Laberinto Macabro

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Capítulo II. Dante Parisi. Parte II

Las risas que se oyen como carcajadas en el infierno de la madrugada, no son más que la materialización del precipicio que viene a recordarnos que en el amor no hacen falta mártires, ni sirve, siquiera, martirizarse por aquello que siempre supimos y preferimos obviar. Oculto tras las cortinas cafés permanece el miedo adorable a enfrentar la realidad, el valor cobarde a hacerle frente a una verdad tan evidente como dolorosa, la emperatriz de todos los axiomas resumidos en un frenesí de dolor incalculable.

¿Pero cómo salir indemne de un momento tan intenso, de un instante de lujuria que a menudo confundimos con la pasión que nos quema la piel? Sumida en esa duda insuperable y víctima de las miradas que buscaban desaforadas a quién responsabilizar, la princesa, despojada de su cristal, debía hacer a un lado la herida de la soledad y despejar el cielo nublado que ennegrecía el horizonte de la ciudad entera.

—Todavía no puedo creerlo —se lamentó—. Estoy esperando despertar de esta amarga pesadilla.

—Mientras aguardábamos en la sala, hemos recibido la información de que el señor Parisi estuvo anoche en el club “La caldera” ¿Sabe qué hacía en ese lugar?

—Eso es imposible —dijo mientras secaba las lágrimas que caían sin solución de continuidad—. Hablé con él a las 22hs y me dijo que estaba acostado.

—Sin embargo las evidencias son contundentes —dijo Alan sin anestesia.

—De seguro hay un error.

—Observe usted misma el video —dijo el detective Gordon extendiéndole su celular—. ¿Puede confirmar que el sujeto de la barra es su novio?

—Es imposible —dijo con la voz quebrada.

Por mucho que pretendiera negar la realidad, o se sumergiera en su testarudo negacionismo, las imágenes no mentían.

—No sé por qué estaba allí, no logro entenderlo.

—¿Acaso no tenían una cita? —preguntó Gordon sin dejar de golpear la birome contra su pequeña libreta sobre la mesa—. En el video se lo ve ansioso.

—Nervioso diría yo; no paraba de mirar su reloj, amén de que revisaba su teléfono cada dos minutos, como si esperara un mensaje —soltó Alan el anzuelo.

—No sé qué demonios está haciendo en ese lugar; se supone que debía estar en su cama, durmiendo —dijo entre sollozos, con las manos sobre la cabeza, incrédula.

—¿Tiene alguna idea de con quién pudo concertar una cita? —preguntó el detective a la espera de obtener algo más que lamentos—. Entiendo que es una sorpresa para usted, pero tal vez se le ocurra alguien que pudo sacarlo de su cama a esas horas.

—Dante solía ser un tiro al aire —interrumpió una joven con evidentes señas de congoja—. Lamento no haber podido llegar antes, el auto tardó más de lo esperado. 

Ambas mujeres se fundieron en un abrazo interminable. Era obvio que compartían el mismo dolor, el mismo pesar.

—Disculpe ¿quién es usted?

—Me llamo Laila, soy la mejor amiga de Avril.

—¿Y por qué dijo que la víctima era un tiro al aire? —preguntó Gordon frunciendo el ceño.

—Digamos que hacía un esfuerzo denodado por conservar la fidelidad —soltó ante la mirada poco amistosa de su amiga.

—Entiendo —dijo el detective frotándose las manos—. Y eso no debió agradarle para nada…

—Sé lo que está por insinuar y le suplico que se lo ahorre —interrumpió Avril consiente de que el rumbo de la conversación la ponía, de pronto, en una situación incómoda.

«Dante ya no era aquel chico que se dejaba llevar por un impulso, había cambiado. Teníamos algo especial y él nunca lo hubiera tirado por la borda por una aventura.

—Imaginamos lo difícil que es para usted señorita pero entenderá, también, que es nuestro deber investigar y hurgar en los costados más oscuros…

—¿Qué hay de ese video? —interrumpió vehemente.

—No comprendo.

—¿Acaso no aparece su cita?

—Esa es la mejor parte y la más desconcertante también —dijo Alan revisando las imágenes en el teléfono celular—, luego de enviar unos mensajes, las cámaras lo toman saliendo del club con denodada urgencia, como si hubiera visto algo que lo empujó a retirarse.

—Entonces deberían peritar su celular en lugar de estar aquí perdiendo el tiempo interrogándome.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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