Laberinto Macabro

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Capítulo XV. Luz, cámara... Parte I

Wicker Park, Chicago 1hs am.

—Debe haber un trato al que podamos arribar —imploraba.

—Solo concéntrate en desempeñar bien tu parte —lo regañó.

—Creo que tal vez se equivocó de persona, todo es un enorme mal entendido.

—¡Eres un embustero! Conozco al detalle el complot del que formas parte y la tajada que sacas por distorsionar la verdad.

—¿Disculpe?

—No puedo permitir que continúen saliéndose con la suya, burlándose de los buenos ciudadanos que viven aterrados por culpa de su avaricia.

—Amigo, usted necesita ayuda —dijo retrocediendo, buscando entre los árboles un sitio hacia donde correr—. ¡Soy un maldito taxista!

—Sí, sé bien cuál es tu tapadera…

—De acuerdo —dijo abriendo sus palmas, afrontando la realidad que le tocaba en suerte—. ¿Qué clase de juego estás jugando? ¿Acaso eres un pervertido?

—Estamos aquí por una razón —dijo abriendo el enorme estuche que traía a cuestas—. Demostrar que estamos a la altura de los grandes.

—¿Acaso vas a darme una serenata? —se burló reprimiendo una carcajada.

—Voy a darte más que eso —susurró con una enorme sonrisa dibujada en los labios—. Voy a darte inmortalidad.

—¿Qué demonios es eso?

La cara del viejo taxista se transformó por completo. El estado de shock duró apenas unos cuantos segundos; tiempo precioso que le hubiera permitido intentar un escape épico, aunque sabía, en su corazón, que a la luz de los acontecimientos, no hubiese llegado demasiado lejos.

Wrigley Field, Chicago 3hs am

—Me han llevado a lugares mejores pero este cuarto no está tan mal —dijo antes de revolear sobre la cama su tapado de piel de segunda mano.

—Bueno, para el papel que debes desempeñar, este albergue era ideal.

—Desde que salimos del club no haces otra cosa que hablar de roles, papeles, personajes; veo que eres un chico muy malo —dijo agitando repetidas veces sus pestañas—. ¿Qué traes en esa bolsa? Veo que no te despegas de ella.

—Allí, en la puerta de la izquierda, tienes el baño, dúchate —soltó como si de una orden se tratara.

—Veo que tienes prisa —sonrió—. ¿Quieres bañarte conmigo?

—Claro que no —respondió furioso—. ¡Apégate a lo pautado!

Ella no entendía nada. Lo que pensó era una cita casual con un muchacho apuesto y divertido, iba tomando tintes extraños y comenzaba a cuestionarse si había escogido bien a su galán ocasional.

En ese contexto de clima tenso y constantes desvaríos, la ducha parecía, después de todo, la mejor noticia en una noche que se presumía larga como la eternidad. Sin embargo, mientras el jabón jugaba con sus piernas y las gotas tibias resbalaban por su espalda, los golpes furibundos hacia la puerta y el asomar de una cuchilla oxidada, no podían más que augurar un funesto destino.

La Villita, Chicago 5hs am

—Por favor, llévate lo que quieras y lárgate —suplicó—. No me hagas daño.

—¿Dónde olvidaste tus modales? —se burló—. Debo hacerte un servicio completo.

—Solo déjame ir, no le diré a nadie, te lo prometo.

—¡Cállate de una buena vez! —dijo mientras ajustaba una capa amarillenta al cuello de su oportuno prisionero—. Pareces un niñito asustado; compórtate como el hombre que eres y apégate a rajatabla al maldito guión.

—No sé de qué estás hablando, creo que te confundiste de persona…

—¿Tienes la más mínima idea de lo difícil que es obtener este papel? —preguntó llevando la navaja que blandía al cuello indefenso de su víctima—. No voy a dejar que un bueno para nada lo eche todo a perder.

—De acuerdo, tú ganas —dijo con un nudo en la garganta—. Solo dime qué debo hacer.

—Así está mejor —sonrió—. Solo relájate, disfruta la tensión de este momento mientras yo despliego sobre tu grácil rostro, al compás de esos violines endemoniados, los dones que Melpómene me regaló.

—Estás asustándome viejo



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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