La voz de un ángel

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Prólogo

La noche era tan fría que los dedos de Beatriz se habían quedado tiesos. Estaba lloviendo como si se tratase de otro diluvio. La calle del pueblo quedó totalmente empapada cuando Beatriz decidió salir del interior del coche. Se había mojado las caras zapatillas rojas que tanto trabajo le había costado conseguir.

Fuera del vehículo la esperaba una figura masculina vestido de negro de pie a cabeza, se trataba de un demonio que solo Beatriz podía ver. Él era la clase de demonio que te susurraba al oído cualquier palabra para que hicieras cualquier estupidez que nunca antes considerarías hacer. En este caso estaba persuadiendo a Beatriz a abandonar a la criatura que tenía entre sus brazos para obtener lo que nunca antes había podido obtener: dinero y fama. El precio que supuestamente tenía que pagar era deshaciéndose de su propia hija. Beatriz había dudado un par de veces pero como su bebé no era algo que había deseado fue fácil tomar esa decisión y más cuando el demonio le estaba ministrando que en realidad no la quería.

Cubrió el bebé con una manta para que no se mojara mientras ella tomaba el paraguas y pagaba al taxi diciéndole que la esperara.

—¿No crees que es un poco cruel dejar al bebé a las puertas del orfanato con toda esta lluvia? —preguntó con preocupación por la vida de su bebé.

—¿Te estás ablandando, Beatriz? —preguntó el demonio con sus cejas alzadas—. El trato tiene que cerrarse hoy. Si has cambiado de idea no podrás disfrutar de lo que has podido probar durante estos tres días —dijo con la intención de irse. Beatriz se mordió el labio inferior dudando tan solo unos segundos.

—Está bien. Espera. De todas formas no podre ser una buena madre.

El demonio sonrió ampliamente.

—No sé que interés tienes con que no críe al bebé.

—Eso no es asunto tuyo. Tú limítate en cumplir tu parte del trato.

—¿No le pasará nada?

—Tienes mi palabra.

Sin decir más nada y confiando en las promesas del demonio fue a dejar en una pequeña caja al bebé. Tocó dos veces la puerta y se fue corriendo hacia el taxi que la esperaba.

—¿Está segura, señora? —preguntó el taxista no muy convencido en que haya sido una decisión correcta.

—Por supuesto —respondió Beatriz sin mirar atrás—. Arranque rápido, por favor —dijo a la vez que se le escapaba una lágrima.

En cuanto ella se fue el demonio aprovechó en terminar su trabajo. Con su gran influencia atrajo a varios niños para que jugaran en el agua haciendo que el agua se agitara provocando que la caja empezara a flotar arrastrándola a lo más profundo del charco de agua.

—Adiós pequeña —se despidió con una sonrisa dándole la vuelta a la caja para que él bebé terminara por ahogarse. Poco después él desapareció.

No paso ni cinco segundos cuando el demonio se había ido que Marta la encargada del orfanato apareció quejándose de que se le había olvidado el dinero de comprar los panes.

—¡Van acabar enfermándose! ¡Vayan a sus casas! —les dijo a los niños que seguían revolcándose en el agua sucia, pero no le hicieron caso.

Marta continúo su camino levantando la caja murmurando que toda la basura viene a parar en su frente. Sin embargo, su sorpresa fue mayor al ver un bebé que se estaba ahogando. La tomó entre sus brazos. La sentía fría pero estaba llorando lo que era buena señal. La pequeña iba a salvarse.

Cuando Beatriz llegó a la reunión de amigos que tenía en la casa de su mejor amiga llamada Sara, ellos la estaban esperando. Al igual que Beatriz ellos habían hecho un pacto con los demonios a cambio de algún que otro deseo.

—¿Y bien? —preguntó un hombre fornido.

Ella asintió levemente.

—Nadie más debe enterarse de lo que hemos hecho.

Todos estuvieron de acuerdo.

 

 



Mady

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En el texto hay: demonios, amistad, angeles

Editado: 18.02.2020

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