Lágrimas y sangre

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36. Amar a muerte

Jacke aún estaba en la cabaña cuando Clare volvió después de unas horas desaparecida. El decadente trató de reprimir las náuseas que le produjo el ver la ropa de Clare manchada de sangre, no preguntó de qué o quién había sido su cena. Después de todo, había sido él quien despertó al monstruo. Había intentado convencer a la vampira de que a pesar de todo lo que había ocurrido no llegaría a lastimarlo; sin embargo, la conversación terminó en una discusión terrible. Así, cada encuentro posterior donde se llegaba a hablar del tema aunque fuera superficialmente la situación terminaba convertida en un campo de batalla.

—¿Aún sigues con la absurda idea de que puedes lastimarme? —inquirió Jacke cuando Clare se apartó una vez los besos se convirtieron en algo más intenso—. ¡Eso es imposible! Confío en ti.

—Desde el instante en que confiaste tú ya estabas muerto, Jacke.

***

Aunque Amy se había ido de la ciudad, el fantasma de lo sucedido aquella noche seguía presente. Siempre que Jacke encontraba a Clare acabando de llegar de una caza, un sentimiento de culpabilidad se instalaba en su interior, entendía la necesidad de que Clare hiciera lo que hacía, pero eso no quería decir que no le afectaba. Amy había salido viva por un golpe de suerte, y cada vez que veía a Clare en su estado salvaje Jacke se preguntaba si todos los demás también habían corrido con la misma suerte. El instinto de la vampira era algo que él no podía cambiar y lo sabía, quizá una larga vida guardo esos secretos oscuros que no le pertenecían sería demasiado.

***

El mes de septiembre estaba por terminar y la última luna de sangre se acercaba. Gabriele y el resto de los Renegados se habían ocultado como la última vez, pero no tardarían mucho en reaparecer el deseo de poder de Gabriele no lo permitiría. Clare estaba tan segura de ello que intentaba pasar tanto tiempo como le fuera posible con Jacke y su familia para protegerlos de ser necesario.

Se encontraban en casa de Jacke, el joven estaba recostado en uno de los sillones y Clare estaba sentada en una silla no muy lejos de él. Peter se había quedado a dormir en casa de uno de sus amigos y Anna ya estaba dormida en su habitación.

—¿Cómo fue que te convertiste? —preguntó Jacke, siempre que podía trataba de recabar información de la vida y existencia de Clare. Le resultaban interesante sus anécdotas al estar en lugares que el joven nunca hubiera imaginado llegar.

La pregunta le trajo a Clare recuerdos desagradables, una sensación oscura y triste se removió en alguna parte de su ser.

—Fue en 1933, vivía en Nueva Orleans con mis padres. Era una noche tranquila y de pronto todo se convirtió en un baile brillante —relató, reviviendo con claridad aquel momento—. Recuerdo el calor intenso, las llamas consumiendo todo a su paso y el humo entrando a mis pulmones. Quise reunirme con mis padres, pero era demasiado tarde. Vi a mi padre consumido en medio de las llamas y escuche el último grito que salió de la boca de mi madre. Las llamas me habían encerrado en mi habitación, así que salí por la ventana justo cuando la casa explotó. Frederick me encontró y me convirtió, dijo que no podía dejar morir a quien estaba luchando tanto por permanecer con vida... pero la transformación me cambió.

—¿Cómo que te cambió?

—Se supone que cuando te conviertes, la marca de tu alma es la clave para saber qué clase de vampiro serás. Uno con humanidad o sin ella. Yo tenía un alma pura, lo sé porque era buena persona, ayudaba a los demás, respetaba a mis padres iba a la iglesia. Entonces ocurrió la transformación y algo pasó que perdí mi humanidad. Mi alma se oscureció y mis emociones desaparecieron, pero no me importó. Seguir sin humanidad me ofrecía deshacerme del punzante dolor por la pérdida de mis padres.

—Lo siento mucho, yo más que nadie sé lo que es perder a tu familia. ¿No había alguien más?

—Sí, pero no los busqué. Una vez pierdes la humanidad ya nada importa. Si los hubiera buscado, no hubieran vivido las vidas que seguramente tuvieron.

Jacke sabía a lo que se refería, sin humanidad ella pudo haberlos asesinado y no hubiera sentido ningún remordimiento.

—Ahora que recuperas tu humanidad no te gustaría recuperar eso también.

—Yo ya no tengo familia, Jacke.

—Quizá no una familia, pero tienes un clan. Los Vida Eterna podrían ser un apoyo para ti, una fortaleza.

—He estado sola tanto tiempo...

—Ya no más, Clare. Ahora estoy contigo, yo seré tu familia.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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