Laberinto Macabro

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Capítulo III. Alicia Modric. Parte II

—Comprendan a Jacob, está destruido, se le vino el mundo encima de un momento a otro —dijo Lauren, mientras convidaba con dos cafés a los detectives.

—Le agradecemos que nos conceda unos minutos en estos momentos tan difíciles.

—Todavía no lo creo —dijo sacando el décimo pañuelo descartable en menos de cinco minutos—, miro el teléfono cada dos por tres esperando sus recados ¿Quién pudo hacer algo así? —preguntó con los ojos apuntando a ninguna parte.

—Usted la conocía más que ninguna otra persona, fue su secretaria durante mucho tiempo.

—El martes pasado se cumplieron once años.

—¿Qué puede decirnos de sus relaciones aquí en el trabajo? —preguntó Gordon mientras daba un sorbo a su café—. Sus colegas no dejan de hablar del apego que tenía con su hijo.

—Solo se tenían el uno al otro —dijo como pudo, con un nudo insoportable en la garganta.

—También dejaron entrever que tanta protección le trajo algunos inconvenientes.

—Sí, fue atrayendo enemigos —sentenció Alan las palabras algo difusas de su compañero.

—Bueno, una madre dispuesta a desenvainar la espada por la razón de su vida no caerá bien en aquellas que buscan sacar una tajada.

—¿Disculpe?

—Quería lo mejor para él, siempre estaba aconsejándolo —respondió esbozando una mueca parecida a una sonrisa—. Era importante para ella que Jacob encontrara una buena compañera y no se dejara obnubilar por la superficialidad o el exterior que siempre engaña.

—Qué profundo —dijo Gordon realizando una mueca de sorpresa.

—¿Debemos entender que su hijo era un casanova?

—¡Nada de eso! —sentenció—. Es muy apuesto y galante sí, pero en absoluto un rompecorazones.

—Sin embargo le arrastraban el ala —dijo Gordon ante la mirada perpleja de Lauren.

—Lo que mi colega quiso decir es que de seguro había varias muchachas queriendo conquistarlo —dijo Alan rescatando a su amigo del túnel del tiempo.

—Por supuesto, todos saben que es el hombre con más futuro aquí y si a eso le suman la buena posición económica de su madre ¡Bingo!

—Por eso dijo que ella desenvainaba la espada, ahora entiendo —dijo Gordon asintiendo con la cabeza.

—Era muy protectora —dijo Lauren mientras se mecía en su silla de oficina.

—Imagino que esa postura debió enfadar a más de una.

—¿Creen que alguien de la empresa la asesinó? —preguntó abriendo grandes los ojos.

—Por ahora solo estamos recabando información y sería prematura cualquier sentencia. Sin embargo, hay algo que nos sería de mucha ayuda.

—Díganme

—Si usted fuese quien lleva adelante la investigación ¿A quién interpelaría? —preguntó Gordon lanzando al vacío su anzuelo.

Las paredes oyen, reza el dicho popular que parece tomar sentido toda vez que un acertijo se predispone caprichoso negándose a revelar demasiadas pistas sobre aquello que está sobre la mesa, delante de sus narices, y que nadie, sin embargo, es capaz de registrar.

—Gracias por recibirnos señorita Radford.

—¿Tenía otra opción?

—Las malas lenguas dicen que su relación con Jacob terminó por que había una tercera en discordia: su madre —dijo Gordon sin anestesia.

—Prefiero reservarme cualquier comentario en este momento —respondió sin dejar de mover las piernas, con los brazos cruzados, alterada.

—¿Acaso teme que lo que pueda decir llegue a perjudicarla durante la investigación?

—¡No! Es por respeto.

—Será mejor que hable o le aseguro que los pasillos lo harán por usted.

—¿Soy sospechosa? —preguntó frunciendo el ceño.

—Le reitero que ya hubo quienes señalaron que su vínculo con la víctima era en extremo conflictivo.

—Ya me imagino de donde viene esa basura.

—Entonces sabrá que lo último que necesita es dejar espacio a la duda —dijo Alan elevando las pestañas.

—Alicia esparcía rumores falsos sobre mi persona —dijo mientras una lágrima traviesa resbalaba por su mejilla—. Me pintaba como una zorra cada vez que podía.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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