La voz de un ángel

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20. Traición

No podía creer que ella estuviera aquí. Estuve paralizada por varios segundos hasta que la voz de Aitor fue la que me trajo de vuelta. Llevé mi mano a la cabeza, miré al castaño perdiéndome en sus ojos hasta que desvié la mirada hasta la persona que me había dado a luz y que posteriormente me había abandonado. La rabia viajo por mis venas. Con todo lo que había pasado había olvidado el deseo de querer ir corriendo a exigirle explicaciones o una respuesta a lo que ocurría pero al tenerla cerca me había quedado en blanco. Ella se acercó hasta los barrotes que la aprisionaban mirándome con tristeza. No entendía por qué estaba encerrada en este lugar. Me separé de Aitor y con parsimonia caminé hasta estar más cerca de ella. Me puse de cuclillas. Tenía que decir que había cierto parecido en nosotras pero nunca hubiera imaginado que quien estaba haciendo realidad mi sueño iba a ser mi madre, sin embargo estaba con un demonio que quería ver mi muerte. Algo que me había perturbado teniendo en cuenta que solo podía verlo y seguro que ella también lo veía. En vez de estar luchando contra el pacto ella se refugiaba en aquel demonio.

—¿Cómo has podido abandonar a tu hija? —escupí con un gran dolor. No podía entender como una madre podía abandonar a su hija.

—No lo entiendes, no podías quedarte conmigo —gimoteó con desesperación. Parecía una loca, cualquiera no la reconocería en ese estado puesto que estaba sucia, despeinada parecía como si fuera una indigente—. No podía cuidarte, él quiso que te entregara, dijo que ibas a estar bien —prosiguió encogiéndose de hombro como si estos le pesaran.

Negué con la cabeza sintiendo el ardor en mis mejillas por las lágrimas que descendían.

—Y veo que estás bien, si te hubieras quedado conmigo no sé qué hubiera pasado.

—Mentira —musité sin creer una palabra de ella desafiándola con la mirada algo que al parecer fue como si le clavara una daga al estar sorprendida. No podía pretender que la perdonara y fuera a sus brazos olvidando lo que me había hecho. Todos habían hecho un pacto y habían tenido un momento con sus hijos, todos sabían quienes eran sus padres a pesar de que hubiera desacuerdos entre ellos pero eso era algo normal entre las familias—. No estaba bien y para el colmo andas con un demonio que quiere mi muerte.

Ella se sorprendió, intentando encajar mis palabras que le contaron creer.

—¿Qué? ¿Qué estas diciendo? —cuestionó sin entender—. Él sólo quería ayudarme a volver a verte. Accedí y cuando te vi quería que tu sueño se hiciera realidad, era lo menos que podía hacer por ti.

Solté un suspiro de fastidio. No podía creer que no lo supiera. Iba a replicarlo pero la voz de Aitor nos interrumpió, algo que en el fondo agradecí porque no podía estar más tiempo escuchando sus mentiras.

—Alexa, tenemos que irnos de aquí —sugirió Aitor. Sentí su mano en mi hombro y con suavidad fue levantándome.

—¿La vamos a dejar encerrada? —cuestionó con asombro Valeria.

—No hay tiempo, tenemos que irnos antes que se den cuenta que hemos escapado —respondió Aitor viéndola por última vez.

Sin decir nada más, solo escuchando la voz de quien era mi progenitora pidiendo ayuda y que la perdonase. Me dejé guiar de Aitor quien me sujetaba de la mano. Parecía conocer la casa pero me detuve.

—Espera. No podemos irnos así, seguro que se ha tratado de un error. Tenemos que decirle a Kiefer, él nos ayudará. Parecemos como si estuviéramos escapando de la boca del lobo.

Aitor curvo sus labios en una media sonrisa sarcástica.

—Él seguro ya sabe que estamos aquí. Por eso debemos irnos.

Las chicas asintieron. Negué. Me negaba a creerlo porque me había dicho que había mandado a dos jóvenes a buscarlos. Si se habían colado sin ser invitados tal vez sospecharon de ellos. El castaño se acercó hasta mí.

—Debes confiar en mí —pidió.

¿No podía confiar en los dos? Estaba aquí para poder librarnos del mal que nos acechaba pero Aitor parecía tener miedo. Cada uno tenía su punto de vista y no podía quedarme con los brazos cruzados a la espera de otra muerte más. Cuando volvió a caminar sujetando mi mano me opuse soltándome.

—No —dije con firmeza. Lo hacía por él, por Sam, por todos. Debía entenderlo.

—Aitor si no quiere venir déjala. A saber en que andan metidos ella y Kiefer. No creo que haya sido un error que nos encerraran. Así que vámonos —replicó su hermana enfadada.

—Exacto, todo esto me da mala espina. No sé en qué momento se me ocurrió la idea de seguirles —comentó Rocío llevándose la mano a la cabeza. Luego se acercó hasta Aitor y giró su rostro para que la viera—. No podemos ayudarla si nos atrapan a todos y nos vuelven a encerrar.

—No voy a dejarla. Es por esa maldición que no ve con claridad —expuso Aitor con gran tristeza.

—No lo es, solo quiero que esto acabe y confío en lo que estoy haciendo con Kiefer, no podemos quedarnos con los brazos cruzados mientras uno de nosotros muere —protesté con rabia al ver la escena que hacía la pelirroja. Por lo menos yo intentaba hacer algo para sacarnos de este lío. Realmente no sabía si era porque estaba ligado a Kiefer que quería buscar su ayuda pero lo que si tenía claro era que quería salvarlos a todos.

—Es que no lo entiendes Alexa —intentó convencerme pero me alejé de él cuando vi que quería acercarse más a mí.



Mady

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En el texto hay: demonios, amistad, angeles

Editado: 18.02.2020

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