Lágrimas y sangre

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15. Prohibido

Rumania

Lo había logrado, después de todo lo que había tenido que buscar en los grimorios antiguos y de la energía que había tenido que invertir en el contra hechizo, finalmente había podido eliminar el eclipse en el Prodigio. Y habían pasado un par de días desde entonces, ahora el siguiente paso sería salir a buscarlo. Los Príncipes Oscuros se habían dispersado a lo largo del mundo con la intensión de encontrar al Prodigio. Menelik junto con Cassidy les habían entregado un pequeño artefacto hechizado que portaba una pequeñísima porción de las cenizas de las alas del primer caído; si alguno se encontraba cerca del Prodigio, las cenizas volverían a arder. Menelik y Cassidy acompañarían a Seok Joon en la búsqueda. Antes de partir el Brujo Blanco se preguntó si era correcto la destrucción de un individuo por un bien mayor, después de todo, las profecías estaban hechas para algo mayor y fuera de la comprensión de muchos; incluso de aquellos que creían conocer el verdadero significado de las mismas.

***

Canadá

Desde la pequeña ventana del ático Clare observó que Natalia y Francessca se iban a la universidad. A esa hora de la mañana no tenía por qué preocuparse del sol, pero pronto tendría que correr la cortina. Una hora después Grace abandonó la residencia con su bata blanca echada en el brazo. Detrás de ella salieron Frederick y los Alighieri. Y así la casa se quedó en silencio. La otra invitada, Caterina no había regresado desde el día anterior y seguramente pasaría bastante tiempo para que se le volviera a ver por ahí. William también había desaparecido después de lo de Matt y tampoco lo había visto o escuchado esa mañana.

Clare resopló, el hecho de no poder salir durante doce horas le resultaba bastante aburrido. Estaba por entrar en la bruma carmesí para que el tiempo transcurriera más de prisa cuando un ruido en la planta baja captó su atención. Unos segundos después la puerta del ático se abrió y Gabriele apareció. Había algo misterioso en ese hombre que hacía que Clare se sintiera extraña.

—¿Castigada? —preguntó Gabriele en tono juguetón.

—Digamos que lo de anoche no ha sido lo peor que he hecho en estos días —fue la respuesta de Clare, sus palabras iban cargadas del mismo tono divertido que Gabriele había usado.

—Entonces te quitaron el hechizo resplandeciente —Clare asintió a pesar de que no había sido una pregunta—. Anoche… la manera en que atacaste a ese decadente… fue…

—¿Horrible? ¿Salvaje? Creí que no te había importado.

Gabriele soltó una carcajada ronca.

—En absoluto, para eso están los humanos aquí, para servirnos. Alucinante, esa era la palabra que buscaba. Me parece extraño que estés con un clan que restringe su apetito.

—Tan extraño como el que Francessca sea parte de tu clan.

—Observadora, ¿eh?

Clare se encogió de hombros.

—¿Entonces por qué estás aquí hablando conmigo?

—Quería comentar la caza de anoche. Como te he dicho fue alucinante, te dejas guiar por tus instintos de una manera tan salvaje y arrebatadora. Te alimentaste del decadente sin inhibiciones, pero cuando terminaste no parecías del todo satisfecha. Había algo en ti, como si buscaras algo más. Como si necesitaras algo más.

El recuerdo del olor de Jacke hizo que a Clare se le incendiara la garganta. El deseo despertó en ella. Claro que deseaba algo diferente. Deseaba la sangre de Jacke Knight, pero por alguna razón prefirió guardarse eso para ella. En cambio dijo:

—Fue la abstinencia. Como te dije antes, lo de anoche no fue la mejor diversión de estos días. Hubo algo antes y Frederick pensó que un escarmiento adecuado sería encerrarme aquí para petrificarme. Había pasado bastantes días sin alimentarme, por supuesto que necesitaba mucho más que un simple humano.

—No parece que eso te haya asustado teniendo en cuenta el asesinato que cometiste anoche.

Clare chasqueó la lengua.

—Frederick debe entender que eso es parte de la maldición. Si desea pararme de verdad, tendrá que matarme. Y, aquí entre nosotros, no creo que pueda hacerlo. Tiene demasiada humanidad.

Clare compartió con Gabriele la sonrisa afilada que se le dibujó en los labios.

—Entonces Clare, ¿te gustaría salir de aquí?

—Aun es de día —comentó mirando hacía la ventana al tiempo que un rayo de luz la atravesaba. Ella se movió pero estiró la mano para que el rayo la tocara y la piel de su mano comenzó a quemarse. Gabriele dio un paso adelante y la apartó de la zona de peligro.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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