Las letritas de Sybil

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El dulce sueño de un amor perdido

¿Quién diría que pasaría otro año? Creo que nadie habría sido capaz de apostar porque estuviese aquí en otra ocasión, pero ya ves, aquí estoy. De nuevo estoy aquí, otro año, otro aniversario... 

 

Con un suspiro camino hasta aquel lago en donde te conocí aquella tarde de verano. ¿Cómo olvidar el sol ocultándose en las aguas del lugar? ¿Cómo olvidar tu silueta acongojada en la orilla del lago? Parecías la dama más triste de este mundo, pero a la vez la más bella criatura que Dios haya creado. 

 

Recuerdo como caminé despacio hacia ti, ya te había visto con anterioridad en las calles de la ciudad. Eras una dulce noble que vivía presa de su prometido, un importante hombre de negocios, alguien rico y poderoso, pero no digno de ti, nadie nunca a fue lo suficientemente bueno para ti, ni siquiera yo que fui a quien tomaste entre tus brazos cada noche durante esos meses de verano. 

 

Por primera vez en mucho tiempo tomé la decisión de acercarme a ti, no sé de dónde y no se cómo pasó, pero caminé de frente y me senté junto a ti. Pude ver como pequeños diamantes caían por tus mejillas, no eras la única que quería escapar de esa vida. Tu alma estaba cansada, triste y enfadada. Querías ser libre, querías abrir tus alas y volar sin preguntar a donde, solo querías ir al lugar que el destino te mostraría. 

 

Aún, a pensar de las siete décadas que han pasado me es imposible olvidar tu mirada cristalina, tus ojos esmeralda, tus labios cuales fresas y tu piel de porcelana fina. Parecías una frágil y hermosa muñeca. Nunca comprendí como alguien podía atreverse a lastimarte, a ti, a la mujer más dulce y buena que haya pisado la tierra. 

 

Tú estabas tan confundida, no comprendías mi razón para estar ahí, aunque yo tampoco la entendía. Solo te vi aquel día y te seguí durante horas, hasta que finalmente te vi sola en aquel hermoso lago. Te sonreí y sequé tus lágrimas con un viejo pañuelo de seda que siempre llevaba en mi chaqueta. Nuevamente tu mirada se llenó de confusión, pero yo solo seguí como mi hermoso trabajo, el de hacerte feliz. 

 

Recuerdo a la perfección nuestra primera conversación. Tú me dijiste que ya me conocías, que me habías visto varias veces en la floristería, después todo era mi trabajo mientras pagaba mi carrera de medicina. Me hizo tan feliz saber que existía para ti y que a demás de eso te resultaba interesante, eso dijiste, pero por ser la prometida de ese hombre no podías ni darme los buenos días. Lo que menos querías era problemas con un celoso extremista.

 

Y así comenzó a nuestra primera conversación, hablamos y hablamos durante horas, descubrimos todo lo que teníamos en común, desde un postre hasta nuestro libro favorito. Era tan maravilloso todo aquello, fue imposible que nuestros hijos corazones no se convivieran solo en uno. 

 

Aún recuerdo que fue también en este lugar donde tú y yo hicimos el amor por primera vez, fue una noche después de tomar un delicioso tentempié, de verdad que cocinabas tan bien... Todo era perfección en ti, por eso te enfadaste tanto cuando durante el acto destrozamos las valiosas tazas de tu abuela, tu perdón me costó unos cuantos besos. 

 

¡Oh mi hermosa amada! No sabes cuanto extraño nuestras visitas al lago, no tienes idea  de cuanto añoro nuestros paseos en bote a través de él, surcando el reflejo del sol y besándonos en la oscuridad que se hacía presente. 

 

Meses después te pedí que huyeras conmigo de la ciudad, quería que nos fuéramos lejos, donde nadie nos pudiera encontrar. Nuestro amor podría ser algo real, podríamos gritar a los cuatro vientos lo bello que es amar. Tú aceptaste y quedaste en verme aquella noche en el lugar de siempre. Fui el hombre más feliz del universo en esos momentos. Cuando te fuiste te despediste de mí con un último beso, el último roce de tus labios... Tan dulces... Jamás he podido probar algo igual... ¡Oh! Ojalá nunca te hubiese dejado marchar. 

 

Han pasado tantos años desde la última vez que nos vimos que ya no logro oír el sonido de tu risa en el aire, ya no siento tu perfume en mis manos, ya no recuerdo el color de tu pelo, la edad poco a poco va consumiendo tus recuerdos. 

 

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez en que vimos juntos el amanecer que el despertar para mí no tiene sentido alguno... Mi amada... ¿Qué pasó? ¿Por qué nunca regresaste?



Sybil Reed

Editado: 13.09.2019

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