Lágrimas y sangre

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8. Sombras, pasadizos y dolor

Argentina, 2006

 

Muchos kilómetros a lo lejos se podía apreciar el lago glacial Nahuel Huapi, la mujer de cabellos dio un último vistazo a aquellas frías aguas antes de volverse y advertir la presencia de su hermano.

—Los rumores empiezan a correr y con ello muchos inmortales. Están huyendo nosotros.  —Le informó la mujer. A pesar de la baja temperatura de los Andes, ella estaba descalza y desnuda de cintura para arriba. Tenía el largo cabello recogido en dos trenzas oscuras firmemente atadas a su espalda, lo que dejaba al descubierto sus pechos grandes y morenos.

 —Lo sé, Zylka. Me he dado cuenta que nuestras fiestas ya no pasan desapercibidas, debemos buscar otras formas de encontrar al Prodigio —contestó el hombre. Era muy parecido a la mujer, el color de la piel y los rasgos duros del rostro eran idénticos. Además compartían la misma escasa vestimenta y las cicatrices en la espalda. El hombre también llevaba su largo cabello negro recogido en una trenza.

—¿Qué sugieres?

—Ya lo sabrás, vamos con los otros.

—Melka —lo llamó su hermana, pero él no se inmutó. El hombre siguió andando y ella tuvo que ir tras él.

El andar de los hermanos se detuvo cuando un horrible grito casi animal rompió la quietud de las montañas y se trasportó con el viento, haciendo eco entre la zona montañosa. Frente a ellos, se alzaba una hoguera embravecida. El humo se expandía en espirales hacia el cielo nocturno y dejaba tras de sí el rastro de la carne quemada. En el grueso tronco en medio del fuego seguían carbonizándose los huesos del que antes era un inmortal, un vampiro.

—Supongo que este tampoco era tu Prodigio —observó Zylka sin ninguna emoción.

—Ni de cerca —contestó Alehia, otra de sus hermanas, la más escuálida y pequeña, de cabellos castaños y ojos color marrón como la corteza de los árboles.

—Debieron haber estado aquí cuando el Fuego del Infierno por fin lo alcanzó, su rostro reflejo tanto dolor —se burló Mika danzando alrededor de la hoguera.

—Los inmortales se están escondiendo, nos evitan tanto como pueden. Si seguimos de esta manera la tarea de buscar al Prodigio se comenzará a complicar. Tal vez ni siquiera lo tengamos cuando llegue la Luna de Sangre.

—No seas pesimista, Zylka —la riño el líder del grupo.

—Eso. Además, no creo que exista un sitio donde nosotros no podamos irrumpir. Nuestro Rey tendrá su prodigio y los mundos se inclinaran ante nosotros. Así se ha previsto y así será —dijo otro Renegado.

—Le tienes demasiada fe al destino, Enoc —el rubio hizo una mueca de desagrado al escuchar la palabra fe—. Incluso lo predestinado podría darse en circunstancias muy diferentes a las deseadas —aseguró Melka, a quién no le pasó desapercibida la mirada suspicaz que le dio su líder—. Como sea, se me ha ocurrido una forma diferente de averiguar quién es el Prodigio sin causar tanto… ¿cómo llamarlo? Alboroto. Hay que separarnos y ser parte de un clan, tendríamos más acceso a otros vampiros y a lo que se habla entre ellos. Muy pocos creen en nuestra existencia y si lo hacen, se imaginan cualquier cosa menos nuestros rostros.

Los cinco Renegados restantes miraron a Melka con desconfianza, nunca se habían separado y el hecho de estar con otros clanes no les hacía mucha gracia, aun así era una opción aceptable para las circunstancias.

—Me parece una opción viable. Está bien, encuentren un clan y busquen a mi Prodigio, cada luna llena nos reuniremos para saber que hemos encontrado —les ordenó su líder.

Los Renegados asintieron y cada uno fue por una ruta distinta a buscar aquello que los elevaría a la gloria que tanto anhelaban.

***

Italia, 2006

 

Las décadas habían pasado, el mundo había cambiado y para sorpresa de Clare, había podido mantener su farsa más tiempo de lo que había imaginado. A los ojos de Frederick era una inmortal con la intención de ser mejor, pero tan pronto su creador dejaba de mirarla iba y le arrancaba el corazón a aquel que se atravesaba en su camino. El hecho de poder caminar bajo el sol gracias al hechizo que le habían realizado era bueno en ciertas ocasiones pero para ella la noche siempre sería mucho mejor.

Caminaba por las calles adoquinadas, entre sombras oscuras y lugares desiertos. La oscuridad aterradora y la luna como única observadora le daban a la caza un escenario más emociónate y terrorífico. La noche siempre iba acompañada de la magia y lo extraordinario. La noche, la compañera que ocultaba fechorías y maldades. Ese manto negro adornando de constelaciones alrededor de su ojo plateado era el aliado perfecto para los crímenes, las pasiones, la incertidumbre, los secretos, lo inimaginable. Perfecto para los monstruos que habitaban la tierra y se divertían en ella. La noche, que ocultaba secretos que la luz del día nunca tendría el placer de conocer. Entre callejones estrechos, arcos oscuros y espacios pequeños se escabullía con rapidez buscando a su presa.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: vampiros, brujas, angeles caidos

Editado: 31.07.2019

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