Laberinto Macabro

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Capítulo XIV. Tony Blanc. Parte II

—Alguien sería tan amable de explicarme por qué interrumpimos nuestro día libre para investigar un caso que no nos atañe —dijo Alan arrojando al suelo su mochila—; digo, no hay muertos, somos de homicidios.

—Primero, antes que nada, contrólate —dijo Melody con las palmas hacia abajo—. Yo digo que casos investigamos y cuáles no. ¿O acaso estás desafiando mi autoridad?

—Por supuesto que no jefa, es solo que ...

—Los detectives Parson y Andrada viajaron a un congreso en Quántico —interrumpió—, por eso estamos haciéndoles un favor.

«Lamento que todos hayan tenido que suspender su momento de ocio pero es importante para el Comisionado que este caso se resuelva a la brevedad. Medios eufóricos, abogados prestigiosos y violencia intrafamiliar son un combo delicado con el que debemos lidiar. Podemos hacerlo, podemos traer algo de justicia aunque no haya cadáveres desparramados por ahí.

—Lo siento —dijo Alan asintiendo con la cabeza—. Me extralimité.

—Gordon y yo hablamos con un amigo y vecino de la pareja, Matthew Zicalla.

—¿Qué obtuvieron?

—Dijo que la mujer lo llamó por teléfono, desesperada, que su esposo quería asesinarla. Cuando llegó, dijo ver el auto de Tony Blanc salir a todo galope. La puerta estaba abierta así que no lo dudó ni un instante. La casa estaba deshecha, como si alguien hubiera arremetido con un bate de baseball.

—¿Y la mujer? —preguntó Melody mientras hurgaba en las fotografías de la escena.

—La encontró en la bañera, apenas respiraba.

—¿Con qué la atacó?

—Al parecer con las manos —dijo Gordon mirando sus propias palmas—. Le propinó varios golpes de puño e intentó ahorcarla, hay marcas en su cuello.

—¿Podemos hablar con ella?

—Estaba sedada hace rato pero podemos intentarlo, claro.

—¿Qué hay de su esposo, ya extendieron una orden de búsqueda? —preguntó Alan mientras armaba y desarmaba su arma.

—Todos los policías de la ciudad lo rastrean, es absoluta prioridad.

La ciudad estaba a la expectativa, pendiente de un hilo. Como si se tratara de una novela, de una serie que mantiene a los espectadores al borde de la silla, a punto de saltar hacia el vacío de la angustia, precipitados por escupir la teoría que tejieron mientras tocaban de oído, haciéndose eco de un cotilleo inaudible que sentencia sospechosos sin la más mínima prueba, apenas con el esbozo muñequeado de un panorama cristalino que se encargó de difundir el artífice del rumor.

—Hallaron su auto abandonado a unos kilómetros de aquí —dijo Alan luego de cortar la llamada recibida a su celular.

—¡Excelente!

—No tanto —carraspeó—. Está incendiado, casi no quedó nada.

—¿Algún rastro de Tony Blanc?

—Ninguno

—Sin embargo, hemos ampliado el panorama y podemos afirmar que hay más en este boletín —irrumpió Gordon exaltado—. Nadie esperaba a Matthew en la oficina, asesoraría a un cliente en el centro al mediodía.

—¿Y eso qué?

—Dijo que estaba saliendo a trabajar cuando Linda lo llamó…

—¿Entonces? —preguntó frunciendo el ceño.

—El restaurante que reservó para reunirse con su cita está a media hora de su casa. ¿Por qué saldría tres horas antes?

—Tal vez iba a la compañía a buscar alguna documentación o se reuniría con otra persona. No podemos acusarlo de falso testimonio por eso, es muy vago como argumento.

—Ahora viene lo mejor, no desesperes.

—Habla antes de que te arreste —dijo mordaz.

—Tony Blanc sí fue a trabajar esta mañana, la huella digital, las cámaras, la gente de seguridad y su secretaria dieron fe de ello.

—No comprendo —dijo con el rostro desfigurado—. ¿Atacó a su esposa y luego se fue a trabajar? ¡Es un psicópata!

—Se fue veinte minutos después de haber llegado porque no se sentía bien…

—Entonces fue allí cuando la atacó —concluyó Melody apresurada.

—Si salió del trabajo 8.52hs, debió tardar menos de 15 minutos en arribar a su domicilio.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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