La voz de un ángel

Tamaño de fuente: - +

5. Saliendo de dudas

Narra Samantha

 

No sabes cómo vas actuar hasta que te sucede la cuestión.


Mi piel se había puesto como la piel de una gallina que por un momento pensé que me faltaba la respiración cuando aquel sujeto intentaba quitarme el bolso. No estaba armado pero era más fuerte que yo. Forcejeaba con él por puro instinto y sin pensar en mis acciones o en las de él. Ese sujeto me había buscado conversación durante el trayecto del transporte público y todos pensaban que nos conocíamos cuando bajamos del autobús. Nunca pensé que tras hacerlo iba hacer víctima de un atraco pero en este tiempo no se podía confiar en nadie porque con cualquier cosa podían atracarte e incluso violarte y asesinarte. No me había pasado antes nada parecido e incluso siempre me sentía segura hasta este momento donde mi corazón latía rápido por el miedo que recorría mi piel. Sin embargo, me armé de gran valor y comencé a vociferar como una loca pidiendo desesperadamente ayuda. La gente se quedaba mirándonos y el extraño sujeto para calmar a las personas expresaba que era mi pareja. Me dejó paralizada ante esa gran mentira que no supe reaccionar de forma salvaje solo negaba con la cabeza viendo como las personas ignoraron mi grito de ayuda que por ello mis ojos empezaron a nublarse y quemarme por dentro amenazando con querer dejar salir el gran diluvio de lágrimas. Las personas empezaron a ver que era una disputa entre parejas y negaban entrometerse pero no me dejé intimidar con eso y repetía una y otra vez que me estaban atracando, pero nadie me hacía caso.

¿Es qué nadie iba a ayudarme? ¿Por qué la gente se comportaba de manera indiferente?  Para el colmo empezaban a grabar con sus móviles la terrible escena que era para mí con la intención de entretenerse con el sufrimiento ajeno en vez de socorrerme. No podía creer que esto me estuviera pasando. La humanidad estaba perdida y lo peor de todo es que nos negábamos en ser ayudados. Era como si deseábamos más el mal que el propio bien. ¿Cuándo el ser humano había dejado de ser humano? Entonces recordé estas palabras: «Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriara».
No había amor en muchos corazones. Cuando recibí un golpe en mi rostro por parte de mi atacante iba a darle lo que me pedía hasta que alguien intervino. Gracias a Dios.

—Si no quieres que te de dos balazos, suéltala —amenazó una voz con gran autoridad influyendo el miedo.
El atracador me soltó con los nervios y el miedo de punta. Sentí alivio al ver que no todos se comportaban de forma indiferente aunque también lo entendía porque no podía decir que ayudaría a alguien cuando el momento era el que nos hacía actuar o la imagen que proyectábamos daba una sensación de falsedad o posiblemente ataque de celos que muchos lo veían normal, tal vez ese era unos de los motivos por el que muchas mujeres aparecían violadas o asesinadas porque creemos que eso es lo más normal del mundo.

—Ahora puedo irme —suplicó aterrado.

La persona que había intervenido a ayudarme estaba detrás del atracador clavándole la pistola en la espalda mientras que yo no sabía qué hacer, simplemente sentirme aliviada de que alguien se dignara ayudarme o eso esperaba, porque si iba armado…

—Deja que lo piense. No hasta que le des una disculpa a la joven.

El atracador pareció pensarlo pero no replicó. Se disculpó y salió corriendo. Solté un suspiro dejando escapar el miedo y poder recomponerme ante un pequeño atraco a plena luz del día.
No sé cómo me sostenía de pie cuando las piernas me temblaban a tal punto de hacerme caer hasta que visualice que estaba entre los brazos del joven que me había ayudado. Él me había atrapado antes de que cayera al suelo.

—Ya estás a salvo —susurró dulcemente.

Después de unos minutos estaba riéndome al saber que la supuesta pistola era de juguete y le pertenecía a un niño al cual le había dado dinero para que se la prestara. Al parecer me lo había dicho para calmar mi miedo pero de igual manera iba a tener cuidado de aquí en adelante y eso suponía también cuidarme de la persona que me había ayudado porque al fin y al cabo todo empezó por una pequeña charla que parecía la persona más simpática del mundo.

—Gracias por ayudarme —agradecí más relajada y tranquila pero sin bajar la guardia.

—No ha sido nada —dijo con una de sus hermosas sonrisas. El chico era atractivo, con su pelo castaño, ojos de un tono verdes, nariz aguileña, y pequeños labios. Al cabo de un breve tiempo se presentó:

—Soy Iván Villanueva y ¿tú eres?

—Samantha Martinez —respondí con una suave sonrisa.
 



Mady

#31 en Paranormal
#291 en Fantasía
#208 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: demonios, amistad, angeles

Editado: 18.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar