Las luces, la piedra y el sol

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Triste

Cuenta el viento, que la lluvia  a la Luna escuchó. 
 


El sonido de las hojas siendo borradas, escritas de nuevo, arrugadas, tiradas al basurero me deja la sensación de angustia en medio de mi pecho.

Desde las cuatro de la tarde hemos estado trabajando con Nuriel, le he enseñado, aprende rápido, pero de repente se poner algo nervioso y debe volver al inicio.

Ahora son las ocho de la noche, y la bibliotecaria ya tiene cara de pocos amigos, en treinta minutos más, esto cierra y ambos debemos volver a nuestros edificios.

Nuriel se lleva una paleta a la boca mientras continúa haciendo sus ejercicios, hasta que las voces de unas cuantas personas lo distraen, rápidamente levanta la vista para toparse con Aurora, yo también quedo colgada por un segundo en la belleza de esa chica, pero mi hermano parece completamente perdido en ella, como si el Alma fuera a salirle del pecho, y no sé  si son celos, o por que sé de quién es hija, que me arde el espíritu al verlo tan  enganchado con ella.

—¿Te gusta Aurora?— hablo mientras  guardo mis  cosas.

—¿Se nota mucho?—sacude su cabeza y también guarda sus pertenencias.

—Pues, para que yo lo note, sí — se me escapa una risa y a él  también.

Baja la mirada, dejandose sonrojar, y me pregunto en qué momento es que me gané la confianza de mi hermano, es decir, nos sentimos tan bien juntos, que de la nada hablo de estas cosas con mucha naturalidad. 

—¿Y alguna vez se lo has dicho?—pregunto cuando me levanto, él hace lo mismo. 

—¿Es necesario que se lo diga?—pregunta haciendo un gesto tan Anta, levantando la ceja y ladeando la cabeza. 

—Supongo—me encojo de hombros, no sé cómo es que se manejan las personas con estas cosas, es decir, alguna vez me gustó un chico de otro campamento, pero entre entrenamiento y entrenamiento, nunca pasó de sólo mirarlo, hasta que volvió a su tropa, pero, creo que ese ha sido mi maximo acercamiento a eso tan hormonal. 

—Todo el mundo sabe que me gusta, y ella no es ninguna tonta, no hay necesidad, ni una, cuándo no tengo intensiones de formalizar nada, es decir, me basta con esta sensación de mariposas en el estómago. 

—Odio las mariposas, prefiero otro tipo de analogías—Confieso mientras reimos los dos, y empujamos la puerta gigante de la biblioteca. 

—Eres muy rara, —ríe—pero también tengo miedos así, sólo por eso no te juzgo. 

Seguimos caminando por el pasillo, y el sonido de las cigarras explota en nuestros oídos, el sol acaba de ocultarse, y el aroma a flores me invade las fauses, me trae recuerdos, pero, no sé cuáles, no sé si son mios, o son del mundo que me rodea. 

—¿No te apena pasar un verano encerrada, estudiando?—pregunta algo melancólico. 

—Para ser honesta, toda la vida he estudiado, pero es la primera vez que me siento encerrada, y no por el lugar, más bien es por la gente—Levanto los ojos para darme cuenta que al final del pasillo, ya en el pati,  Salos va caminando adelante mío con Sonnia, ella lleva una capucha, y el brazo contra su estómago. ¡Mierda! ¿Qué habrá pasado?

—¿No te caemos bien?

—Emmm, no... no es eso. 

—¿Ocurre algo?—pregunta cuando también levanta la vista y ve la misma escena, Salos rodeó a Sonnia con el Brazo, cuando ella practicamente se caé al suelo. 

Sin pensarlo dos veces, emprendo mi corrida, tirando mi mochila a un costado, de inmediato, la corrida de Nuriel se hizo trás de mi, llegamos junto al par, mientras Salos parecía claramente desesperado. miro el brazo de Sonnia, y veo sangre, levanto con cuidado la manga de su buzo para darme cuenta que este estaba empapado, y tiene una cortadura gigante. 

—Debemos...—Miro a Salos con un poco de miedo, por qué sé que quiere que hagamos, pero tan pronto me vio a los ojos, paró su relato para corregirse—Llamar a la enfermera—Completa. 

—Ve con Nuriel—Digo, pero al darme la vuelta, el chico ya estaba sacando un kit de primeros auxilios de su mochila ¿Es hijo de Helios Anta? ... Sí, lo es. 

Salos sabía por qué quería que se lleve a Nuriel, pero al final, también comprendió que ahora sólo le quedaba correr, por que se supone que no nos conocemos, y por que debemos actuar con normalidad, así que corre en dirección a la enfermería, cuando ya eramos el centro de la atención, mientras él iba, en dirección contraria alumnos y profesores venía hacia nosotros. 

Nuriel, hizo una gran compresa, con la que dió presión al brazo de Sonnia, mientras los murmullos ya me invadían la mente, todo el mundo quería saber ¿Qué es lo que ocurre aquí?

Entre el público también llegó Anuar y las mellizas, quienes comenzaron con los profesores a pedir más espacio, porque estaban taponando el flujo de aire, y si supieran, también el de energía. 

Acomodo el cabello de Sonnia, y veo que tiene un raspón en el rostro, pero eso no es lo que me preocupa de verdad, lo que me da escalofríos es la energía que sale de su cuerpo, es cómo si se disparara de ella, como si alguién la robara, y eso me llena la piel de malos presentimientos. Sin embargo, no siento ninguna sombra, o alguien estirándosela, por lo que es extraño, y más perturbador.

—¿Cómo se hizo un raspón tan grande?—pregunta Nuriel mientras me observa fijamente, yo sólo niego, porque no lo sé, al menos, aquí, en este lugar, no tengo idea, él unico que me puede dar repuestas es Salos, y está tardando demasiado para mi gusto. 

Nuriel seguía dando presión en el brazo de la niña, y su compresa ya estaba totalmente teñida de rojo, cuando al fin, escucho el silbato del enfermero. La gente despeja la pista, y la comitiva llaga junto a Sonnia, la alzan en una camilla, mientras otra persona suplanta a Nuriel en la presión. 

Los estudiantes curiosos comenzaron a realizar mil preguntas, las cuáles intentaba evadir, al igual que Nuriel, hasta que finalmente, la psicóloga del internado nos aparta.



Bsar90

Editado: 20.02.2020

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