Las cosas viejas pasaron ©

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5. Soldado avisado

La tarde del lunes quedé con algunos jóvenes en la iglesia aprovechando que estábamos libres para compartir todos juntos dando una vuelta por la Avenida España disfrutando la buena vista del mar. Cuando tuve la oportunidad de hablar con Luis a solas aproveché el momento para interrogarle.

—¿Dónde está tu anillo? —preguntó Luis seguramente desviando mi atención  para no tener que responderme.

Le di un sorbo a mi refresco algo molesta por la pregunta y por supuesto por ignorar la mía. Luis no sabía que ese anillo tenía una historia de amor en mi vida. Sin embargo, la molestia era porque ya iban tres personas que habían preguntado lo mismo. Primero fue mi amiga de la infancia, Verónica, luego Jeremy antes de irse el domingo. Bebí más rápido al recrearme esa escena. Todo iba muy bien hasta que Jeremy hizo esa pregunta. En serio, había decidido olvidar a Brent y a sacarlo de mi corazón, pero era como si todos me lo recordaran de una manera inconsciente impidiendo que lo haga. Claro, seguramente estaba metido el enemigo es decir, los demonios para impedir que no lo hiciera, pero no les dejaré por supuesto que no, ya Brent era historia.

—No te hagas el loco, Luis. Dime lo que le dijiste a Jeremy. Está actuando de forma extraña conmigo. No creo que de la noche a la mañana cambie su actitud conmigo y hasta empieza a decirme cosas lindas.

Luis se sorprendió y empezó a reír por lo último que dije.

—¡No te rías! –le di en el hombro y pude ver que alguien nos miraba, se trataba de Rut pero le reste importancia.

—Está bien –dijo mientras reía— Te lo diré si me dices por qué te quistaste tu anillo.

«Y dale con el anillo» 

—Eres de lo peor, seguro que Jeremy te dijo algo.

—Bueno, solo le pareció extraño que te pusieras así en cuanto pregunto por tu anillo –comentó pensativo.

Me mordí el labio inferior intentando decidir si contárselo o no, pero me moría de la curiosidad el saber que fue lo que le dijo a Jeremy.

—El anillo... —dudé por un momento pero proseguí —Creo que lo idolatraba, me aferraba a algo que nunca iba a ser.

—Sigo sin comprender. Me parecía un lindo anillo —dijo de forma pensativa para lograr entender mis palabras.

—Recuerda que no solo se idolatra a una imagen, también a cualquier cosa que ocupe el lugar de Dios, sea un hijo, algún objeto como en mi caso, un famoso e incluso a uno mismo.

—Sí, sí, eso ya lo sé y me sorprendes cada día más Amy, veo un gran avance espiritual en ti, y eso me alegra mucho —dijo muy contento y no pude evitar sonrojarme— . Pero no entiendo por qué idolatrabas a un anillo. —Le dio un sorbo a su bebida.

Tomé aire.

—Antes de ser cristiana estaba saliendo con un chico pero nos separamos porque se iba a mudar lejos. El día de su despedida me dio ese anillo para que lo cuidara haciendo una promesa de regresar por el. El tiempo pasó, me mudé, no lo volví a ver y aquí estoy. Fin de la historia.

Volví a beber del refresco pero ya se había acabado. Gruñí por ello para después soltar un suspiro. No quería dar cada detalle de aquella vieja historia porque cada recuerdo dolía y no quería volver atrás. Luis se estaba convirtiendo en un buen amigo.

—Entiendo. Hiciste bien, entonces. Aunque él apareciera lo de ustedes dos iba hacer complicado —dijo haciendo referencia al yugo desigual.

—Dímelo a mí —susurré.

—Debe ser duro pero siempre recuerda que en Dios las cosas obran siempre para bien.

Es difícil llevarse de consejos y más cuando los tiempos van cambiando tan rápidamente viendo que muchos se vuelven tan liberar que acaban por llegar a unos extremos perjudiciales o tan cerrados que se vuelve del mismo modo. Todos los extremos son malos. El único que no lo es, es la búsqueda intensa de Dios.

—Huir de toda tentación, de nuestros propios deseos —susurré para mí, pero Luis llegó a escucharlo.

—No es fácil, pero todo lo podemos en Cristo que nos fortalece —añadió con una sonrisa, yo asentí con la cabeza.

—Por cierto, no sé por qué la gente me pregunta del anillo que no llevo. Es como si esa acción se volviera contra mí.

—Es casi imposible no fijarse de ese anillo. Parecías que tenías un tic nervioso usándolo porque no dejabas de tocarlo —explicó sonriendo—. Y ahora mismo lo estás haciendo. —Me señaló con su dedo—. Con la única diferencia, que no está el anillo.



Mady

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En el texto hay: romance, amor, cristianismo

Editado: 27.12.2019

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