Las feas también podemos

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Capitulo 9

El lunes me levanté muy temprano para encontrarme con la constructora que remodelaria el Angora. Llegué antes para tomar algunas fotos del antes y después. Me puse un poco nostálgica porque me hubiera encantado que mi abuelo estuviera ahí para ver lo que habíamos logrado pero a la vez no me sentía satisfecha, pensé que tal vez cuando viera el Hotel remodelado me sentiría mejor.

Tardaría al menos dos horas en volver a casa y el hambre ya me estaba molestando así que caminé hasta un restaurante frente a la playa para comer algo. Mientras me entregaban lo que ordene me quedé observando el mar, aun era temprano y no había mucha gente así que se sentía mucha tranquilidad.

De pronto se me acercó una mujer de edad avanzada vendiendo dulces y me trajo de vuelta a la realidad, hay personas que realmente están pasando por cosas dificiles y aun así no se resignan ni dejan de luchar por su vida.

La invité a sentarse conmigo para que comiera algo pero dijo que no podía porque su esposo también andaba vendiendo del otro lado de la playa y la estaría esperando para comer, entonces le pedí a la mesera que pusiera la comida que ordené para llevar y que prepararan otro platillo igual. La señora me dio las gracias y se marchó contenta. Desconozco el motivo por el que su vida haya tenido que llegar a esas circunstancias pero poder ayudar un poco me hizo darme cuenta de lo afortunada que soy y por primera vez di gracias por mi vida. 

Cuando terminé de comer me quité los zapatos de cuña y comencé a caminar por la orilla de la playa, tal vez parecía una loca pero se sentía bien. 

Decidí no regresar al Imperial esa tarde, me sentía calmada y no tenia ganas de estresarme otra vez así que me fui a casa.

Los días siguientes estube de buen humor, me encerré a ratos en mi oficina a leer el libro que había empezado y logré terminarlo. Me quedé con la sensación de que tenía que hacer algo más emocionante con mi vida, no solo salir a beber o entregarme al mal de amores sino más bien algo que me causara satisfacción y me hiciera sentir que mi vida valía la pena aunque no fuera perfecta.

Ayudar a otros me hacía sentir bien, como cuando encontré a Maggy y a su abuelita, pero no podía ir salvando a cada persona necesitada que me topara. Entonces me acordé del volante que me habían dado de la escuela de baile. Revisé el sitio en internet y me pareció algo bonito que se promoviera la cultura y tradición de las danzas folclóricas de nuestro país. Siempre me ha gustado lo que tenga que ver con el arte y cuando era más joven, antes de que muriera mi padre me imaginaba organizando eventos de este tipo pero nunca me dí la oportunidad siquiera de intentarlo. Me dediqué al trabajo y ahora, aunque parecía algo emocionante, simplemente no me imaginaba haciendo algo así. Aun así supongo que no perderia nada con pasarme por ahi a hechar un vistazo.

El jueves en la tarde llegó Leo, se quedaría hasta el fin de semana y después volvería a Estados Unidos con su pequeño. Fui con Sofy a esperarlo al aeropuerto, yo ya estaba más tranquila con respecto a su relación con Jhoan. Si sentía algo raro pero no dejaría que eso afectara nuestra amistad. 

Me puse contenta de ver a Leo otra vez con sus hermosos ojos y su seductora sonrisa. Pasamos al departamento de Sofy para comer algo y despues lo llevé a casa de sus padres para que estuviera un rato con su hijo y más tarde nos veriamos para hablar. 

Llegó con poco de pastel de chocolate que habia hecho su madre y nos sentamos a comerlo en una banca que está en el pequeño jardín trasero de la casa. Era una noche nublada con un ligero viento freco.

— Como esta Gabriela? — pregunté un poco ansiosa.

— Se ve bien, pero hace dos días fue al medico y le dijo que no había habido mucha mejora con el tratamiento. Probará un mes más y si no funciona habrá que buscar otras alternativas.

— Lo siento mucho, de verdad. Aunque no la conozco creo que no es justo que tenga que pasar por algo así.

— No es justo pero desgraciadamente asi son las cosas. 

— Sí, lo sé. Espero que se recupere, en serio. 

— Yo también lo espero Issa. Y como te dije el otro día, no quiero que pienses que estoy jugando contigo. De no ser por su enfermedad, Gabriela y yo no estaríamos viviendo juntos otra vez. Yo te quiero y si esto no hubiera pasado ya no pensaria en regresar a Estados Unidos.

— No pienso mal de ti Leo. Créeme que me encantó volver a verte y tenerte cerca pero yo entiendo que hayas tenido que cambiar tus planes. — Tomó los platos y los puso en una pequeña mesita, despues me miró y me dio un pequeño beso. 

— Gracias Issa. — Tomó mi mano.

— Pero hay algo que me gustaría saber.

— Dime.

— Todavía sientes algo por ella?

— Porqué me preguntas eso?

—Bueno, es obvio que todavía la quieres sino no te esforzaras por ayudarla. Ya sé que tenían muchos problemas pero quiero saber si todavía sientes algo más? 

— Estás dudando de lo que siento por ti? 

—No, no es eso. Es que en la fotografía que se cayó de la guantera la otra vez se veian tan enamorados que se me hace dificil creer que hayan dejado de luchar por su amor.

— No olvides que soy buen fotógrafo y que las fotografías no siempre reflejan la realidad. Pero admito que si es algo complicado. Estuvimos mucho tiempo juntos, tenemos a Gian y me duele que tenga que estar pasando por esto por eso trato de ayudarla

— Ese era mi punto Leo. Ella te necesita y tu hijo también. 

— Ya lo sé, por eso me siento dividido. 

— No lo estés, yo puedo esperar un poco mas de tiempo a que estés seguro de que harás pero aun si decides no volver no voy a juzgarte. 

— No quiero que me odies Issa, sé que tampoco es justo para ti, por eso preferí que habláramos de esto en persona y no por teléfono. — Me dijo y apretó suavemente mi mano. — Me hubiera gustado que las circuntancias fueran diferentes.



Liza Quetzaly

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En el texto hay: autoestima, romance y humor, sexo y amor

Editado: 12.11.2019

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