chocolate y uno de fresa. También tome algunos chocolates y dulces y me dirigí a la caja donde una chica se encontraba.

- Buenas noches. – Dije cortésmente.

- Buenas noches. – Dijo ella – Esos son muchos dulces. – Bromeo.

- Es para mi chica. – Sonreí. – Está embarazada y pues...los antojos son fuertes.

- Lo comprendo, Mi hermana mayor también paso por ello y fue de horror. – Ambos reímos mientras ella facturaba todo. – Felicidades por cierto, tener una familia es muy hermoso.

- Gracias, en eso concuerdo. – Tome la bolsa, me despedí de ella y maneje hasta casa para darle el helado a Sophia quien se lo comió y enseguida quedo dormida enseguida y yo junto a ella.

FIN DEL FLASHBACK.

Reí al recordar todos los momentos similares a esos, hoy nos tocaba ir a la primera consulta para ver a nuestro bebé. Espere en el auto a que Sophia por fin se dignara a salir y cuando lo hizo se subió al auto y empecé a manejar hasta el hospital.

Los minutos pasaron mientras Sophia solo tomaba mi mano y miraba por la ventana en un silencio cómodo. Al llegar bajamos en silencio y entramos al colorido lugar.

- Bienvenidos Alpha y Luna. – Ella hizo una pequeña y disimulada reverencia. Habíamos decidido ir a un lugar de hombres lobos para mayor comodidad. – Veo que tienen una cita.

- Por supuesto. – Dije sonriendo y tomando a Sophia de la cintura.

- Pueden esperar en la sala de espera, el doctor los atenderá pronto.

- ¿Doctor? – Me enoje al pensar que otro hombre tocaría a Sophia, ella era solo mía y solo yo podía hacerlo.

- Si. – Respondió un poco asustada, quizás al ver mi cara.

- Quiero que cambie a una doctora ahora mismo. – Dije con mi voz de Alpha a lo que ella se paralizo en su lugar.

- Caleb. – Me regaño.

- Enseguida Señor. – Dijo mientras tomaba el teléfono con nerviosismo, marco un par de números para hablar unos segundos y luego colgar. – La obstetra vendrá en unos minutos.

- Gracias cariño, disculpa la molestia. – Dijo Sophia a mi lado jalando mi brazo para sentarnos en las sillas de la sala de espera. – No puedo creer que hayas hecho eso.

- ¿Hacer qué? – Dije como si nada totalmente complacido por el cambio.

- Cambiar al doctor. – Dijo Enojada, yo solo pude reír.

- Eres mía ¿Ok? Nadie más podrá tocarte y menos en partes tan delicadas, solo yo puedo hacerlo. – Aclare. – No te molestes conmigo. – Dije abrazándola y haciéndole cosquillas para que riera.

- Esto del embarazo te ha vuelto más posesivo. – Dijo riendo. – Además ¿Y si a la doctora le gustaran las chicas?

- No te atreverías. – Dije mientras ella solo reía.

- ¿Estas en contra de que a las chicas les gusten otras chicas? – Negué mientras me recostaba de la silla.

- Claro que no, pero sé que al único que amas es a mí. – Sonreí victorioso y se recostó encima de mí.

- Eso es cierto, eres al único a que amo. – Ella me dio un pequeño beso.

Esperamos unos minutos más hasta que fuimos llamados, caminamos hacia el consultorio y nos sorprendió que al entrar estuviese decorado de manera diferente a cualquier hospital. Este tenía sillas y el escritorio diferentes, paredes de colores pasteles y parecía muy moderno.



CrazyForever29

Editado: 26.01.2020

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