Lágrimas y sangre

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26. El alma del monstruo

La primer luna de sangre del año estaba por alzarse, lo que llevó a Clare a inventar cualquier excusa para pasar con el mortal los siguientes tres días seguidos y así evitar que Gabriele le hiciera algún daño. Clare confiaba en su fuerza de voluntad y su autocontrol, así que no tenía por qué temer el que ella pudiera dañar a Jacke.

Finalmente cayó la noche del día esperado. Clare creyó que sentiría algún cambio en ella o que podría percibir alguno en Jacke, pero no fue así. Todo estaba yendo como regularmente sucedía. La inmortal había acordado verse con el humano en la casa de este último ya que el obstáculo de la invitación proveía una ventaja. Además, El Brujo Blanco había realizado un hechizo alrededor de la propiedad, ningún ser sobre natural a excepción de Clare podría acercarse a menos de cinco metros. Pasaron las primeras horas realizando deberes escolares, luego cenaron, acostaron a los niños y finalmente optaron por ver una película. En algún momento del filme Jacke se quedó dormido y Clare aprovechó para acercarse a la ventana desde donde podría ver a alguien de su clan haciendo guardia a las afueras de la vivienda. Natalia le hizo una señal de asentimiento cuando la vampira le comunicó que estaba todo en orden. Por encima de sus cabezas el cielo nocturno estaba iluminado por una luna roja.

Volvió a donde estaba el mortal quien, ajeno a cualquier disturbio que pudiera avecinarse, dormía plácidamente. Hermosamente vulnerable, indefenso y delicioso se dijo Clare. De pronto lo sintió, la fuerza invisible y el dolor abriéndose paso en su mente. Energía demoniaca. El hechizo que estaba realizando en ella quería derribar su autocontrol. Dando tumbos se acercó a la ventana y le comunicó a Natalia lo que sucedía, clavó las uñas largas en el alfeizar de la ventana cuando una oleada de dolor, más cruda que la anterior, le atravesó el cráneo.

—Lo deseas, Clare —susurró una en su cabeza. La vampira conocía bien aquella voz—. Deseas hasta la última gota de su sangre. Tómala, tómala ahora.

Clare se acercó a donde estaba Jacke una vez más, aquella orden comenzaba a parecerle sensata. Para eso estaba ella en el mundo, por eso estaba dotada de habilidades sobrehumanas, para tomar lo que deseara cuando lo deseara. La vampira se concentró en los latidos del corazón, en la respiración suave. El pecho del mortal subía y bajaba acompasado, solo un poco de presión hacia la izquierda y las costillas se romperían sin mayor problema, así podría extraerle el corazón. Se inclinó sobre el humano, muy cerca del cuello donde la arteria carótida vibraba. Clare se permitió algo que no debería, respiró. Tomó una inhalación profunda, llenándose de ese aroma dulzón y metálico. El instinto y el ansia se liberaron al instante.

—Hazlo, Clare —gruñó con impaciencia la voz en su cabeza.

—Detente, Clare —la nueva voz le pertenecía a Seok Joon—. Recuerda que eres tu quien dicta tu destino. Tú decides quien eres. ¿Realmente quieres pasarte la eternidad siendo un monstruo?

Hubo un movimiento, pero no provino de la vampira sino de decadente. El humano abrió los ojos, ambos estaban tan cerca… entonces colisionaron. Jacke eliminó cualquier distancia que pudiera separarlo de Clare y la besó. La tomó de la nuca y movió su cabeza hacia un lado para profundizar el beso. Ella no lo rechazó, al contrario, deslizó la lengua al interior de la boca y se puso a horcajadas sobre el decadente. Clare arrancó la camisa desgarrando la tela en dos piezas y se apretó a él. El corazón de Jacke se desbocó cuando sus manos tocaron la piel de la espalda de Clare. La vampira no solo deseaba la sangre del mortal sino su cuerpo, su alma, su humanidad, todo de él.

—¡Mátalo! —ordenó Gabriele antes de que toda magia abandonara el cuerpo de la inmortal.

Clare interrumpió el beso de manera abrupta, se puso de pie en un movimiento más rápido de lo que un humano promedio y en el proceso mandó a Jacke al suelo.

—¿Qué… qué sucede? —tartamudeo Jacke confundido.

—Tu hermano viene hacia aquí.

Entonces Peter apareció al inicio del corredor.

—¿Jacke? Tuve un mal sueño —lloriqueó el niño.

—Está bien, solo ha sido eso. No es real, está bien. —decía mientras trataba de recobrar la compostura y se ponía de pie. Se acercó al pequeño—: Ven, vamos de vuelta a la cama —el niño asintió tomando la mano de su hermano.

—Quiero que también venga el ángel de ojos verdes.

Clare no esperaba esa petición, lo único que pudo hacer fue asentir mientras que con los labios formaba una mueca parecida a una sonrisa. Y esa noche, bajo una luna de sangre, en lugar de cometer un asesinato, un monstruo cruel tomó un niño en brazos y le contó un cuento para dormir.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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