Las luces, la piedra y el sol

Tamaño de fuente: - +

Ni un segundo de paz

Y tu corazón late con fuerza, cómo el mío cuando te veo.

Miro a Alex, y cuando duerme parece un Ángel. Las sábanas le cubren solo las piernas, y su espalda desnuda me deleita con tanta delicia. La aprecio, como si no hubiera mañana, como si nunca más la volveré a ver y esa sensación me rompe.

Tanto tiempo ha pasado, desde aquellas noches en dónde jugábamos, y explorabamos  lo que éramos, pero nunca así, nunca se quedó luego, o me dio un abrazo tan siquiera. Y hoy, luego de todo el fuego, me dejó tenerla en la cama y acariciarla, como nunca antes fue.

Éramos jóvenes, es verdad, apenas y nos importaba el otro, era sólo placer, si bien, lo hice con tantas, hacerlo con Alex siempre era diferente, cuando decía que me traía loco era de verdad, y no por ser tan pasional y atrevida, si no, porque hasta en las prácticas más  radicales se ve tan bien, tan brutal y elegante.

Cuando decidí cortar nuestras citas, ella también estuvo de acuerdo, no nos queríamos, o quizás yo sólo creía que no nos queríamos. Hace unos años, ella me había dicho que hubo un tiempo en el que yo era importante, en ese momento, estaba tan cegado por la luz de Zafiro, que no fui capaz de ir por Alex.

Acomodo el mechón de cabello que cubre su cara, ella ni se inmuta sigue durmiendo, abrazando la almohada, y aunque ahora parezca tierna, hace unas horas ese acto me prendió a mil, verla atajarse  de ese pedazo de tela, gimiendo, me hacía sentir genial.

La diosa, disfrutando, es para estar orgulloso, y creo que he hecho bien mi trabajo y no he dejado nada a medias.

El sonido de unos golpecitos en mi puerta me quita del trance, y menos mal, por que estaba por empezar otro round, estoy seguro que se despertaba de una para seguir el juego.

Con rapidez me coloco mis boxers y unos pantalones, antes de que los golpes se hagan insistentes. Corro hasta la puerta, y al abrirla veo a Paulina con los brazos cruzados. Mierda.

—Ader no lograba meterte en una bifurcación —Obvio, puse bucles para que nadie me interrumpiera, no iba a dejar joder a nadie mi momento con Alex. —Se acaba de armar tremendo lío en el colegio de las chicas.

—Pero ellas y no están allí...—Digo frunciendo la ceja, cuando mi cerebro decide trabajar al fin—Mierda! Nuriel.

—Parece ser que Ross no puede, y los nemosorum que están allí tampoco. Necesitan ayuda. Aguardo tu orden—Paulina levanta una ceja al ver que la puerta se abre más y Alex sale abrochandose el cierre del vestido. —¿estuvo divertido?—me pregunta con rabia, anoche la había plantado de nuevo, a decir verdad, le puse mil excusas.

—A decir verdad—Alex ríe delicadamente —Estuvo delicioso—me toma del mentón y me da un beso de esos que rompen en mil y quieres olvidar todo, para volver a la cama.—Vamos muñeco... nos necesitan.

—Sí, Paulina... alista a los demás, que vayan ya junto a Ader, me pongo la camisa y salto junto a ustedes.

—Sí señor—dice con rabia, pero se retira finalmente.

Alex me observa mientras se coloca los tacones en la puerta de mi habitación, mientras yo busco una playera y un zapato cómodo.

—¿La pasaste bien?—pregunta maliciosa.

—Sabes que sí —respondo con rapidez—espero que luego de esta locura tengamos aunque sea un segundo para los dos, de verdad.

—¿tienes esperanzas?—Su voz suena dejada, triste—Digo... me encantaría poder sentarme a jugar a la relación estable, con peleas e invitaciones a trios de vez en cuando... pero Hugo... si vamos a pensar que tendremos eso, jamás estaremos juntos, sólo prometeme  una cosa, vamos a vivir el momento, cada segundo, cada que puedas tumbarme a la cama, lo harás.

—Me das miedo Alex...—digo cuando la tomo de la mano, sus ojos se iluminaron con algo de culpa quizás, temor, y tristeza, parecía un pequeño gatito indefenso,  en comparación a la fiera que tuve sobre mi hace unas horas.

—¡prometelo, Hugo, prometelo!

—Te lo juro...—y con eso la besé, pero ella me apartó  con delicadeza, claro, ahora tenemos otra emergencia que atender. 
 

Me separo de ella, y al hacerlo, decido que debemos saltar, tomo sus dos manos y realizo la teleportacion. Menudo desastre el que tenemos delante nuestro.

Mi hermana ya estaba aquí, al igual que los nemosorum que mandé con Paulina. El internado ardía en llamas, no escucho  ninguna maldita sirena de bomberos, lo que significa que han bloqueado los accesos a los humanos corrientes.

Helios gritaba desde el otro lado órdenes a sus soldados, todos estaban luchando contra los integrantes de la orden de las Rosas, de un lado, veo a René y Tamira defendiendo al hijo de Helios, el cuál está con unos amigos, y estoy seguro, la hija de Dara. No veo a las niñas por ningún lado, eso quiere decir que decidió que era mejor que no vinieran.

—Bien—Grito cuando suelto a Alex,—¡Nemosorum, el objetivo es destruir tantos miembros de la orden puedan, y mantengan seguros a esos niños, el resto de las personas que se encarguen los dominis! Que sea problema de los buenos salvar vidas.

Todos liberaron sombras, incluida Alex, quien estaba por ir a atacar, pero la tomo de la mano. Ella se detiene en seco y me mira con incomprensión.

—Tú y yo, vamos junto a Helios—ordeno.

—No voy a traicionar a mi hermana—Amenaza

—No te voy a tirar al frente, yo necesito saber que ha ocurrido aquí y cuál es su prioridad.

Ella se relaja, y ambos comenzamos a caminar en dirección a Helios, mientras esquivamos  algún que otro disparo de energia, he notado que Aldebaran está aquí, supongo que al llegar Helios, Ader se fue, dejándolo a él.

Su energía es genial, cada vez que falla, y va al suelo, brotan pequeños árboles, eso se debe a que es uno de los pocos que puede dar vida, a lo muerto. El resto, necesitamos de mil herramientas, él solo usa sus manos y ya.

—¡Hugo!—Grita Helios al verme, Tamirá voltea a mirar, y una sonrisa maliciosa cubre su rostro, pero rápidamente la borra al cubrirse de un ataque. 
 



Bsar90

Editado: 20.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar