Las Guerras Boreales: Furia elemental

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Capítulo III: La Torre y la Almena

Llevaban más de 6 horas cabalgando desde las montañas Andualas donde la guardia les había facilitado caballos. Lía y Maynor avanzaban al trote y galopaban a ratos para ganar tiempo. Cuando los soldados a cargo de la almenara la vieron llegar en la mañana se arrodillaron al reconocerla por la brigantina de cuero que aun llevaba luego quitarse la armadura en los túneles. La prenda finamente decorada con broches de plata mostraba en su pecho y hombros rosas en relieve, símbolo que estaba reservado sólo a las reinas y princesas de Faistand.

Ya sabían lo que estaba ocurriendo en la capital gracias a la avanzada que había enviado Verdal por órdenes de la Princesa antes de enfrentar la batalla. Suponían que en caso de ser derrotados, la guardiana del trono podría salir hacia Acantilado Dolmen para buscar refugio siguiendo el mismo recorrido de los soldados, que después de descansar y comer habían partido el día anterior hacia el principal puerto del reino para alertar a Lord Hallrron de lo que estaba pasando en la capital.

Su tránsito por las Andualas fue breve ya que Lía quería llegar a su destino lo antes posible, albergando la esperanza de que Verdal y sus hombres lograran aguantar un sitio de varios días antes de entregar la fortaleza, ignorando que la caída había sido rápida y devastadora. Sin detenerse ambos cruzaban los campos salpicados de pequeños bosques en absoluto silencio, parando solo para compartir una cantimplora que Maynor llevaba en las alforjas del caballo que uno de los guardianes de la almenara le había cedido.

El astaciano había decido cabalgar detrás de la princesa para resguardar sus espaldas, prefería estar prevenido ante cualquier imprevisto y no pensaba deshonrar la palabra empeñada antes de salir de Vesladar. Consideraba que era su deber y responsabilidad llegar con Lía sana y salva al puerto.

La Torre de Marfil, llamada así porque era la única estructura blanca de piedra caliza que destacaba entre los demás edificios de la fortaleza de Acantilado Dolmen, tenía una posición privilegiada. Ubicada al interior de los muros permitía tener una vista en 360 grados de toda la ciudad y el puerto, la urbe más grande del reino y que albergaba a unas 800 mil personas, sin considerar comerciantes y mercaderes que aumentaban su población especialmente en fechas festivas.

Allí sentado frente a su amplio escritorio de madera y patas de bronce Hallrron revisaba unos documentos aun esperando noticias de las Andualas, hacia donde había despachado una patrulla de 5 hombres para averiguar a qué se debía el llamado de alerta. Encendió su pipa y echó la cabeza hacia atrás cuando sintió que llamaban a la puerta.

—Adelante—Dijo apagando el tabaco.

Han Alvion, el jefe del consejo miró al Delegado con el rostro pálido parado a unos metros de la puerta.

—Señor, la patrulla acaba de regresar, se encontró a medio camino con 3 soldados de la capital, y traen noticias poco alentadoras. Además llegó un ave con un mensaje que lleva el sello real, no lo he abierto,...¿Señor? —Dijo Han estirando la nota hacia su Lord.

Hallrron se puso de pie y se paró frente a su escritorio algo ansioso tomando el papel, pero siempre manteniendo su actitud serena. Con aplomo rompió el diminuto sello de la nota y leyó:

"Lord Arton Hallrron : En la capital ha habido un levantamiento militar. Como sabe el Rey está de viaje, intentaré manejar la situación lo mejor posible, pero le pido estar atento a lo que suceda. Lía Kerstier, Princesa de Faistand y Guardiana del Trono".

El viejo delegado volvió a leer la nota, lo había tomado por sorpresa y aun no lo asimilaba. Le hizo un ademán a su hombre de confianza para que hiciera pasar a uno de los soldados que esperaba fuera del cuarto. Era un sargento joven que había estado a cargo del grupo enviado por el Senescal suplente. Ingresó con su casco bajo el brazo y haciendo una leve reverencia saludó al veterano Señor de Acantilado Dolmén.

—Lord Hallrron, soy el sargento Lundan de la guardia del palacio de Vesladar. He sido enviado por el Senescal suplente Verdal Wesbrin.

—Bienvenido sargento, por favor, dejémonos de protocolos y dígame que está pasando.

—Señor—Respondió el joven levantando la mirada— Ha habido un levantamiento del ejército en la capital y hemos sido enviados a informarle. No sabemos cómo habrá terminado el asunto, tal vez hubo una batalla que creo era inevitable, o tal vez aún están negociando con la Princesa Kerstier, lo cierto es que la situación es tensa y de incierto final.

— ¿Batalla? ¿Así de grave?

—Señor, al parecer los comandantes del regimiento pusieron ciertas condiciones a la Princesa que entiendo estaban siendo evaluadas cuando salimos hacia las almenaras de las Andualas...y, hay algo más...

—Habla de una vez muchacho.

—El príncipe Nontar estaba encabezando la rebelión.

Hallrron miró al soldado con sorpresa y comenzó a estrujar los dedos de sus manos.

—Supongo que sería estúpido preguntarte si estás seguro de lo que dices, es demasiado grave como para escupir algo así de la nada ¿Sabes algo más acerca de Lía?



R.B. Wegner

Editado: 16.08.2019

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