La verdadera historia de Cato y Clove

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Capítulo 2

Mis ojos se van cerrando con cada acercamiento de Cato. Espero nerviosa, si estoy nerviosa porque mis piernas están temblando, a que llegue el beso.

 

Pasa unos minutos o segundos no lo sé exactamente cuándo abro los ojos y le veo ahí parado a unos metros de mí, con esa sonrisa burlona.

 

Entonces me doy cuenta de todo.

 

                -          Ja, ja, ja – se ríe Cato.

                -          ¿De qué te ríes imbécil? – le digo empezándome a cabrear.

                -          ¿Creías que iba a besarte? Ja, ja, ja – me dice – solo en tus sueños te besaría niña. A demás de que no vales nada, nadie en su sano juicio querría estar contigo, eres poca cosa, una cría, no eres una mujer.

 

Y ahí es la gota que colma el vaso, me pongo furiosa, me acerco a él y le grito furiosa:

 

                -          ¡No vuelvas a acercarte a mí me oyes!

 

Y sin más miramientos le doy una cachetada que por lo menos le quedará la marca roja durante un buen rato.

 

Abro la puerta del vestuario y salgo. Camino en dirección a mi sala de entrenamiento 3.

 

La verdad es que me ha dolido lo que me ha dicho, ha sido como una a puñalada en la espalda. ¿Qué él piense todo eso de mi…? Dios no le soporto.

 

Llego a la sala y veo allí a mi mejor amiga Laila, que me ha abandonado hoy para ir con su novio Víctor, con el que está hablando ahora. Me acerco a donde ellos.

 

                -          Hola Laila – le digo – Víctor – digo mientras me paro a verle.

                -          Hola Clove – me dicen los dos al unísono.

                -          Gracias por haberme acompañado – la digo a Laila.

                -          Lo siento, pero ¿ves? No te has perdido – me dice mientras se ríe.

                -          Oye gracias, que buena amiga eres, no lo único es que he empezado la mañana genial.

 

Laila me sonríe mientras que con sus ojos me suplican que la perdonen, pero yo como tan buena amiga que soy la sonrió diciéndola que no pasa nada.

 

                -          Hola colega – dice una voz a mi espalda.

 

¡O no genial! El que me faltaba, ¿por qué no se podía marchar y pudrirse en una mazmorra o algo?

Me aparto porque me da un empujón para acercarse a Víctor y se saludan dándose la mano.

 

                -          Hola Laila – la saluda y la sonríe.

 

Se gira y me mira con ojos envenenados pero no me saluda y eso me hace enfurecerme más. Sé que está cabreado y mucho porque no me ha saludado, me ha tratado como si yo no fuera nadie. Y la verdad no sé qué es mejor sí que me ignore o pase de mí como ha hecho o que me salude con un “hola enana”. La verdad es que eso me ha dolido. Aunque no entiendo porque me tiene que doler, no se estoy confundida…

 

                 -          ¡ATENCIÓN CHICOS! – grita la entrenadora Cissy.

 

Todos nos callamos y nos ponemos alrededor de ella para recibir instrucciones sobre los ejercicios del día.

 

                  -          Hoy comenzaremos como todos los días, con ejercicios básicos y luego haremos un circuito de pruebas – nos dice Cissy.

                  -          Jooooo – decimos todos a coro.

                  -          Ya sé que no os gustan pero es lo que hay, antes de que empecéis me gustaría recordaros que esta noche es el entrenamiento especial, ya que se acercan los juegos. Solo deberán de asistir aquellos que sean mayores o que tengas 16 años. Vamos a entrenar – nos apremia Cissy.

 

Laila y yo estiramos un poco los brazos y las piernas para luego no tener lesiones y nos dirigimos al circuito que los entrenadores nos habían preparado.



MariaL2022

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En el texto hay: amor adolecente, los juegos del hambre, clato

Editado: 26.12.2018

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