Las Luces el Sol y la Luna

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Capítulo 8. Entre las sombras

Cuando las luces se apagan, y la luna brilla en lo alto, no hay forma de que te salves de las sombras, esconde tus pies, y toma tus manos, que no te tomen, que no te toquen que no te estiren. 

Tirada en el piso, temblando, mi cuerpo estaba ardiendo, de fiebre, Helios me cambiaba las compresas de la cabeza, apenas y ha salido de la habitación, por lo que me ha contado, todos creen que estoy siendo interrogada. Pues le había pedido que por favor no le cuente a nadie lo que me está pasando. 

He corrido al baño unas cuantas veces, cada vez parece que voy tirando más sombras putrefactas de mi cuerpo, y realmente es asqueroso, y la sensación dolorosa.

—¿Qué me está pasando?—Pregunto tomando mis rodillas y apoyando mi espalda contra la pared, el frío me invade de repente.

Helios no se ha apartado ni un segundo, y aprecio en verdad que no me haya dejado y que me cuide de esta manera.

Mientras pensaba que no podía sentirme peor la puerta de la habitación se abre, y veo entrar a Ebe, junto con Tamirá y Berenice. Ofrezco una mirada de desconcierto a Helios, quien también está claramente sorprendo por la visita de las tres.

—No deberían poder estar aquí—Apunta a Berenice y a Tamirá.

—Lo siento—Dice Ebe—Tamirá me obligó a recodificar mi patrón de entrada.

Miro a las tres en especial a Tamirá, la verdad que le tengo un poco de roña a esa chica, me da un poco de miedo lo que ella me puede hacer sentir, por que nunca he sentido envidia de verdad, y a esa chica la envidio.

—Tienes que escucharme—Tamirá se acerca a nosotros y sus rulos comienzan a saltar cuando camina apresurada. —Ella debe volver con Lior, debía ser mañana, pero las cosas están empeorando...

—¿Disculpa?—Pregunta Helios enojado, yo no puedo tan siquiera reaccionar, sólo respiro, por que muy en el fondo, sé que lo dice en serio, y sé que esto tiene que ver con como me esto y sintiendo. —¡Habla de una vez Tamirá!—Gritó mientras me abrazaba más fuerte.

—Ella está muriendo... necesita a Lior, y a su vínculo de muerte. Lo siento...

Helios aún no comprende, hasta que Berenice y Ebe se acercan a nosotros, miro a mi hermana, con un poco de celos. Ella siempre tan femenina y hermosa.

— Helios—Berenice viene hasta mi y pone sus manos sobre mi cabeza—Aquí, debes tocar aquí para aliviar su mal estar—Le dice con una suave tonada, él obedece y queda atento mirándola.

— Ebe acaba de recibir noticias de Ader... aparentemente, Tamirá y Hugo tenían un trato...

—No...—musita mientras me aprieta más a él...

—Sí—la chica contesta apenas—Debía acceder, era necesario... Helios...

—¡Vayanse!—Exclama mientras mi cuerpo se hace más débil—Larguense... ahora—Ordena a Las visitas.

Berenice, sólo se levanta al igual que Tamirá y sin decir más comienzan a caminar a la salida de la habitación, pero Ebe queda un rato más que ellas y antes de al fin retirarse sólo dice algo.

—Está purificando almas, sin que haga nada.... es peligroso para ella, sólo, piensa eso.

Ebe se muerde el labio, y sigue a las demás, yo la verdad que no tengo fuerzas tan siquiera para enojarme, ni culpar a nadie, y ruego por que lo que digan sea real, porque en verdad necesito sentirme mejor.

—Yeru...—Me llama poniendo su rostro contra el mío—Debe haber una solución...

—Dejarme ir es la solución...—Digo cerrando mis ojos...—Te dije que nos estaban usando Helios, pero no me hiciste caso—Digo con dificultad.—Pero de todas maneras me encantó, que las cosas hayan sido así, no lo cambiaría, por nada en el mundo, en verdad no lo haría.

Helios me abraza, tan fuerte que me quita pedazo a pedazo mi ser, muerdo mi labio, porque en verdad me gusta estar aquí, es el mejor lugar del mundo estar en sus brazos.

—Bésame una vez más...—Pide pasando sus dedos sobre mis labios, cuando yo cierro con fuerza mis ojos.

Niego, por que no sé si podría aguantar,  o me impida tener el valor de ir. Pero si hay algo que quiero que haga, antes de marcharme.

—Helios... cantame—Pido y él se quiebra por completo, pero rápidamente se levanta y va por la guitarra, una vez que la tiene se sienta ante mi.

Se seca las fugaces lágrimas que cayeron sobre sus mejillas, y los acordes comenzaron. Mi corazón se aceleró, como si en verdad tuviera la suficiente sangre en mi cuerpo para que eso sea posible.

«Nombrame esta vez, susurrandome, Bésame otra vez, embrujandote, cierra los ojos sin querer, acariciame, reconociendonos la piel, al amanecer»

Escucharlo es un placer, pero escuchar que me cantara «Mi bella JULIETA» me rompía en mil pedazos. Él en verdad apenas mantenía la compostura, cantando la música.

«Los labios que condene, princesa que siempre amé»

«No te vayas... quédate»

Con esas palabras comencé a llorar yo, sus ojos temblaban, y los míos también. No quería verlo así, ni que sufriera por mi partida.



Bsar90

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En el texto hay: muertes, guerra, amorydesamor

Editado: 21.07.2019

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