Lágrimas y sangre

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42. No hay felicidad para los mosntruos

Para Clare, eso de jugar a la casita le era aún extraño; a pesar de todo comenzaba a darse cuenta que cada día le era más fácil adaptarse a ese ritmo de vida. Convivir con los pequeños Knight y tomar en cuenta la opinión de Jacke para hacer una cosa u otra. De pronto entendía por qué Natalia estaba dan enamorada de los niños, pues la bebé era adorable y Peter podía sacarle una carcajada a cualquiera con las ocurrencias que decía.

Cierta tarde la pareja se encontraba en la sala de la casa de Jacke, un beso fugaz se había convertido de pronto en algo más interesante, pero no llegó tan lejos como ambos hubieran querido pues fueron interrumpidos.

—¡Deja de comerte a mi ángel! —la voz desesperada provenía de Peter, quien tenía la cara encendida del coraje.

Jacke se separó de Clare con más rapidez de la necesaria, lo que provocó que su nueva naturaleza vampírica saliera la luz. Peter abrió los ojos y la boca con sorpresa. En un intento de moldear la mente y los recuerdos del niño, la rubia dijo:

—Si comes tus verduras serás tan rápido como Jacke —aseguró. Y agregó por lo bajo para que solo Jacke la escuchara—. ¿Qué tal? ¿Lo estoy haciendo bien?

Recibió un asentimiento en respuesta. Peter pareció sopesar la idea y, al cabo de uno segundos, pidió:

—¿Me preparas crema de brócoli?

Jacke soltó una carcajada y le regaló a su novia una mirada cómplice. Clare hizo una mueca ante la solicitud del pequeño, hacía mucho tiempo que no se veía en la necesidad de cocinar, no estaba segura que sus habilidades fueran las mejores.

—Uh… claro.

Clare demostró ser un desastre mayor del que había considerado. Peter se reía en una esquina al ver como todo había quedado embarrado en las paredes de la cocina. Cuando Clare lo obligó a probar un poco de la crema demasiado espesa el niño hizo un mohín de disgusto. Afortunadamente, Jacke salvó el día; le enseñó a Clare a cocinar porque el sí que era un experto en el arte culinario. El trío se tomó el resto del día para dejar la cocina como nueva tras la bomba verde que había explotado.

—No sabía que fueras todo un chef.

—Sí, bueno, me sé algunos trucos.

Clare lo miró con intensidad.

—¿En qué otro ámbito en particular te has guardado trucos? —inquirió con un susurro sensual.

—Ya te lo mostraré —contestó Jacke guiñándole un ojo.

***

Era increíble como bastaba con sólo pensarse con intensidad para que uno pudiera ver, oir o percibir lo que el otro. La experiencia era fascinante. Estaban recostados junto a un árbol en el mismo sitio donde hacia algunos meses Jacke había dejado de ser un decadente. Aquella noche Clare sostenía un cuerpo moribundo presagiando lo peor, pero ahora Jacke la contemplaba sonriente. A pesar de cómo habían pasado las cosas, supo que había tomado una buena decisión aquella vez. Al fin Jacke tendría toda una eternidad y no iba a permitir que nada ni nadie cambiara eso.

***

Le había mentido a Jacke sobre donde estaría, aunque le había prometido que aceptaría su apoyo en la batalla que se avecinaba en contra de Gabriele, no estaba dispuesta a que se sacrificara por ella. Jacke tenía dos pequeñas vidas de las cuales ocuparse y no estaba dispuesta a quitarle más de lo que ya le había arrebatado, por esa razón emprendió sola su camino hacía el bosque. Aunque nadie había podido localizar a Gabriele tras su última aparición, Clare podía percibir su oscura e imponente presencia. Estaba segura que la acechaba desde las sombras.

—Puedo sentirte —exclamó a la nada.

Una risa grave se filtró por las ráfagas del viento que mecían el follaje de los altos árboles y pinos.

—Me perteneces Clare. Estas destinada a mí y yo reclamare el poder que me has robado.

Y de pronto la vampira ya no vislumbro la energía sobrenatural de todo ser inmortal. Las palabras del Renegado le habían dejado claro que se avecinaba lo peor y debía prepararse para su encuentro.

Esta vez Clare decidió aceptar la ayuda que su clan le ofrecía, por lo que les pido reunirse en la mansión de que ocupaba Frederick y el resto de los Vida Eterna. No le tomó mucho rato llegar ahí y, cuando Jacke los alcanzó, ella ya les había compartido a los demás lo que había sucedido. No fue necesario relatar una vez más el hecho, ya que Clare había mantenido el espejo de sangre activado.

—El me asecha y no se ira hasta tener el poder que según él le pertenece, hasta destruirme.

Al pronunciar esa última palabra Jacke acercó más a Clare junto él. La vampira podía percibir la tensión en el cuerpo del inmortal.

—Informaré los príncipes, estarán aquí cuanto antes —dijo Francessca.

—Es mejor comenzar a prepararnos —sentenció Frederick—. Probablemente esto sea el comienzo de una guerra.

***

Una tarde soleada Jacke y Clare se encontraban preparándoles una deliciosa pizza a Peter y a Anna sus verduras. La pequeña había crecido considerablemente, todos estaban encantados con los ligeros cambies que ya eres visibles. El timbre de la casa de los Knight sonó con insistencia, Peter se puso de pie para ir a abrir pero Jacke lo intercepto en último momento. Aunque la casa estaba protegida con un hechizo, el vampiro tomaba medidas extremas en cuanto seguridad se refería.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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