Las luces, la piedra y el sol

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Prisionera

¿Puedes sentirlo?

Mi corazón late a mil por hora, mi respiración se hace entrecortada, mientras veo el rostro de Yeru convertirse en un manojo de confusión, pero así cómo el miedo me carcome a mi, a ella le carcome el odio. 

—Todo sale mal cuando te metes—Acusa con rabia, pero muy por lejos de alterarme o enojarme, yo sigo enfocado en ella, en esa herida, que no parece  cerrarse, maldita sea Lucía y sus poderes. 

—En vez de regañarme deberías decirme que debo hacer. 

—¡Dios!—exclama de dolor—Helios, sabes que hacer. 

Claro que lo sé, pero debía hablar, el miedo me carcomía para ser honesto, y sólo quería buscar una forma de tranquilizarme, pero tampoco funciona. Me centro, o al menos eso intento. 

Coloco mi mano sobre la herida y la comienzo a cerrar, ella no para de gritar, y ciertos recuerdos de mierda invaden mi mente. Ahora que la miro, en medio de esto, me doy cuenta que sigue siendo hermosa, que no cambió en absolutamente nada, más que el maquillaje que intenta hacerla mayor, pero bajo eso, aún se ve a la tierna niña de 17 años. 

La herida se cerró, pero ella estaba exhausta, razón por la que no se levantó de inmediato de mi regazo. Echó su cabeza para atrás, y se quedó en esa posición por largos minutos, intente no moverme tan siquiera, no quería que saliera, o que sintiera alguna incomodidad, la quería tener allí, tanto como pudiera. 

Sí, soy un idiota, por que esta mujer es mi enemiga, secuestró a mis hijas, se infiltró entre los míos con ayuda de Alex e hizo su voluntad, me hizo puré con dos movimientos. Pero aquí estoy, intentando no respirar tan siquiera fuerte, para que ella se quede más tiempo en contacto con  mi cuerpo. Soy un ridículo, lo admito. 

Finalmente ella se levanta y aprieto mis labios con fuerza. Se relame, para finalmente ponerse de pie, yo sigo en el suelo, admirándola, como si ella fuera mi Dios, adorándola desde abajo, como se merece. 

—Bien...—cuando su voz sale, me pongo de pie tan rápido  que me deslumbra verla a la cara, ¡Puta, que hermosa mujer!— Adiós...

No disimulé la risa sonora que se me escapó al verla intentar saltar y no poder hacer un sólo movimiento de energía. Me mira arrugando la nariz para finalmente ofrecerme una sonrisa. Podré babear por esta mujer, pero ya no me hará la jugada dos veces. 

—Helios, no compliques las cosas, si me dejas ir, te evitarás una lucha...

—Pero si es eso lo que quiero...—anuncio—por eso bloqueé tu energía... que proviene de las sombras... mira que casualidad ¿Sabes que características tiene mi energía con las sombras?

De su rostro se borró la sonrisa y por primera vez en mucho tiempo vi el miedo en él.

—No puedes dejarme sin sombras—la desesperación le llegó tan fuerte que comenzó a caminar en circulos—No puedes, no... ¡CARAJO HELIOS! Mi plan, mis planes, no, no, no—se agarró del cabello con fuerza. 

Podría ser un hijo de puta, y dejarla sufrir, que se retuerza creyendo que lo acaba de perder todo, que le duela el alma como a mi me dolió por años... pero no. 

—No te dejé son sombras—respondo y el alivio volvió a su rostro. 

—¡Puta!—suspira

Yo cierro los ojos con fuerza, gritándome en mis adentros,  por no poder hacerle tan siquiera sufrir un poco, y conste que se lo merece, pero no puedo, no puedo ser tan imbécil. 

—¿Entonces qué me hiciste?

—No te lo voy a decir—Contesto caminando hacia un árbol para recostarme contra el tronco, estoy fatigado, por sobre todo por que ella desvió nuestro destino a ultima hora. 

Se frota las manos, ya parece que se resigna a esto, a estar aquí, conmigo,  me desespera que se mire tanto las uñas. 

—¿Y qué vamos a hacer? me tendrás aquí como tu prisionera?

—No te hagas la tonta Yeru, fuiste tú quién desvió el destino, así que dime tú ¿A qué venimos aquí?

Sonríe, pero lo hace como si tuviera asco de mi pregunta. 

—Quería enfurecer a Julia...—Asegura y eso me da un pinchazo en medio del estómago, causando que me volviera loco, "Calmate Helios, calmate, ella manipula todo a su alrededor, ella no hace nada sin pensar" ¡Puta, que ganas de ir chocar mis labios contra los suyos! pero respiro e intento fingir enojo e indignación. 

 Sí, soy un insensible por no pensar ahora mismo en Julia, pero no estamos casados, ni nada de eso... ¿Qué estoy pensando? Liza tiene razón, soy un maldito desgraciado. 

—Y creo que lo harás—afirmo mientras me despego del tronco del árbol. —Pero hay algo más—aseguro.

—Helios el inteligente, no se le escapa una...

—Jamás Yerutí... y sabes cuán bueno soy jugando ajedrez, me estudié todas tus malditas jugadas, cada paso, cada centímetro... y me rompe la paciencia saber que me estás manipulando, haces lo mismo que hace Beatriz, exponiendo a nuestros hijos, sin que te importe nada. 



Bsar90

Editado: 20.02.2020

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