Lágrimas y sangre

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27. En la verdadera piel

Las clases terminaron antes de lo normal. La locura de la fiesta del día de brujas había comenzado desde temprano, así que los profesores decidieron dejar a un lado las enseñanzas para darles a sus alumnos tiempo extra en sus actividades recreativas.

Por los alrededores de la universidad unos cuantos disfraces ya se hacían ver, un tipo con la máscara blanca hacia como si le cortará la cabeza a alguien y más allá estaban quienes habían sido reyes del canto en algún momento. Otros en cambio eran más sutiles, alguna blusa con manchas de sangre, una camisa correspondiente a la fecha o diademas con cuernos más otras cosas extrañas. Algunos otros también habían decorado sus coches y ponían en ellos todos los suministros necesarios para dejar la casa de la hermandad como una auténtica mansión embrujada. Era la primera vez que todos regresaban a ese lugar luego de lo sucedido.

A Clare se le escapó una risilla divertida. Al parecer, esa fraternidad estaría maldita de por vida, tal vez esa noche tampoco terminaría demasiado bien para los decadentes. Y cómo culpar a alguien, ellos mismos se lo buscaban al no ver el peligro debajo de las máscaras. Ese día en especial permitía que los demonios y los monstruos vagaran por la tierra en infinita libertad.

***

La pequeña victoria que se había suscitado en la primera luna de sangre más la retirada de Gabriele había mejorado los ánimos. El Príncipe y el Brujo Blanco se habían retirado siguiendo el rastro de Renegado y Francessca los había acompañado. En la mansión de los Vida Eterna todo volvía a su curso habitual; incluso Clare había regresado a su clan solo para tener apoyo si Gabriele regresaba.

Ya entrada la noche Clare se tumbó en uno de los sofás y comenzó a cambiar de canal en la televisión, nada le parecía demasiado interesante. Apagó el aparato cuando vio a Natalia bajar por las escaleras como un vestido blanco, alas del mismo color y una tiara dorada en la cabeza que simulaba una aureola. Patético, pensó Clare, el que pensará que aún podía ser un ser de luz. William la siguió poco después, vestía unos pantalones desgastados, una camisa blanca rota y con salpicaduras rojas; hubiera sido más divertido que la sangre fuera real, por supuesto. La rubia vampira tomó una de las dagas con las que adornaban la estancia y se la lanzó. Will dio un traspié cuando el arma lo impactó.

—Un poco de realismo no les vendría mal —opinó Clare.

—Basta —la riñó Grace.

—Aburrido.

—Desgraciada —Murmuró Will.

William se sacó el cuchillo del hombro y lo lanzó de vuelta, pero Clate si tuvo la oportunidad de esquivarlo. Soltó una carcajada.

—Volvemos en unas horas —Intervino Natalia arrastrando a Will afuera antes de que comenzaran una pelea.

—Me quedaré despierta esperándolos —se burló la vampira.

—No estarás pensando en ir, ¿cierto? —cuestionó Grace.

—¿Debería? —Clare se relamió los labios después de decir aquello. Grace la miró mal y Clare chasqueo la lengua—. Iré a tomar una bruma carmesí y de paso llamo a la realeza para ver qué han averiguado de Gabriele.

Se despidió con un gesto de mano y se adentró en el bosque, solo un poco para poder conservar la señal telefónica. Marcó el número que Seok Joon le había dejado, no contestó. Decidió marcar a Francesca, la conversación con la Italia se desarrolló bastante rápido obteniendo una negativa sobre si sabía el paradero del Renegado. Sin otra cosa que añadir colgó y acto seguido buscó un lugar para entrar en trance. Cómo muchas otras veces lo primero que ocupó su mente fue Jacke. El rostro del decadente estaba marcado con una expresión de enojo, la misma que había puesto luego de que Clare y su falso novio se besaran frente a él.

Cuando Clare volvió en sí, el crepúsculo estaba por terminar. En el horizonte apenas y quedaban unos brochazos de naranja y rojizo, mientras que los colores púrpura, azul y negro ocupaban gran parte del cielo. En lugar de regresar a la mansión decidió recorrer las calles en busca de un bocadillo, aún conservaba la casa al otro lado de la ciudad y esa noche la quería para divertirse. Pronto llegó al centro de la ciudad, las tiendas y la mayoría de la casa presentaban una decoración muy pobre para parecer realmente espeluznantes. Algunas arañas por ahí, otras calabazas por allá, nada que causara verdadero terror.

Por las aceras los niños y sus madres recorrían las calles. Unos saltaba, otros corrían y gritaban el tan ya conocido 'dulce o truco'. La mirada de Clare se quedó clavada en el niño que iba vestido de un superhéroe. Peter. Un chiquillo chocó con la vampira, el niño levantó la cabeza mientras se presionaba la frente ahí donde las rodillas de Clare le habían golpeado. La inmortal le regresó una mirada de pocos amigos desde las alturas.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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