Las crónicas del viajero

006 | Cielo estrellado

Luego de toda una odisea para llegar a su casa; se percata de la hora, y se da cuenta que eran las 7:30 PM. Solo tenía veinte minutos para arreglarse. Por suerte, no había que decorar la terraza porque su hija mayor se había encargado de hacerlo.

Sam está en frente de un espejo apretando su corbata, y empieza a reflejarse un hombre rompiendo bombillos sin cesar en alguna especie de taller; pero rápidamente él agita su cabeza, y el reflejo desaparece de la nada. Sam termina de acomodar su corbata; pero él empezaba a preocuparse con este tipo de síntomas, y había pensado la posibilidad de ir al médico lo más pronto posible.

Su esposa aguardaba por él en la terraza mientras él despedía a sus hijos porque iban a pasar la noche con su hermana. Su hija mayor se dirige a él:

—Papá, estás muy guapo y elegante —dijo Maggy emocionada y orgullosa de su padre—. Te deseo suerte en tu cita.
—Gracias hija. Por eso te amo mucho —dijo Sam con un tono bastante exaltado.

Sam está subiendo las escaleras e iba practicando diálogos. Se sentía bastante nervioso, casi como si fuera la primera vez. Él termina de subir, y se queda embelesado contemplando la hermosura de aquella mujer. En ese momento se sentía el hombre más afortunado de tener una mujer como ella; que no solo era hermosa físicamente, sino también internamente. En ese momento hubo un cúmulo de sentimientos encontrados, y se arrepintió del error que había cometido en alejar inconscientemente a su esposa estos últimos meses.

Su esposa se le acerca, y lo sorprende con una pregunta:

—¿Estás bien? —Preguntó Mary.
—Sí, estoy bien, solo que tenía tiempo sin tener un encuentro tan romántico contigo —respondió Sam casi gagueando. 
—Entonces deberíamos hacerlo más seguido —dijo Mary sonrojada.

Ambos toman asiento, el ambiente estaba bastante cálido, y también había una brisa muy acogedora, el cielo estrellado, y de fondo, tenían música clásica. Niccolò Paganini uno de los mejores violinistas de su época, haciendo presencia en aquella velada con su serenata más armoniosa.

Por un momento ambos pensaron que empezaría a llover; pero solo se trató de un falso positivo. Sam estaba con su cuchillo cortando el filete de carne cuando rompe el silencio:

—Qué hermosa estás hoy —dijo Sam—. Bueno, no trato decir que no lo estés antes, siempre lo estás, pero te veo sonreír, y eso me hace sentir feliz. 
—Gracias, me encanta escuchar eso de ti —dijo Mary sonrojada—. Tú también estas muy guapo, y he vuelto a recordar lo que había hecho de que me enamorara de ti. 
—¿Qué cosa? —preguntó Sam un poco intrigado.
—Tu forma de cortejar, y expresar tu amor hacia una mujer, también esa cualidad de ser tan detallista —respondió Mary, y añadió—: hasta a mí artista clásico has puesto. 
—Vamos no es para tanto, no hubiera sido lo mismo sin la ayuda de nuestra hija mayor, que trabajó en complot conmigo —dijo Sam intentando no llevarse todo el crédito.

Ambos después de tan eufórica conversación siguieron comiendo, hasta terminar, y Sam luego empezó a contar sus chistes malos que solo a su esposa le causaban gracia; pero solo por lo malo que eran. Empezaron a recordar momentos; en verano, vacaciones, cuando incluso tuvieron su primer bebé, su primera cita, cuando se casaron, cuando ella se escapaba de su casa muchas veces solo para estar con él. Tantos sentimientos encontrados encapsulados en recuerdos. El entorno de ellos dos parecía girar en cámara lenta mientras ellos sonreían, y sin prejuicios dejaban salir al niño que llevaban por dentro.

Todo parecía perfecto en aquel momento, aparentemente nada podía ir mejor hasta que en aquella noche estrellada pasa una estrella muy luminosa. Sam rápidamente le señala la estrella:

—Mi amor, mira aquella estrella fugaz tan hermosa —exclamó Sam.
—¿En dónde? No la veo —pregunta Mary.

No hubo tiempo para más. Sam inconscientemente cae al suelo, y despierta; pero en el lugar que el menos imaginaba.

Las calles estaban bastante destrozadas, aparentemente eran vestigios por algún tipo de guerra que había ocurrido reciente en aquel lugar. Las estructuras de aquellos edificios lucían bastante antiguos, habían escombros repartidos por toda la calle, y a una cuadra un montón de personas aparentemente muertas amontonadas. Sam estaba muy confundido, no sabía que estaba sucediendo, no estaba seguro si se trataba de una mala broma o de una pesadilla. Sam de lo único que si estaba seguro, era lo muy real que se podía sentir la experiencia. Esta situación estaba empezando a llevarlo al climax de la locura. Confusión, dudas, y miedo eran su única compañía en aquel momento en medio de una aparente guerra en un país totalmente desconocido. Él estaba en medio de esa calle desolada, e intenta sacar su teléfono para llamar a su esposa; pero se da cuenta de que su teléfono estaba fuera de servicio.



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В тексте есть: aventura, fatansia, ficcion

16+

Отредактировано: 15.03.2018





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