Las Luces el Sol y la Luna

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Capitulo 21. Hoy

Volverás, para mí, por ellos.

Por primera vez en tanto tiempo, me levanté a las 10:30  de la mañana, la verdad había escuchado a los chicos alistarse para ir a sus misiones, a todos los había asignado a visitar un campamento y reforzar sus escudos, aunque con Gizah habíamos deducido que sin Dara les sería más difícil encontrarnos.

Ander fue el único que quedó aquí, con Etiel y Berenice, quienes hoy quedaron para ayudarme a leer las cartas de nuevo.

Ahora mismo me estoy desayunando la vida, Berenice me preparó huevo revuelto y una taza de café italiano bien cargada, según ella, hoy si me lo merezco, la verdad estoy feliz por ello, me hacía mucha falta eso.

—¡Hey campeón!—Ander parece feliz ¿Acaso paso algo con Gizah?—¿Cómo estamos hoy?

Me bebo mi café y sólo le doy una mirada cargada de preguntas, en verdad quiero descifrar de donde sale tanta buena energía.

—Ya veo, no dirás nada—Se sirve un poco del huevo revuelto y se lo come.

En eso llega Berenice a Escena con una canasta de verduras, y tras ella llega Etiel cargando una cacerola humeante la cual la coloca sobre las hornallas.

—Buen día Ander—Berenice le da un beso en la frente al chocho y luego a mi.

—Hola abuela—responde el chico—Por cierto, gracias por los consejos de ayer...

—Lo aconsejas... ¿Para qué?—irrumpo para que los dos queden en silencio.

Miro a ambos cuamdo Etiel se retira los guantes y al fin gira a mirar la escena, y contesta a mi pregunta, sin darse cuenta que estaba metiendo la pata.

—Iba a pedir una cita a Gizah, creo que quería hacerle pizza esta noche...—Él levanta la vista y nos mira con arrepentimiento—¿No era una info que Helios manejaba verdad?

Ander y Berenice niegan con la cabeza, intento disimular los celos, pero no, no es tan fácil, es más, me recuerdo que yo me acosté con la hermana de Ander, por ende no tengo derecho alguno de reclamar nada, pero aún así, tengo ganas de proteger a mis hermanas.

Respiro profundo y sigo comiendo, intento hacer pasar la situación, y creo que todos entendieron que no quiero hablar del tema, ni mucho menos enterarme de más, así que comienzan a trabajar en lo suyo.

Cuando termino mi desayuno tomo un durazno de la mesa y me levanto, todos me observan, por que están esperando que explote.

—Voy a ver a Hugo—Digo dando una mordida al durazno—Cuando regrese, volvamos a ver lo que les dije de liberar a Aldebaran, por ahora, dejo de tarea que sigan leyendo.

—Oye—Ander llama un poco preocupado—¿Has visto a mi madre?

—No, ella no está por la casa cada que voy yo, al igual que Yeru, nadie sabe de ella, por cierto.

Ander sonríe de manera divertida cuando se come una galleta de avena, que acaba de poner Berenice sobre la mesa. Eso me da una idea, quizás, aún no vaya a intentar lo de usar la sangre de Andrés o de Ebe para ver a Zafiro, simplemente, voy a enviarle algo, un pequeño presente.

—Berenice—Digo acercandome de nuevo a la mesa—¿Será que me lo guardas en un pote?—apunto a las galletas y ella sonríe complacida, la verdad es que en esta casa no es que amemos esas galletas, y   sé que le gusta la idea de que alguien se las lleve.

Berenice me guarda las galletas en un tupper y lo tomo. De nuevo estoy por irme, cuando Etiel me sostiene del hombro.

—Tú no puedes ir junto a ella—Su voz es siempre tan pausada y tranquilizadora, incluso cuando cuenta cosas tan fatalistas como esa.—Pero hay un tipo de energía que puedes usar para enviarlo a ella.

La verdad que yo simplemente se lo iba a dar a Hugo, a ver si él podría hacérselo llegar, pero me interesa lo de Etiel.

—Ve al lapacho—Sugiere—Piensa en tu vínculo de vida, y enviarlo, como si fuese que estuvieras saltando, pero en vez de hacer que la energía fluya en tu cuerpo, haz que fluya en el objeto.

—Gracias—Respondo esperanzado, y recordando que Zafiro tiene el celular con ella, quizás con eso baste para estar más cerca de volver a vernos.

Cuando al fin salgo de la habitación, voy con algo de esperanzas en el pecho, y con la fé de lo que Etiel me dice funcionará.

La llovizna de junio, y el anuncio de que este año tendremos un frío invierno me coloco la capucha de mi canguro y comienzo a trotar, está vez, con un sabor diferente en la boca, como si mi cumpleaños estuviera cerca y alguien me dará un buen regalo. Así de bien me siento al saber que podría mandar unas estúpidas galletas de avena.

Tanto nos hace tontos el amor, ante odiaba este efecto en mi, me hacía sentir inútil, casi idiota, e iba a casa a torturarme, por que esto no era lo que yo quería para mi. 

Dios, recuerdo, tan bien cuando la veía por los pasillos, bajaba la mirada, o simplemente me hacía del desentendido, pero en realidad estaba tan pendiente de ella, la seguía con la mente, imaginaba en que lugar del colegio estaba, o que podría estar haciendo.

Cuando el clima estaba así, y era hora del receso, me iba directo a la cafetería, con las manos en los bolsillos, caminando despreocupado, practicando acordes en mi cabeza, pero realmente, lo que en verdad quería muy en el fondo, era verme interesante, sentir la mirada de Zafiro, esa mirada que era involuntaria.



Bsar90

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En el texto hay: muertes, guerra, amorydesamor

Editado: 21.07.2019

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