Las Deudas del Destino

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Capitulo 10

Las semanas pasan y creo que por una vez en mi vida entiendo a mis padres que preferían mil veces estar fuera de casa para no pelear... Estás semanas con Christopher han sido un infierno y últimamente cuando me enojó, ¡ME ENOJÓ! 

Estaba cansada de ser una tonta, y ahora sólo digo lo que siento, a lo mejor es porque ya nada me importa, ni mis padres, ni mi futuro... Ni mi mierda de vida 

—Regresare más tarde— dice mientras baja las escaleras, yo solo lo miró y guardo silencio — nos vemos a las 5 PM—

Sale de la casa y enciende el auto. Decido tomar un baño y vestirme con la ropa de Amanda, que por cierto no está nada mal, tiene muchas cosas góticas y negras, me gusta.

Al parecer Christopher no tiene ningún problema con ello o eso me gustaría pensar, ya que solo hay peleas entre nosotros.

Voy a mi habitación y comienzo a organizarla, bueno pocas son las cosas que tengo en ella, mi cama, un pequeño armario, un tocador y nada más. Bueno total no necesito nada más para vivir, miró por la ventana un tanto aburrida. Parezco Rapunzel encerrada en esta casa.

No puedo hacer nada... Doy una mira a mi tocador y me siento en el para verme al espejo... Siento asco y tristeza de mí, creo que me tengo muy poco amor propio, más cuando me siento sucia.

Habro uno de los cajones para buscar un cepillo y peinarme, pero en lugar de encontrar eso me encuentro con la pistola que me dió Christopher, me asusto un poco al tenerla en mis manos.

Joder... Esto no lo había dejado en la sala tirado, a lo mejor y Christopher la trajo aquí.

No sé cómo manejar esto y no me da confianza, siento que en cualquier momento voy a tocar algo y va a disparar.

Es de color negro y muy pequeña, como para una mujer y en la parte aparecer de la empuñadura tiene el diseño de una C en cursiva. Qué supongo es de Christopher.

La dejo en donde estaba y estoy dispuesta a irme de mi habitación, cuando de repente escucho que alguien fuerza la puerta. El miedo crece dentro de mí y rápidamente corro a la habitación de Amanda.

Maldita sea... Cierro la puerta con llave y casi sin pensarlo le empiezo a marcar a Christopher.

Siento un estruendo, al parecer ya han entrado, trato no hacer ruido y escuchar quién es la persona que entró a la casa.

Cosas caen al suelo, al parecer está buscando algo en concreto.

No tengo ni idea de que hacer y Christopher no responde a las llamadas, en ese momento escucho un teléfono y por un momento tengo el corazón en la mano pensando que fue mi celular, pero al parecer a quien llaman es al sujeto que está en la casa.

—Alo... Señor no hay señales de que Christopher se encuentre aquí— al parecer es un hombre— ya he buscado en el apartamento y en el hospital a Amanda, pero no estan— 

Qué carajos está pasando y en qué mierda está metido Christopher... Bueno se que es una porquería de persona, pero porque lo están buscando, lavado de dinero, venta de drogas... Asesinato. El solo pensarlo hace que el pánico en mi suba.

—Seguire buscando pistas señor Thompson, cualquier cosa lo llamaré— cuelga y comienza a subir las escaleras.

Y me para precisamente en la habitación en donde nos encontramos Amanda y yo y comienza a forzar la puerta... Mierda, si habro me matarán y si no lo hacen la matarán a ella y la maldita culpa será mía, ya ni sé que es peor.

Se detiene de repente al parecer la habitación de Christopher ha llamado su atención y entra a ella a requisar.

Tengo que salir de aquí, porque si no lo hago Amanda estará en peligro y se lo importante que es para Christopher que ella aún viva.

Abro la puerta con las manos temblando y la habro sin pensar, al salir cierro con llave y tiro la llave bajo la puerta justo cuendo aquel sujeto me tapa la boca. Intento empujar y patear pero desgraciadamente no tengo nada de fuerza.

—¡Porque tirraste la llave bajo la puerta maldita zorra!— me aprieta con fuerza los brazos donde me tiene agarrada.

Pujo en sus manos tratando de conseguir ayuda obviamente en vano. 

Caminamos hacia la sala y me somete contra el sofá.

—Donde está?— me empuja aún más fuerte contra el sofá.

—No tengo idea— me limito a decir.

—Mas te vale ir soltando la lengua maldita perra, porque de eso dependerá tú vida— me empuja aún más contra el sofá —¡Quien estaba en la maldita habitación!— grita en mi oído.

—Nada que te importe— no debería contestar así pero creo que últimamente la vida me importa poco.

—¡Maldita sea!— me levanta del sofá y me golpea el rostro.

No digo nada solo lo miró, aún hay miedo en mí, pero creo que nada puede empeorar.

—Si no me vas a servir para decir nada, al menos habré tu boca y has tu trabajo puta— Creo que soy demasiado inocente para entender estás palabras pero no importa ya que luego me doy cuenta a que se refería.

— ¡Dejame en paz asqueroso!— bueno retiro lo dicho, al parecer las cosas se pueden poner peor.

Lo intento empujar con la mano que me queda libre pero solo consigo que la tomé y me deje inmóvil. Me amarra las manos y intento correr pero me somete a que me siente.

—mas te vale ir abriendo tu boca y cuidado con morder—

Aprieto mis labios no quiero hacerlo, pero el saca su miembro y lo coloca en mi boca forzandoma a abrirse. Mis ojos están cerrados y asustados, mi cabeza solo pide auxilio, pero como siempre nadie vendrá a rescatarme. En mi cabeza aún hay esperanza y antes de que pase lo inevitable, un nombre aparece en mi mente: Christopher.

Una puerta se habré tras de mí y escucho un disparo. Segundos después veo como aquel hombre parado frente mío cae al suelo.

Me volteo rápidamente para ver quién a disparado y me encuentro con Christopher de pie con una cara de enojo en el marco de la puerta.

Camina hacia mí y me desamarra las manos. Su mirada es de enojo pero sin importar como se siente en estos momentos me abraza.

—Perdon por llegar tarde— con una de sus manos toca mi mejilla — Todo está bien— dudo al ceder para darle un abrazo pero al final de cuentas me salvó.



Meyc Estefanía M.C

Editado: 13.08.2019

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