Laberinto Macabro

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Capítulo XIII. Milagros Graham. Parte II

Resulta curioso como las palabras no pronunciadas se tornan más indispensables que un silencio, que el sonido estruendoso del dolor carcomiendo las vísceras, que el llanto reprimido por el que dirán y la blasfemia de mostrar debilidad en un momento de extrema agonía.

Tocar fondo, bajar al último peldaño de la dignidad, no es sino un paso más hacia la culpa, directo a la condena dolorosa que embriaga de impotencia; que empapa de perfume barato una conciencia repleta de remordimientos.

Y es que bien pudiera llenar estas páginas con la descripción de una madre que no se despega de su bebé en la cama del hospital; que ya agotó los rosarios y cumplió, con creces, la cuota de deseos solo concedidos a los peregrinos de imposibles. ¿Pero cómo se transcribe el dolor genuino que seca las lágrimas? Tal vez sería más sensato preguntarse por los estigmas que rasgan por completo su alma desvalida y la ridícula testarudez que la empujan a no comer, a no dormir, a compartir la monolítica cruz que se yergue insoportable sobre los hombros de su hija.

Ese tipo de relación, ese vínculo tan estrecho que es capaz de detener el tiempo y congelar el infierno con apenas un suspiro, es lo que mantenía a ambas respirando, en la despareja lucha por la vida; a la espera de un milagro como su nombre lo exigía.

—Ya revisamos todo, le dimos miles de vueltas en la oficina y no sabemos hacia dónde apuntar —se lamentó.

—¿Algún ex novio o amigo rechazado?

—Nadie que sepamos —respondió arrancándose los pelos—. Sus redes sociales tampoco parecen evidenciar una relación seria; mucho menos alguien que la acosara; ya seguimos esa línea y no lleva a ninguna parte.

—¿Qué hay de sus padres?

—Liam es agente de bienes raíces y Katharina es maestra jardinera; nada que se asemeje a un conflicto que desatase semejante locura.

—¿Su madre es maestra jardinera? —preguntó frunciendo el ceño.

—Sí, ella y Liam se conocen desde niños, vivían en el mismo barrio. En ese entonces no eran ricos, claro. Se distanciaron al ingresar a la Universidad; una vez que él triunfó en su rubro regresó por el amor de su infancia.

—Me parece increíble e igualmente saludable que mantuviera su terrenal empleo.

—Sí, desentona bastante en aquellos círculos pero ¿Crees que tenga algo que ver con el ataque a su hija?

—No lo creo —dijo masajeando su barbilla—. Pero una venganza contra su padre, por algún negocio fallido, bien pudo ser el detonante.

—Lo hemos investigado —dijo resignada, antes de resoplar, expulsando toda la angustia contenida.

—Y el descampado donde la hallaron ¿estaba muy lejos de su casa?

—No era un descampado, en el sentido estricto del término, era una de las propiedades abandonadas de su padre.

—¿Disculpa?

—Sí —dijo mientras buscaba unas fotografías entre tanto papelerío—. Es una de las estancias de la familia.

—¿Estás diciéndome que la secuestraron, la violaron y casi la asesinan en su propia casa?

—¿Eso que nos dice?

—No solo la conocía —dijo con la mirada perdida—, estaba al tanto, incluso, de sus propiedades y de cuáles estaban desocupadas, lo que le daría el tiempo y el espacio para llevar adelante su siniestro accionar.

—Pero ya te lo dije, no hay nadie que pudiera haberse sentido estafado por el señor Graham.

—¿Qué hay de un desdichado?

—¿Disculpa?

—Mencionaste que Liam y Katharina no venían de cuna de oro; tuvieron que trabajar duro para amasar una fortuna y ahora tienen mucho más de lo que necesitan; de hecho, pueden darse el lujo de tener inmensidad de tierras o casas deshabitadas.

—Sigo sin entender el punto.

—Tal vez alguien no tuvo tanta suerte…

—¿Dices que un amigo suyo o compañero de estudios que no logró alcanzar sus metas, se obsesionó con ellos?

—No con ellos, sino de lo que lograron.

—Tendría que buscar la lista de estudiantes y pudiera ser cualquiera —se lamentó.

—¡Aguarda! —dijo con los ojos encendidos—. Tal vez no tengamos que buscar demasiado —sonrió—. Conocía a su hija, conocía sus casas. Busca algún vecino, socio o amigo de la familia que hubiera caído en desgracia en los últimos años.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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