Lágrimas y sangre

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28. Recuerdos perdidos

Ucrania

—¿Cuál es el siguiente plan? —Cuestionó Zylka—. Lo de la primera luna de sangre no dio resultado y ese maldito Príncipe y el brujo nos están siguiendo el rastro de cerca. Sabes cómo de terrible es sentirme acorralada —le reprochó. En su retirada habían ido a para a las Montañas Beskides.

—Nos quedaremos aquí y esperaremos —contestó Gabriele.

—¿Esperar? Es lo que hemos estado haciendo desde hace un milenio. Deberías comenzar a cuestionar tu posición en todo esto —terminó por murmurar entre dientes.

Si pretendía que Gabriele no la escuchará falló rotundamente. El Renegado tomó a la vampira del cuello y la arrojó contra la pared rocosa. Zylka trató de soltarse del agarre, pero sólo logró que le apretara más el cuello. El Renegado acercó su rostro al de la vampira.

—¿Qué fue lo que dijiste?

Zylka no contestó pero lo miró con ira.

—Vamos, Gabriele, suéltala —pidió Melka—. No necesitamos ponernos sensibles. Somos un grupo reducido para estarnos peleando los unos con otros.

Gabriel le gruñó a su víctima y la dejó ir. La vampira fue a resguardarse junto a su hermano. Se frotaba ahí donde los dedos de Gabriele la habían sostenido. Lo malo de haber sido previamente un ángel era que ellos, a pesar de ser ahora vampiros, podían sentir dolor como cualquier otro mortal.

—Quizá solo tendrías que haber obligado al decadente a que se rebanara la garganta en la primera luna carmesí —Opinó Enoc.

—Entiéndanlo, para adquirir el poder que deseo, el Prodigio debe entregarse a voluntad.

—Pues ese truquillo tuyo del enamoramiento no pareció funcionar precisamente —comentó Milka.

Gabriele los miró de uno a uno con recelo. El que sus vasallos comenzarán a cuestionar sus acciones no le gustaba en absoluto.

—Lo ha hecho, aún no se han dado cuenta pero ha sucedido. Entre más se contengan, terrible será el tratar de alejarse una vez den el primer paso.

—¿Quieres que vaya ahí y les ayude un poco? —inquirió Alehia buscando la aprobación de su superior.

—Adelante.

La vampira hizo una reverencia y salió del lugar.

***

Canadá

Clare golpeó el tronco del árbol con fuerza, tratando así de liberar el mal humor que sentía. La situación con Jacke seguía tensa, al parecer al decadente le había indignado el falso romance entre ella y su mascota, pero aún seguía buscando la manera de pasar tiempo con ella, por lo que en más de una ocasión sus charlas terminaban en una fuerte discusión. Uno de esos días la cosa se iba a poner realmente fea si seguía presionándola de esa manera.

—¿Problemas en el paraíso? —preguntó Natalia. Clare la miró mal.

—Ese estúpido humano hará que lo mate.

—Los Príncipes te lo dijeron, Clare. El vampiro y el prodigio siempre van a encontrarse. Simplemente debes soportarlo...

—¿Por qué? ¡Esto no nos lleva a ningún lado! Si simplemente lo asesino solo tendría que preocuparme mi propia existencia y no la de ambos. Luchar contra Gabriele sería más fácil que luchar con la sed constante que tengo de él. Además, su manía por sacarme de quicio...

—Eres fuerte, Clare, no debería ser demasiado problema para ti soportar su esencia —se encogió de hombros en gesto natural—. Después de todo, si el muere tú también. ¿No? A nadie le conviene que Gabriele se haga con el poder.

—Gracias, tus palabras me levantan el ánimo —pronunció con sarcasmo.

—Respecto a lo segundo, ¿realmente es él quién te desquicia o eres tú misma al darte cuenta de que el humano comienza a gustarte? —Clare estaba a punto de protestar pero Natalia siguió—. Deja de evitarlo, acéptalo y encuentra la respuesta a esa pregunta. Entre más tiempo pases con él, más te acostumbras y por consiguiente más fácil será para ti el evitar quitarle eso que tanto deseas tomar.

Clare hizo un mohín. Natalia se fue a su coche y desapareció por el camino. La rubia miró la hora en su teléfono y se dio cuenta de que debía apurarse para llegar a clases. Quizá un aperitivo entre sesiones no le caería mal. En esos momentos deseo no haberse deshecho de su mascota, ahora debía buscar a alguien apetecible que le sirviera como refrigerio.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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