Laberinto Macabro

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Capítulo XII. Virginia Wlastok. Parte I

El pasado, tiempo estimado que la mayoría recuerda con nostalgia. Unos, por su parte, prefieren mirar adelante sin voltear, conscientes de que lo que fue no tiene remedio y otros, tal vez los menos, quizás los desafortunados, los heridos por las agujas de un segundero que retumba incansable en la mente, desearían no haberlo vivido jamás.

Son las escaramuzas propias del tiempo, los desfasajes lógicos de una memoria selectiva que a menudo sazona más de la cuenta falacias que se presumen ciertas con el único objetivo de buscar un culpable. La culpa, la penalidad, la sentencia no resisten la tentación de apuntar sin miramientos, de señalar al verdugo irreverente que a todas luces resulta inocente hasta tanto un juez, un tendencioso e indolente juez, resuelva lo contrario.

—Pasaron veinticinco años de la última vez que estuvimos en este lugar.

—Éramos unos niños…

—Siete de nosotros ingresamos pero solo seis salimos de aquí —dijo Andy con la voz cargada de pesadumbre—. Lo que sea que ocurrió aquella noche nos ha acompañado durante toda la vida y ahora, reclama de nosotros una expiación.

—Hablando de los seis —interrumpió Cloe—. ¿Por qué no vino Marvin?

—Ya vendrá.

—Ustedes hagan lo que quieran, yo me largo de aquí —amenazó Bruno dirigiéndose a la salida.

—¡Siéntate! —gritó Andy desencajado, agitado, fuera de sí—. No nos iremos hasta saber lo que ocurre.

—¿Acaso no es obvio? —sonrió Judith—. Estamos por purgar los pecados de otro tiempo. Fuimos ingenuos al pensar que la vida era un pasillo recto sin espejo retrovisor.

—¡Acaben de una vez con el melodrama! No tenemos nada que ocultar, ni siquiera sabemos el motivo real por el que estamos aquí.

—Aun así vinimos ¿no es cierto? —aseveró Bruno pálido, comenzando a sudar—.Por algo será que tenemos cola de paja. No se engañen convenciéndose de una inocencia que les resbala.

—¿Disculpa?

—¿Simplemente recibiste una carta y decidiste regresar a este infierno?

—Vine en busca de respuestas —dijo Cloe abriendo los brazos de par en par.

—Pues que suerte la tuya, yo vine para poder dormir por las noches.

—¡Ya basta! —gritó Judith parándose en medio de la sala, sirviendo a la vez de mediadora —.Esto es exactamente lo que él quiere.

—¿Quién?

—Me temo que pronto lo averiguaremos.

Nunca falta quien pide peras al olmo, tampoco escasean aquellos ilusos que piden motivos a los arrebatos impetuosos que predicen los sinsabores de una victoria pírrica; porque no hay ganadores, no hay, tampoco, premio consuelo, en la danza cambalachezca de los reyes sin corona aquel que se mantenga cuerdo tendrá tal vez una historia que contar, un relato que aunque inverosímil funcione como fuga transitoria al calvario que se confabula noche tras noche con la almohada.

—Ya ha pasado demasiado tiempo y estoy aburrida de mirarles las caras —se quejó Cloe

—¿Qué propones? —preguntó Bruno sin quitar las manos de su rostro—. Las cartas decían que aguardáramos instrucciones.

—Tal vez debamos dar un recorrido —dijo Andy guiñándole un ojo vaya uno a saber a quién.

—¿Estás loco? —preguntó Judith abriendo grandes sus ojos cafés—. De casualidad soporto estar en la sala, siempre pendiente de la puerta, ni loca me aventuraré.

—¡Vamos! Ya todos somos grandes —incitó Andy—. No somos más esos tontos niños que venían aquí a buscar espíritus malignos que jamás existieron. Ya se fueron los fantasmas.

—¿Tan seguro estás?

—Quitémonos la duda.

Rehenes de una paranoia galopante y víctimas también de la curiosidad que de tanto en tanto evita matar al gato, se aventuraron en un tour que martirizaba sus almas al tiempo que destrababa, con cada paso dubitativo, los recuerdos censurados de una noche que se hundía en el espanto y luchaba por aflorar contra viento y marea.

—Es una locura —susurró Bruno.

—¿Quién se anima a bajar al sótano? —preguntó Andy con una sonrisa dibujada en los labios mientras alumbraba con su linterna la escalera que llevaba a los pisos superiores.

—Y yo que pensaba que habíamos madurado.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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