Las cosas viejas pasaron ©

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21. Impaciente

Pasaron varios días después de la confesión de Jeremy que apenas podía concentrarme en el culto cuando lo veía. Muchas veces tenía que reprenderme para no perder la concentración. Si cerraba los ojos, ahí él estaba confesándome lo que había tenido que pasar. Desde su confesión todo empezaba a tener sentido.

—¿Por qué no me lo habías dicho antes? —le reproché a Luis cuando vino a traerme los alimentos que tenía que aportar para la dorca. Cada cierto tiempo se ayudaba a algún hermano de la iglesia o algún necesitado y se le llevaba una compra.

—No me correspondía decirte, Amy.

—Bueno, tienes razón pero eres mi amigo.

—Y su amigo.

—Está bien, está bien —fruncí el seño y luego sonreí—. ¿Y qué hay de ti?

Se puso un poco nervioso y se sentó en el sofá.

—¿Qué pasa conmigo?

Guardé la compra y me acerqué hasta él con los brazos cruzados.

—No te hagas el loco, se que entre tú y Rut hay algo.

Alcé ambas cejas y él intentó ocultar una sonrisa que le fue imposible de hacer.

—Deberías brindarme algo de beber en vez de hacer de celestina.

Solté una carcajada al recordar cuando Rut hacía lo mismo conmigo. En ese momento escuché otra carcajada que se fundía con la mía pero no era la risa de Luis. Miré hacia el sonido de la voz y se trataba de Jeremy quien había entrado cuando la puerta estaba media abierta.  Me puse nerviosa y el sonido de mi risa se apago.

—Veo que se la pasan muy bien —dijo él terminando de entrar hasta darme entre mis manos las fundas de comida que se ofreció a dar. Era lo que tenía vivir cerca de la iglesia y de ofrecerte en ayudar a la organizadora de la dorca, pero me agradaba la idea de participar.

No podía creer como él actuaba de una forma tan normal cuando yo era unos nervios andantes después de aquella vez.

—Todo es risa con Amy —respondió Luis saludando a su amigo.

—¿Sabes lo que vendría bien entre tantas risas?

Ambos se miraron cómplices y yo no tenía ni idea de lo que estaban tramando.

—Un buen café —ambos contestaron al unísono. No se podía negar que eran buenos amigos. Yo solté una pequeña risa.

Al final esto se convirtió en una pequeña reunión cuando cada vez que llegaba algún joven se sumaba a tomar café, habían otros que no tomaban pero por estar compartiendo se quedaron.

Jeremy se acercó hasta mí cuando iba a preparar el último café pero él dejó su taza encima de la encimera y empezó a preparar el último café. 

—Estás muy nerviosa.

—Como para no estarlo después de tu confesión.

—Lo sabía.

—¿Qué sabías? —cuestioné curiosa.

Me miró con esos hermosos ojos y esa sonrisa tan perfecta.

—Que te pongo nerviosa.

—Eres un gran egocéntrico —dije dándole en su hombro hasta irme a sentar con los demás. Sentí mis mejillas arder y tuve que huir ante su pequeña cercanía. Él se divertía ante esta situación, pero lo único que me preguntaba era el por qué no había dado el siguiente paso.

El tiempo pasó y cada quien se fue a su casa pero el primero en irse había sido Jeremy. Me dejó pensativa porque la forma en la que se había ido fue preocupante, por lo menos para mí. Ni siquiera se despidió.

En la noche había salido a comprar la cena pero para mi sorpresa al regreso Megan estaba esperándome sentada en las escaleras. 

—Lo que me faltaba —susurré.

Intenté ignorarla pero ella se levantó y me siguió hasta la puerta de mi casa.

—¿No te cansas de seguirme? —cuestioné alarmada. Entonces, me vino a la cabeza la idea de que Megan tenía algo que ver con lo que me había pasado en la playa. Palidecí si es que mi piel podía ponerse más blanca de lo que era.

—¿Has dejado a Brent solo por estar con Jeremy? —soltó sin más, con los brazos cruzados.

Su pregunta me desconcertó. Rodé los ojos y empecé a abrir la puerta para poder entrar e intentar cerrar lo más rápido posible. La idea que tenía de ella había provocado que mi piel se pusiera de gallina. Cuando abrí e iba a cerrar Megan sostuvo la puerta.



Mady

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En el texto hay: romance, amor, cristianismo

Editado: 27.12.2019

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