Las Guardaespaldas

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Capítulo 16

Ronald ha intentado de todo para llegar a mí y hablar, luego de que diéramos aviso a la policía de la captura del narco, con quien lo encontramos, pero lo ignoro, no quiero hablar con él, menos cuando las emociones en mi cuerpo y mente están a flor de piel, mis ojos cristalinos gritan que no estoy bien y me odio por parecer débil justo en este momento.

Mi vista se fija en los paramédicos que atienden los leves golpes que recibió en el cuerpo, entonces y como si ellas tuvieran vida propia, las lágrimas descienden silenciosa por cada lado de mi rostro, humedeciendo mis mejillas, él posa su vista en la mía y noto como frunce el ceño al ver mi gesto descompuesto, le sostengo la mirada por unos segundos, palpando el temblor en mis manos, el martilleo desbocado de mi corazón y ese frío incrustado en la boca de mi estómago.

¡ Me enamore! Y me detesto por hacerlo, me detesto por haber puesto mis ojos, en el chico que única y exclusivamente era mi responsabilidad, mi deber era cuidarlo, protegerlo, no enamorarme como niña en plena edad de empezar a sentir, y me duele…me duele saber que él, no siente lo mismo, que lo nuestro no es nada más que un capricho, que haber tenido sexo fue una equivocación y que nuestros destinos van por caminos muy distintos.

¿ Qué demonios esperaba yo? Me pregunto histérica, que esperaba de una relación jefe, empleada, ¡ Dios! Nuestros mundos son distintos, Ronald Castro, tiene sus problemas y yo, Flor Martínez tengo los míos y pese a darme cuenta de lo que siento por él, a sabiendas de que estuvo mal, no quiero ni deseo dejarlo solo, alejarme de él y en ese momento al pensar en ello, lloro con más fuerzas, pues a pesar de lo que deseo y mi corazón grita, mi decisión fue otra muy distinta; Limpio con rapidez mis lágrimas, observando cómo llega angustiado el señor Castro y abraza a su hijo, el mismo que no me quita la vista de encima, tomo una fuerte bocanada de aire, para segundos después caminar en dirección a mi jefe, quien al verme sonríe satisfecho y feliz.

_ Sol, has hecho un excelente trabajo _ alardea abrazándome, correspondo a su efímero abrazo, sonriendo forzada _ ¿Qué sucede? ¿Ocurre algo? _ interroga al ver mi rostro.

Mis ojos vuelven a cristalizarse y me veo luchando por no derramar más lágrimas, el ceño de mi jefe de contrae, suspiro nuevamente, antes de decir.

_ Jefe yo…_ tartamudeo y guardo silencio, cierro mis ojos, respiro varias veces, para cuando los abro y vuelvo a fijar la vista en mi superior, elevar la barbilla y decir _ Renuncio a seguir cuidando de Ronald Castro, le pido por favor, ordene que yo sea reemplazada hoy mismo por alguien más.

_ ¿Qué? _ inquiere confundido, desorientado por mis palabras _ Pero si has hecho un trabajo excelente, Sol ¿Qué ocurre? _ cuestiona.

Niego con mi cabeza, pasando las manos varias veces por mi cabello desordenado, una mano sujeta mi brazo con fuerza desde atrás, pero cuando intento reaccionar, mi respiración falla al ver el rostro contraído y furioso de Ronald posado sobre el mío.

_ ¿Por qué? _ susurra _ ¿por qué, quieres renunciar? _ y escucharlo hace que las lágrimas desciendan nuevamente, esta no soy yo, la Flor que llora y sufre frente a este chico, es la misma que conocí hace años atrás y que luche por mantener enterrada, ¿Por qué? ¿Por qué, demonios aparece justo ahora?

_ Flor, has trabajado muy bien, no tengo quejas de ti, por ello no logro comprender el motivo de tu renuncia _ manifiesta el señor Castro y fijo mi atención en él.

_ Lo siento señor, pero yo…ya no quiero seguir trabajando para usted_ confieso.

_ Pero… ¿Por qué?

_ No…no son ustedes bien, soy yo…yo soy la que ya no quiere este puesto _ aclaro y miro a Ronald _ Por favor, suéltame_ imploro y niega.

_ No lo hagas _ suplica.

_ Ya está hecho ¡Bien! _ zanjo y de un tirón me suelto de su agarre, posando mi vista sobre la imagen de mi jefe _ Mañana voy a la oficina jefe, llevare mi carta de Renuncia en esta misión_ él asiente todavía sin comprender, pero lo dejo pasar por hoy, mientras camino en dirección a mi auto, ignorando la voz de Sofía y las miradas de todos mis compañeros sobre mí.

Prácticamente corro para alejarme de ese lugar, pero cuando llego a mi auto y trato de abrirlo, mi cuerpo es girado con violencia y luego estampado contra la puerta del coche, grito sorprendida, jadeando por la intensidad en la mirada del chico, que ahora se, amo con todas mis fuerzas.

_ Exijo una maldita explicación, Sol Martínez _ grita colérico, muy cerca de mi rostro, provocando temblores por todo mi cuerpo y frío desde mis pies hasta mis manos.

_ Suéltame por favor, no tengo por qué darte explicaciones _ inquiero entre lágrimas, su rostro se descompone cada segundo más y deseo abrazarlo, decirle que todo es mentira, que me quedare a su lado, pero no lo hago, porque se, que, si me quedo a su lado, no es por la razón que deseo, sino como su guardaespaldas.

_ ¿Es por lo que sucedió entre nosotros? _ pregunta y mantengo silencio, sintiéndolo cada vez más cerca de mi cuerpo, su aliento se va mezclando con el mío, su respiración es errática y dificultosa, mientras sus manos ejercen presión en mis muñecas.



Checaluz

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En el texto hay: pasion, amor, dolor

Editado: 02.11.2019

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