Lágrimas y sangre

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41. Sangre de tu sangre

El terrible episodio por el que Jacke había pasado la primera vez que se reunió con sus hermanos luego del cambio, había sido la motivación perfecta para que lograra un control total en poco tiempo. Tras otro par de meses, la vitalidad que expedían los pequeños Knight no afectaba en lo más mínimo al nuevo vampiro. Clare se despidió del trio, mientras Jacke ayudaba a Peter con sus deberes escolares ella saldría de caza. Había acoplado su dieta con los extraños gustos culposos de Natalia: los ciervos que habitaban los bosques. En lo que a Clare se refería, en cuanto a animales, prefería los osos.

Condujo hasta el otro lado de la ciudad, no se adentró a la mansión de los Vida Eterna; en cambio, cruzo el jardín trasero y siguió de largo por el basto bosque donde se suponía vería a la latina. Cuando llegó a donde estaba la inmortal, se percató de que no estaba sola. En el lugar también estaba Francessca y estaba besando a Natalia.

—¿Escapándose en plena noche? — Se burló la rubia.

Ambas se separaron abruptamente.

—Clare —dijo Natalia. Tenía la expresión de culpabilidad, como si hubiera estado haciendo algo indebido—. Esto...

—Esto es exactamente lo que parece —completó Fancessca.

—Puedo verlo —comentó Clare, alternando la vista de la una a la otra. Si Natalia aún fuera humana, tendría la vergüenza o incomodidad marcada con escarlata en el rostro—. Su secreto está a salvo conmigo —les guiño un ojo.

—No es un secreto. Cualquiera se habría dado cuenta de nuestra relación, pero tú eres demasiado narcisista para prestarle atención a alguien más que no seas tú.

Clare hizo una mueca fingiendo que había herido sus sentimientos.

—El concepto en el que me tienes me provoca dolor —siguió su burla. Tomando una actitud serie agregó—: Me alegro por ambas... de verdad.

Ambas mujeres la miraron con suspicacia, escuchar comentarios positivos departe de Clare para con otro ser era algo que no se presenciaba muy a menudo. Asintieron, dando por hecho que se debía a su recién recuperada humanidad. Francessca se despidió del par y se alejó, no sin antes robarle otro profundo beso a Natalia.

—No me lo habías contado —comentó Clare como no queriendo mientras se adentraban a un más en el manto verde en busca de alguna presa.  

—Antes no existía esta… comunicación entre tú y yo —explicó. Tras soltar una carcajada dijo—: Si fueras la Clare de antes, te hubieras burlado y seguramente se te hubiera ocurrido una frase sínica y un tanto cruel.

Natalia tenía toda la razón, la relación entre ambas había cambiado desde que Clare comenzaba a recuperar su humanidad. Ella la había apoyado en cuanto a proteger a Jacke se debía e incluso después, encargándose de los pequeños Knight. Ahora podría decirse que se estaba formando una amistad.

—Si lo de burlarme es porque ambas son chicas... vamos, estas en el siglo XXI. Ahora hay marchas gay y todo eso. Como dicen por ahí: el amor es amor. Y sobre el comentario sínico y cruel aun pedo hacerlo, ¿deseas que lo diga?

Natalia sonto una risilla.

—Ya lo creo —coincidió mirando el suelo y sosteniendo su sonrisa.

 

Su compañera de caza había desaparecido tras percibir una presa de su agrado. Aunque Natalia siempre había conservado su humanidad, una vez se abandonaba al instinto en esos momentos era letal y monstruosa como cualquier otro vampiro. Clare siguió un camino distinto, en busca de algo que llamara su atención, luego de unos minutos se encontró con un macho de ciervo. Era un semental, de músculos fibrosos y estupenda cornamenta. Siguió el rastro, se preparó para ir a por su presa y de pronto el animal se puso en alerta. Algo lo había asustado; alzó el hocico olisqueando el aire y movió las orejas, segundos después echó a correr despavorido. Clare sabía que no había sido ella la causante, era imposible que se hubiera dado cuenta de su presencia. Entonces lo percibió. El final de la ráfaga de viento, el crujido de una rama al romperse, su olor a muerte. Clare dejó su posición de ataque, se enderezó y entre las sombras que proyectaban los árboles lo vio. Un par de fríos ojos azules observándola desde la maleza. Gabriele sonrió con malicia. Escucho otro ruido a su derecha, ella giró preparada para defenderse de su atacante pero se trataba de Natalia. Cuando regresó la vista hacia el lugar donde había creído ver a Gabriele, ya no había nada ahí.

—Le dejaste ir —dijo Natalia.

—¿Que dices?



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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