Las Guardaespaldas

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Capítulo 22

Dicen que sin importar lo denso de la oscuridad, siempre hay una pequeña luminiscencia en medio de esta. Que toda persona merece una segunda oportunidad, para remediar sus errores, para pedir perdón cuando es necesario, para amar y entregarse, para respirar.

Nunca fui de la que cría en las segundas oportunidades, “Me equivoqué” por qué si existen las segundas oportunidades y en nosotros esta aprovecharlas o simplemente dejarlas pasar.

Comprendí que cada golpe que nos da la vida, es para ayudarnos a crecer como persona y ser humano, para mostramos lo importante que es ayudar y ser ayudado si es necesario.

Un año…un año ha pasado desde que confesé mi pasado al hombre que amo y sueño pasar el resto de mi vida, un año, que él decidió internarse en un centro de ayuda, tanto para superar sus miedos, como para ser alguien digno de mí, cuando la verdad es, que él era digno de estar a mi lado, desde el preciso instante en que mi corazón lo escogió y decidió amarlo.

Que estaba hundido en las drogas, por ello lo de las segundas oportunidades, él la aprovechó y ahora es tiempo de que sea libre, de que ambos disfrutemos al máximo de lo que sentimos.

Sonreí con orgullo, amor, cariño y un cúmulo de distintas sensaciones y emociones, al verlo salir por esa puerta, con una pequeña maleta en mano, su mirada puesta en el cielo, se veía tan hermoso, lo amo, lo hago como nunca imagine llegar a hacerlo por alguien.

Admiré la sonrisa que alumbró su rostro, lo maravilloso del sol golpear contra su figura y hacerlo brillar, se recompuso y fue en ese momento que nuestras miradas se encontraran, un vuelco en el corazón me hizo suspirar, ese frío asentado en el estómago cada que sus ojos ubican los míos. Di un paso al frente, ampliando mi sonrisa, él también lo hizo.

Fue entonces, cuando sin poder soportar un segundo más, corrí a su encuentro, como cuán película romántica, sus manos me recibieron, llevé las mías alrededor de su cuello y sin decir palabras, nuestros labios se buscaron, nuestras respiraciones aumentaron su ritmo, nuestro aliento se volvió uno solo y nuestros corazones, esos que latían erráticos, se sintieron completos, aliviados y plenos.

Sentí la manera en que sus manos sobre mis caderas, ejercieron un poco más de presión, jadeé ansiosa, sobre sus labios, perdida y entregada solo a él, feliz por tenerlo conmigo, luego de pasado un año de noviazgo y el dentro de ese lugar. Suspire, aleje mi rostro unos centímetros, con una de mis manos acaricie su mejilla y sonreí cuando él lo hizo.

_ ¡Al fin libre! _ musité, delineando uno de mis dedos por sus labios.

_ Al fin contigo, única y completamente contigo. Mi Sol _ dejó un casto beso en mis labios _ No hay mayor libertad, que la que me brindan tus brazos.

Un golpeteo en mi pecho, me hizo gemir ante la intensidad de sus palabras, volví a besarlo, a gritar por medio de ese beso y no de palabras, todo lo que él, me hacía sentir, experimentar y descubrir, por que, cada segundo junto a mi chico, era una nueva experiencia, cada día a su lado, sentía como mi corazón bailaba alegre al saber que no se equivocó con elegirlo, porque cada día, me enamoraba un poco más del hombre que yace a centímetros de mi rostro.

Roce su nariz con la mía, tome bocanadas de aire, buscando impaciente amilanar todas las corrientes que recorrían mi sistema.

_ Te amo _ confesé lo que, por largo tiempo, llevo haciendo _cada día, te amo mas _ afirme.

_ Y no dejo de sentirme el hombre más afortunado, cada que escucho esas palabras de tus labios, mi Sol. No dejaré de luchar cada día de mi vida, solo para hacerte feliz.

_ Ya lo soy, amor _ susurré rozando sus labios _ soy la mujer más feliz de esta tierra, porque tengo a mi lado, al hombre que amo.

_ Y que te ama con locura _ me apega un poco más a su cuerpo _ Contigo deseo toda mi vida, Sol _ sonreí nuevamente, besé sus labios y cuando un carraspeo detrás de nosotros se hizo presente, hice el intento de alejarme, pese a ello, Ronald, envolvió uno de sus brazos alrededor de mis caderas _ ¡Padre! _ exclamó con voz ronca.

El señor Castro observó a su hijo, con lágrimas acumuladas en sus ojos, tragué saliva, consciente de lo que sucedía entre ellos y que de una vez y por todas, debían solucionar, el cuerpo de Ronald a mi lado se tensó, acaricie su pecho con una de mis manos, deposite un beso en su mejilla y aún en su contra, me aleje.

_ Ustedes deben hablar _ susurré, mirándolo a los ojos _ solo quería venir a recibirte amor, pero creo que es tiempo, de que te deje unas horas con tu padre.

_ No quiero que te vayas _ murmuró, con su atención puesta solo en mí.

_ Serán solo unas horas _ deposité un nuevo beso en sus labios _ Habla con tu padre, ambos se lo merecen _ y con esas palabras, me despedí de ambos.

Caminé hasta la moto en la que había llegado y dedicándole una última mirada a ambos hombres, encendí la moto, permitiendo que ellos, tanto padre como hijo, cerrarán viejos ciclos, para empezar unos nuevos.

Ronald

Desde que Sol, se marchó, dejándome solo con mi padre, me limité a guardar silencio.



Checaluz

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En el texto hay: pasion, amor, dolor

Editado: 02.11.2019

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