Las 3 Guitarras

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26 Calaveras de Chocolate y Eventos Desafortunados Inesperados.

En mi pueblo durante los últimos días de octubre y principios de noviembre se tiene la tradición de consumir chocolate en forma de cráneo y muchas más variedades de dulces hechos con azúcar, maní, coco, gelatina, malvavisco, granola con la temática del “día de los muertos”, todo tenía forma de cráneos, huesos, panes tradicionales, frutas, flores y demás cosas. Había regresado con todos los ahorros que había logrado juntar en la construcción de mi abuelo y utilizaría ese dinero para invertir un poco e intentar ganar más de lo que ya tenía, en el centro de mi pueblo todos los años se ponen infinidad de puestos tradicionales con muchos de estos dulces para vender y consumir esos días; mi idea era conseguir unas pocas calaveras de chocolate y unos que otros dulces en un puesto pequeño que yo me las ingeniaría donde ponerlo, yo imaginaba una pequeña mesa con mantel, con unas 15 o 20 calaveras de chocolate de distintos tamaños y estar ahí vendiendo no más de 2 días.

Una vez que estaba de regreso no tuve mucho contacto con Dora, si hablábamos un poco algunas noches, pero era muy rara la ocasión que esto sucedía. Era raro recordar cuando recién la conocí, hablábamos a diario, ambos nos respondíamos casi inmediatamente pero ahora todo eso se había convertido en conversaciones cortantes por parte de los dos, conversaciones que tardaban horas en ser respondidas con 1 o 2 mensajes, la verdad quise entender todo esto, sabía que Dora no podía estar pegada todo el tiempo en el teléfono celular para hablar conmigo, de igual forma ya no estábamos juntos; aun quería mucho a Dora, pero ya no sentía gran emoción de hablar con ella, sabía que no tenía sentido, seguíamos siendo amigos y tenía que aceptar eso, creo que por fin se estaba acabando; fue entonces cuando comprendí que nunca debo acostumbrarme a hablar todos los días con una misma persona, porque el día que ya no hablemos, se sentirá un gran vacío interior.

Hable con mi madre de la idea de las calaveras de chocolate y me dijo que una de mis tías tenía más de 20 años vendiendo todo eso en aquella época del año, pero que ahora ella no tenía el suficiente dinero para invertir en un puesto y que este año no haría nada, entonces hablando con ella acordamos que me daría su espacio en el centro del pueblo para poder poner mi puesto, también acordamos que ella me fabricaría las suficientes calaveras de chocolate para vender por un precio que trataríamos después de la venta, estuvimos reuniéndonos en varias ocasiones mi tía, mi madre y yo para poder organizar esto, para poder empezar con todo; tendría que comprar las suficientes cajas de chocolate para que mi tía fabricara las calaveras, además del “azúcar glas” que se ocuparía pada decorar dichas calaveras; también me hablaron de que tendría que ir a la ciudad a conseguir muchos más diversos dulces para tener mucha más variedad de dulces aparte de las calaveras, al principio pensé que esto sería solo un proyecto pequeño que no duraría más de 2 días pero aun faltando casi dos semanas para que comenzara la venta empezamos a hablar de números que me preocupaban un poco.

Muy bien, no volví a saber nada de Leila desde que me dijo que no quería hablar conmigo, pero de alguna forma desarrolle un gran cariño hacia ella, por tantos recuerdos y tantas cosas que hablamos durante las noches que yo estaba con mi abuelo, que aun así quería hacer algo por ella; sabía que de ninguna forma iría a verla en persona el día de su cumpleaños que por cierto ya estaba un poco próximo, pero si quería hacer algo especial; comencé a pensar en conseguir algún número de cuenta para así poder enviarle un poco de dinero como regalo y así ella pudiese utilizarlo en lo que más necesitara, para esto intentaría hablar con alguna persona de su familia y así poder enviar el dinero, sabía que si Leila se enteraba de que ese dinero era de mi parte, no lo aceptaría, así que yo le pediría a la persona que se lo fuese a dar, que no le dijera que era específicamente de mi parte, que se inventara alguna excusa para dárselo y así ella lo acepte; también el 24 de noviembre, día de su cumpleaños, una vez enviado el dinero que se le daría sin que ella supiese que era de mi parte, yo le enviaría un mensaje de felicitación acompañado de alguna canción dedicada a ella, esa era la idea que tenía para Leila.

Fue entonces que organizándome con mi madre y mis hermanos hablamos acerca de cuanto se invertiría en el proyecto del puesto de dulces, al final se llegó a la conclusión de que se tendría que invertir todo lo que había ahorrado de mi trabajo en la construcción ya que se tenía que comprar una buena cantidad de mercancía como cajas de mucho dulce como azúcar, chóclate, etc.; un toldo para cubrir las mesas que posteriormente también conseguimos, una lona para cubrir dicho toldo y muchas más cosas que tardaría en seguir explicando, me preocupe mucho ya que me di cuenta de que gastaría mucho y me preocupaba que no se recuperara la inversión. Una mañana fuimos a la ciudad a donde estaban las distribuidoras de dulces, nos fuimos temprano para poder agilizar el día y ya en la tarde distribuir los precios de cada producto, compramos muchas cajas y bolsas llenas de mucho dulce y chocolate, eran demasiadas cosas que nos costó poder sacarlas sin romperse de ese lugar, ya que lógicamente no éramos los únicos que habían ido a comprar su mercancía, cuando estábamos a punto de volver a casa, una caja de animalitos hechos de azúcar se me fueron de todo lo que llevaba cargando y lógicamente se rompieron, por suerte no fue mucha la perdida de inversión.



Ismael Maximino

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En el texto hay: amor adolecente

Editado: 28.02.2019

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