Las cosas viejas pasaron ©

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35. ¿Es así como termina?


Ambos bajamos del auto y en cuanto clavé mi mirada hacia mi madre, ella se encontraba abrazando a Jeremy sin dejarlo respirar. Menuda sorpresa, por un momento pensé que lo iba a asfixiar. Tuve que intervenir para que mi prometido lograra respirar.

—¡Mamá que lo asfixias! —exclamé con alivio, gozo y sorpresa porque no pensé que iba a ver esa amplia sonrisa en su rostro. Jeremy empezó a toser algo aturdido como igual de sorprendido por la reacción de mi bella madre.

—Es que estoy tan contenta hija. Por fin has decidido tener novio. —Observó el carro de Jeremy, luego me abrazó para disimular su comentario—. Y veo que lo has buscado de buena familia.

—¡Mamá! —la regañé avergonzada porque no sabía disimular, además seguramente Jeremy había escuchado su comentario. Él rio por lo bajo. Mi madre casi pegaba un brinco cuando se giró hasta él para encaminarlo al interior de la casa y brindarle algo de beber como también para aprovechar e interrogarle. Al parecer mi madre no se acordaba de él, de modo que, no iba a tener ningún problema, por ahora. Sin embargo, había que decirle antes que en un futuro alguien le venga con el chisme.

Cuando estuvimos dentro de la casa cómodamente en el sofá bebiendo un jugo de cereza mi madre empezó a hablar.

—Entonces, te llamas Jeremy y eres el joven cristiano que había ayudado a mi hija —afirmó sin que su alegría se apagara—. Te quería agradecer desde aquella vez, pero no me diste tiempo al desaparecerte así de repente. Disculpa si no te preste la atención que debería pero estaba tan preocupada por mi niña cuando alguien me había dicho que le había ocurrido algo. ¡Casi me desmayo!

Me llevé la mano a la cabeza porque era una gran carretilla hablando.

—No se preocupe, señora Lorena, en ese momento entendí su preocupación por su hija y debo decir que es un gran placer conocerla —expresó Jeremy educadamente.

—Llámame solo Lorena, casi serás de la familia, ¿cierto?

Bajé mi rostro avergonzada. Ya tardaba en decir algo como eso. Los ojos de Jeremy se habían abierto exageradamente llegando asentir levemente con la cabeza. Tenía enlazada su mano con la mía porque estaba aún nervioso por esta pequeña reunión. Antes me había dicho que nunca se había presentado ante la madre de ninguna de las chicas que anteriormente había estado y mucho menos con la madre de Megan. Esto era algo nuevo para él.

—Sí, mamá nos casaremos pero por el momento no tenemos fecha de la boda. Aún es pronto, queremos conocernos un poco más. —Las últimas palabras la dije mirando a Jeremy. Sus manos estaban algo sudadas debido a los nervios. Apreté su mano a modo de apoyo.

—Solo espero que no sea muy tarde porque quiero un nieto y lo sabes.

Ambos al escuchar esas palabras nos ruborizamos, aunque a Jeremy apenas se le notaba.

—Además ya quiero contarles a mis amigas para que se mueran de envidia con la persona que has decidido casarte —añadió.

Rodé los ojos. Miré hacia la puerta donde varios de los vecinos estaban observando el auto de Jeremy al igual que las amigas de mi madre hablando entre ellas. Mi madre no tardo en invitarlas a pasar para que conociera a Jeremy y vieran lo apuesto como también de la buena familia de la cual pertenecía. La reunión con mi madre se convirtió en una fiesta de atracción para los vecinos. Jeremy y yo, pero más él estábamos siendo interrogados por muchos, mi madre que no dejaba de alardear como de enseñar mi anillo de compromiso, diciendo que yo me iba a casar haciendo las cosas como se deben y no como una unión libre como muchos hacían.

Estábamos acorralados. Debía hacer algo para poder sacar a Jeremy de este lugar, por lo menos hasta que se calmara todo un poco. En cuanto pude zafarme de la gente que estaba rodeada, llegué hasta Jeremy que nada mas al verme su rostro se relajó un poco por la presión que tenía.

— ¿Me permiten un momento con mi prometido? —pregunté con una sonrisa. Tenía que admitir que decir la palabra prometido era un poco raro, pero a la vez agradable porque nunca pensé que llegaría a comprometerme y mucho menos a casarme, tan solo como muchas de las hijas de este lugar, en simplemente mudarse con su novio. Rodeé mi brazo con el de él para sacarlo del lugar.

—Gracias —susurró a mi oído mientras caminábamos por la puerta hasta salir a la calle. Le regalé una sonrisa.

—Siento que tengas que pasar por esto —me disculpé. Empezamos a caminar sin ningún rumbo en específico.

—Fue algo intenso e inesperado, pero no te preocupes, tampoco es que iba a morir. A menos que no me dejaran respirar —bromeó pegándome más a él. Reí. Luego un breve silencio se produjo. Estar nuevamente en Boca Chica me hizo pensar en todo lo que habíamos vivido y debía decir que tenía ciertas dudas acerca del pasado de Jeremy.

— ¿Qué sucede, Amy?

Lo miré momentáneamente y luego volví mi mirada hacia el frente mordiéndome el labio inferior.



Mady

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En el texto hay: romance, amor, cristianismo

Editado: 27.12.2019

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