Laberinto Macabro

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Capítulo XIX. Bajo la nieve. Parte I

Barrio The Meatpacking District, Manhattan, Nueva York.

—El comisionado quiere respuestas para ayer —dijo Melody mientras el equipo se desplegaba por las diferentes escenas del crimen que tenían en vilo a todo el Estado.

La movida nocturna que transforma el paisaje neoyorkino hasta volverlo irreconocible para las aves madrugadoras es una de las postales con el sello distintivo de la Gran Manzana. Así, con un amplio catálogo que privilegia la cacería furtiva de las princesas sin diadema; los dj envenenan el ambiente con dardos afrodisiacos que no hacen más que exacerbar la abstinencia que traen a cuestas frías caricaturas que ya no se conforman con la promesa siempre dilatada de amanecer entre sábanas tibias.

No había lugar para nadie. No entraba un alfiler en ninguna disco que se preciara de estar a la vanguardia de la diversión. Absorbidos por el calor, y no precisamente el que viene aparejado a las altas temperaturas, muchos de los jóvenes buscaban el aire empujando fantasmas entre la multitud y boqueaban sedientos por una gota más no sea de su propia saliva.

Estaban atrapados, inmersos en una prisión que les impedía gritar pero les rasgaba la garganta, los invitaba a escapar pero les coartaba la salida; les exigía batallar pero les extinguía el alma.

—Pronto llegarán los resultados de toxicología.

—¿Qué creen?

—Yo no recuerdo un desastre de tal magnitud —dijo Gordon sin dejar de caminar, con las manos en sus bolsillos, por las pistas ahora vacías de la discoteca Purgatorio.

—Medio jet set fue víctima de lo que sea que ocurrió aquí; los medios van a masacrarnos.

—Hubiera sido más sencillo si se tratase de un tirador; pero esto es mucho más siniestro. Vinieron a bailar, a divertirse y encontraron la muerte sin darse cuenta.

—¿Qué tenemos? —preguntó Melody al ver ingresar a Luisa agitada, transpirada.

—Lo que temíamos —se lamentó—. Todas las víctimas presentan un alto grado de intoxicación.

—¿LSD?

—Cocaína —carraspeó.

—¿Disculpa?

—¿Y qué hay de las puñaladas, pudieron detectar el tipo de cuchillo?

—Respecto de eso, me temo que hay peores noticias aún.

—¿A qué te refieres? —preguntó Melody frunciendo el ceño.

—Algunos se cortaron con sus propias uñas, otros con pequeñas navajas; incluso, algunos, con el vidrio de botellas rotas.

—¿Entonces tenemos más de un asesino? —preguntó Alan desconcertado, abriendo los brazos de par en par, boquiabierto, a la espera de una respuesta salvadora.

—No, creo que sé exactamente lo que tenemos aquí —dijo Melody con una sonrisa nerviosa dibujada en los labios y los brazos en jarra.

—Espero que sea algo sencillo.

—¿Oyeron hablar de la alita de mosca?

—Dime que no se trata de una guerra bacteriológica —se quejó Alan con un gesto adusto.

—Es un derivado de la cocaína, extremadamente tóxico.

—¿Cómo el Paco?

—El paco es el descarte, los desechos; la alita de mosca es mucho más pura.

—¿Y por qué se llama así?

—La fenacetina le da el color transparente; similar a las alas del insecto.

—No es que dude de tus conocimientos en el tema pero sigo sin entender cómo el consumo de esa porquería mató a más de 36 jóvenes anoche.

—Depende las dosis consumidas.

—Pues, eran altísimas —dijo Luisa elevando las pestañas.

—En exceso provocan fuertes espasmos musculares y severos daños en la zona hepática. En cuestión de minutos la lesión que provoca en los glóbulos rojos dificulta enormemente la respiración; de seguro creyeron que se asfixiaban.

—Hermoso todo —dijo Gordon masajeando su barbilla—, pero nada de eso explica por qué muchos de los cuerpos parecen apuñalados.

—Eso es por la picazón…

—¿Qué?

—Al tener altísimas concentraciones de cocaína, la sustancia llega rápido al sistema nervioso central y genera la extraña y desesperante sensación de estar invadido por bichos. Sí, miles de bichos recorriendo tu cuerpo sin parar.



Sebastian L

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En el texto hay: amor, suspenso, asesino en serie

Editado: 01.09.2019

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