Las luces, la piedra y el sol

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La noche, aún no acaba

Y solté de tu Alma, cuando ya no había esperanzas. 
 


Una hora y media de reunión con la directora, de escuchar sobre la excelencia académica y la seguridad de nuestros niños, una hora y media de morderme la lengua, la verdad no me interesa el discurso, simplemente quiero ver a mis hijas, y a mi hijo, si es que puedo, aunque debo fingir que nisiquiera lo conozco, pero no puedo, no puedo por culpa de las burocracias, y quisiera derrumbar el colegio de una, en verdad, siento que estoy perdiendo mi tiempo aquí.

—Pero las niñas están bien ¿no? —Juliabse acomoda el cabello tras las orejas y se sienta más en la punta de la silla.

La verdad es que las entiendo, sé, perfectamente cuanto nos molesta que nos quiten de nuestras burbujas y la verdad que en 15 años, pequeñas batallas no se sienten como la que se ve venir aquí, es decir, ahora veo un punto gigante en medio de una gran hoja Blanca, y es el mismo que ve Julia.

Las cosas cambiaron, y eso tiene que ver con Yeru, ella está cerca, ella nos merodea, y por Dios que se siente, sin embargo, también estoy seguro de que ella no está aquí, en esta dimensión, porque de ser así, estoy seguro, nos  íbamos a enterar.

Luego de mi última charla con Nuria, ya sé que nada pinta bien para nosotros,  los dominis, hay demasiados enemigos, y la alianza con los nemosorum  es temporal.

—¿qué piensas amor?—De nuevo la voz de Julia me descolocó, miro a mi novia, y recuerdo dónde estoy. Ella se da cuenta que he perdido el hilo de la conversa. —Llevamos a las niñas a casa... o las dejamos aquí. ¿Qué crees que debamos hacer?

Miro que la directora, luego a Julia, me cruzo los dedos, hasta que finalmente, pongo en marcha mi cerebro.

—Preguntemos a las niñas...

La directora queda mirándome, sorprendida, como si esa no fuera una respuesta válida para su cabeza, pero lo digo en serio, yo haré lo que mis niñas digan. Finalmente ella entendió, se levanta de su escritorio y va hasta la puerta, la cuál abre para dejar pasar a mis hijas.

—No es una respuesta a la que estoy acostumbrada—asegura la directora—Por lo general, los padres dicen que decisión tomar.

—Y estoy de acuerdo—respondo tajante a su crítica —Pero esto, no es cuestión de disciplina, es sobre como se sienten mis hijas, y en eso, no puedo tomar desiciones, sin saber qué es lo que ellas quieren... entenderá... son las 21:00 horas, comprenderá que lo primero que me interesa entre todas las cosas son mis hijas, por ende...le doy el peso que corresponda, a lo que ellas sienten.

—Un padre complaciente —dice con un tono de malicia, cuando mis hijas miran la escena con asombro.

—Yo prefiero definirme, como un padre conciente...y comprensible.

—Un buen padre—dice Eleonor con fuerza haciéndome  sentir orgulloso de ella.

La mujer simplemente sonrió, salió de la habitación y cerró la puerta. ¡Maldita sea! Ella no sólo me cuestiono como educo a mis hijas, si no que también, me dejó una clara amenaza en el aire ¿quién es esa mujer? ¿De verdad es seguro seguir con esta simulación?

—Este ya no es un lugar seguro—Elena habla sobre mi conciencia.

—¿Es hora de retirarnos?—Pregunta Elaine mordiéndose las uñas.

—Jamás —Responde Eleonor rápidamente — Para mi el caos es señal de respuestas.

—Estoy de acuerdo —Responde Elena mientras se ata el cabello.

Julia sólo nos mira, me molesta que su actitud sea la de una niña malcriada que simplemente quiere que todo acabe. Pongo los ojos en blanco por unos segundo, pero luego recuerdo que lo que más importa en este momento son las niñas... e Iriel.

—¿Qué sugieren niñas?—pregunto mientras me remango la camisa, para ver mi mapa. Todo es un caos ahora mismo.

—Deberiamos  quedarnos, y actuar, actuar con miedo y cautela, hacerles creer que estamos perdidos. —Eleonor es una buena estratega, que orgullo escuchar a mi niña planificando.

— ¿Pero, no estamos perdidos a caso?—pregunta Julia cruzándose de brazos.

—Sí —Elaine se lleva el dedo a la boca y comienza a morder sus uñas. —Pero, ya sabemos cuales son sus movidas, y lo más  importante, es que juguemos a ser el ratón...

—Cuando somos el lobo feroz—Completa Elena mirándome con fiereza, y quisiera salir por esa puerta y gritarle a esa directora <<Mire señora, estas son mis hijas, inteligentes, y sí, consulto con ellas las decisiones que tomaremos en familia>>—¿Qué  opinas papi?

Me derrito  al escuchar a mi hija tan segura, tan ella y que aún así, me llame papi, ¿cómo no sentirme feliz y orgulloso? Si el día de mañana yo muero, sé que mis hijas sabrán actuar, harán lo correcto y lo más importante, van a pensar.

—Lo que ustedes digan princesas—Contesto mirando mi mapa destapado e intento concentrarme a ver si encuentro algún rastro de energía aquí.

—Debimos traer a Tamirá —El tono de Julia es cansino, y hastío la verdad.

—La tía Tamirá no ve nada cuando es zonas de perfugas —Se apresura a hablar Elaine—No seas tontita  Julia...

La chica sólo suspira, mientras Elaine ríe un poco divertida por el comentario, supongo, piensa ella, tonto de Julia, y la verdad es que ella está un poco insoportable, y creo pensante.

La entiendo, de verdad la entiendo, pero no es la forma, y mucho menos la actitud que debería tener en un momento así, cuando estamos a punto de comenzar básicamente una guerra.

—No veo rastros—Anuncio mientras me tapo de nuevo el brazo—Sea lo que sea que hayan hecho, es un trabajo limpio.

—Aparentemente —Dice Elena cuando termina de reforzar su sello y el de sus hermanas.

—Bien, antes de que regrese la directora— hablo llevándome la mano a la nariz por un segundo—Van a ponerse bucles unas a las otras, y Elena, debes reforzar el sello de todos...

—Pero papi... sabes que yo no tengo suficiente energía... debería....

—Justamente por eso princesa—La miro fijo, y ella tiembla—Tu energía pasa desapercibida, y sólo tú, tienes esa capacidad... ¿ok?



Bsar90

Editado: 18.02.2020

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