Laberinto Macabro

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Capítulo VI. El ayer olvidado

Convento de Santa Clara, Brockton, Condado de Plymouth, Massachusetts

—Gracias amiga por acompañarme, estoy temblando de miedo, no consigo controlarme.

—¿Acaso no soñaste con este momento los últimos meses? —preguntó Melody animándola.

—Pero jamás creí que llegaría el día y me aterra la idea de no saber qué esperar.

—A mí me aterra que hayas viajado tantos kilómetros con semejante panza —la regañó—. Los médicos te ordenaron reposo.

—Ya no podemos volver.

—¿Quieres que me quede contigo?

—No —dijo luego de respirar muy hondo—, es algo que debo hacer sola.

—De acuerdo, te esperaré en el café de la otra cuadra.

—¿Crees que estará esperándome?

—Ni se debe imaginar que estás aquí, será toda una sorpresa.

Por primera vez en mucho tiempo la dama que había demostrado ser más fuerte que un roble y más decidida que una leona hambrienta, abriéndose paso en el Kalahari, estaba de pronto paralizada, dubitativa, desconcertada ante la posibilidad de encontrarse con quien, suponía, esclarecería el mapa indescifrable de su destino o, cuanto menos, palearía el dolor inenarrable de un corazón solitario que sufre tanto la pérdida como el desarraigo de un pasado que cree extinto para siempre.

De allí que la algarabía que se había apoderado de Stephanie y la llevó a desoír los consejos médicos que advertían sobre el estado avanzado de su embarazo, se había transformado de repente en angustia y se debatía, sin cuartel, entre regresar sin respuestas o dar un paso al frente y encarar la cita por vivir con la tenacidad acostumbrada.

No fue fácil, luego de mirar al cielo como si buscara una señal o empujón divino, tocó el timbre y aguardó impaciente que asomara un rostro que pusiera fin a la incertidumbre.

—¿Señorita? —preguntó una mujer de largo hábito entornando la puerta—. ¿Puedo ayudarla?

—Sí, eso creo —respondió aferrándose a las rejas que servían de portón—. Estoy buscando a la abadesa Evelyn.

—¿Por qué asunto es?

—Un amigo suyo me pidió que viniera a verla.

—Puede ser un poco más específica, por favor —dijo entrecerrando los ojos.

—Sé que suena extraño pero….

—¿Stephanie? —preguntó la señora con un hilo de voz, tragando saliva.

—Sí —respondió abriendo grandes los ojos—. ¿Me conoce?

—Eso me gusta creer.

Tras abrir la puerta celosamente cerrada al público general, ambas mujeres descendieron unas escaleras interminables que parecían llegar al sótano del mundo. Allí, alejadas de los ruidos molestos del exterior, como también de las interrupciones que pudieran suscitarse, se entregaron a la dura realidad del encuentro. Las sensaciones que se habían esforzado por ignorar desde que cruzaron palabra, se abrieron paso como un ciclón despiadado que arrasaba todo a su paso.

Estaba claro, el hecho de que Stephanie fuera a visitar el convento de Santa Clara solo podía significar que Thomas estaba muerto pero, antes de partir, se había asegurado de colisionar sus mundos y hacer confluir, finalmente, su cuerpo y su alma.

En silencio, luchando contra los fantasmas que no se pierden ninguna tristeza, como si se conocieran desde hacía décadas o, tal vez, conscientes de que ambas habían perdido parte de su vida, se fundieron en un abrazo y desahogaron la angustia que les oprimía el corazón. Después de todo, tener con quién compartir el llanto y un sentimiento tan profundo como la ausencia de un ser querido, no es poca cosa.

—Lamento hacerte bajar hasta aquí —se disculpó ante la evidente fatiga de Stephanie—, pero créeme que es el sitio adecuado para conversar, para recordarlo, para sentirlo cerca.

—No se preocupe, estoy bien, solo necesito descansar un poco —dijo sentándose en una silla de mimbre, mecedora.

—Me alegra al fin conocerte; Thomas me habló mucho de ti.

—¿En serio? —preguntó sonrojada—. Él jamás te mencionó, ni a este lugar —dijo sin poder despegarse de sus dotes de detective mientras observaba minuciosamente cada centímetro.

—Lo sé, siempre se esforzó por mantener este rincón de su vida en secreto; ni siquiera la Agencia sabe de nosotros; era su refugio.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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