Lágrimas y sangre

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43. La eternidad no dura para siempre

Los Renegados terminaron su cántico y el fuego se apagó. Clare rogaba internamente que Jacke hubiera entendido su llamado y ya estuviera avisando a los otros. Pasaron unos minutos, cuando creyó que todo estaba perdido, la imagen de su clan reunido y de otros vampiros que ella no conocía le llegó a su mente de manera fugaz. Ahora necesitaba ganar todo el tiempo que le fuera posible mientras llegaban hasta ahí.

—Ven aquí, Clare —ordenó Gabriele.

—¿De verdad? —Preguntó arrogante— ¿Piensas que simplemente me volveré sumisa y me entregaré a ti? Sigo siendo la Clare Lesage que conociste hace tiempo. Si deseas tenerme, tendrás que matarme primero.

—Eso no será un problema.

—Te has tomado muchas molestias solo por un poco de poder. Sé que los Príncipes Oscuros te temen. A diferencia de ustedes, ellos no pueden dominar la magia negra, es una ventaja superior. ¿Entonces por qué desear más?

—Oh, Clare no lo entiendes. Ninguno de ustedes lo entiende. No es solo más poder del que ya poseo, es el poder del cielo y el infierno.

—¿De qué hablas?

—El decadente tiene el linaje del ser que aniquiló a su creadora, a la misma Lilith. Jacke Knight fue bendecido por Miguel Arcángel.

—Imposible —susurró.

—¿Quieres saber por qué tu marca del alma cambio una vez que te convertiste en un inmortal? Porque corre por tus venas la sangre ancestral del primer Caído. Del mismísimo rey de averno, de Lucifer. ¿Ahora lo ves? Y todo ese poder fue destinado solo para mí. Pretendo reclamar lo que me pertenece y nada ni nadie podrá evitarlo. Una vez sea mío, seré imparable.

—No si puedo evitarlo.

Se arrancó el colgante del cuello y se lo lanzó a Gabriele directo al pecho; sin embargo, él lo atrapó al vuelo. La herida que le hizo en la palma de la mano se cerró en instantes y sonrió con suficiencia.

—Un truco muy viejo —dijo con aburrimiento. Lanzó el colgante de regreso y se incrustó en el hombro de la vampira.

—No es el único.

Le volvió a arrojar el colgante y muy pocos segundos después una estaca que llevaba escondida en su bota. El arma de madera le travesó el pecho justo en el centro. Gabriele gruñó enseñando los colmillos. Una de los Renegados comenzó a andar con paso firme y una expresión de ira hacia Clare.

—No la toques Alehia —sentenció Gabriele, la mujer se detuvo súbitamente—. Estás dispuesta a todo, ¿no es así? Entonces más te vale que luches por tu existencia, Amor.

Clare provocó el cambio. Dejando a un lado el miedo que podía sentir de no volver nunca más a Jacke. Puso una sonrisa fría y cruel en sus labios.

—Te aseguro que lo haré.

Apenas Clare había terminado de pronunciar esas palabras, Alehia cayó de rodillas, se desplomó en el suelo inerte. Una estaca larga de madera salía desde atrás de su espalda, justo donde estaban las heridas que evidenciaban la falta de sus alas. El objeto le había atravesado el corazón y, a menos que lo extrajeran, no volvería a despertar nunca.

William apreció en el campo de visión de Clare con una ballesta en mano.

—¿Divirtiéndote sin nosotros? Hemos invitado a alguien a unirse al show.

Clare sabía que se refería a los Príncipes Oscuros. No pudo contestar nada más, pues el tipo al que llamaban Enoc arremetió en contra de Will. El vampiro intentó dispararle a él también con la ballesta pero no logró su objetivo. Dejó el arma a un lado y se preparó para un combate cuerpo a cuerpo. El resto de los Vida Eterna a aparecieron también.

—Tu clan no son nada para los Renegados —aseguró Gabriele.

La inmortal pelirroja se acercó a él y después el otro par de renegados, hasta ese momento Clare se dio cuenta de que eran gemelos. Estaban dispuestos a proteger a su rey. Entonces aparecieron los Príncipes Oscuros. La expresión de Gabriele al igual que la del resto de los Caídos se desencajó en ira y temor. Fue un momento efímero, al instante volvieron a poner sus máscaras inexpresivas.

—Tu misma serás la perdición de tu clan y todos los vampiros de su línea de sangre —gruñó Gabriele y se abalanzó hacia Clare, con la intención de encajarle los colmillos.

La vampira dio media vuelta y echó a correr.

Y el caos comenzó.

El cuerpo de Clare chocó contra un árbol y varias astillas le hirieron la piel, no muy lejos de donde estaba su clan peleaba junto a los Príncipes contra los Renegados. Aunque ellos fueran más, el hecho de que los Caídos dominaran las artes arcanas les daba ventaja. De pronto una columna de humo comenzó a ascender al cielo estrellado, la luna llena se veía borrosa a través del manto negro, el olor a putrefacción inundo las fosas nasales de Clare, estaban quemando a un vampiro.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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