Las luces, la piedra y el sol

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De cacería

—Está todo en marcha...—miro a Lior mientras tomo mi copa de vino y el pájaro que se posó hace unos instantes en mi hombro emprende vuelo— Ya ha hablado con la niña, y supongo que ahora tendremos a Helios y a Elena donde deben estar.

—Más vale—Lior está trabajando con el tambor de Ambar, ha estado por día mueve que mueve ese tambor, tallando, lijando, pasando energía, como si fuera realmente un objeto que se rehace de cero.

Bebo de mi copa de vino, y me deleito por los patrones que vamos cumpliendo, todo va en perfecto estado, y como dice Zafiro, eso da miedo.

Cierro los ojos, porque me dejo llevar por el sonido de el violín que Bruno está tocando con tanta pasión. Zafiro me había ordenado que debía cuidar y cultivar a nuestros retoños, a Nadir enseñé a pintar, Lior enseño a Iam a tocar el piano, y a Bruno el violín, cada una hora deben leer algún libro, y de tanto en tanto deben estar regalando arte al mundo.

¿Por qué? Alguna razón tendrá mi hermana.

—¿Y?—Lior me mira con expectativas—¿Estás lista?

—Aunque no lo creas... no, no lo estoy.

—¿te da miedo he?

—Por primera vez...—le muestro mis manos temblando—no es que le tenga miedo a él...

—Es miedo al rechazo, lo sé, me pasa todos los días.

—Ayyy Lior bebé...—digo entendiendo su punto, pero termina haciendo una mueca y vuelve al tambor. —¿Te acuerdas cuando eran los demás los que tenían miedo de nosotros?

—Sí. Éramos los reyes...

—Sexo, droga y rock anda roll, al más puro estilo nemosorum... lo extraño.

—Igual yo—dice mirándome con melancolía. —Deberías ir ya, antes de que se te pase el tiempo de ir.

—¿Y si me rechaza?

—Supongo que es señal de que te haz vuelto vieja—dice riendo, y eso me saca una risa a mi también.

Me muedo las uñas, y a continuación bebo con rapidez el vino para vaciar la copa de una vez.

—Puta, si que estás nerviosa.

—Sí, si, si, lo estoy, pero tienes razón, esta es la hora, en la que debo ir...—suelto aire, pero antes de saltar voy rápido por la botella de vino y le doy un trago largo.

—Alex, eso nos ni te emborracha, eres nemosorum...

—Pero una que ama el alcohol.

—Anda bebé, no pasa nada, de verdad, sabemos los riesgos, pero confío en que lo lograras, anda, ve y "sacrificate"— hace unas comillas en el aire y ríe.

Le hago una mueca y Quito mis dedos del medio para finalmente saltar.

Pasado el tiempo ya estaba en dónde quería.

Me muerdo el labio, el cual lo pinté del mejor rojo, pasé mi mano sobre mi pechos, los que lucen en el mejor escote de mi vestido, acomodo el largo, que llega a la línea justa de la elegancia.

Doy unos pasos y el portero levanta una ceja al verme. Sus ojos me demuestran que está en medio de un gran conflicto.

—Solo déjame pasar—le digo mordiendome el labio de nuevo.

—Señorita Alex... usted...

—Lo sé, soy una traidora... pero de verdad, sólo déjame pasar, y cuando cruce esa puerta, haz la  campana... por FA. —Solo la puerta.

El portero duda, y eso me da miedo, incrementa que no salga mi plan, pero ruego a que sea rápido su decisión, debe ser ahora, o no lograré lo mismo.

—Está bien, le doy 10 segundos.

Y con eso bastó, corri hasta él, le di un beso en la mejilla y en cuanto pude, corrí a la entrada.

¡Gracias a Dios! El momento justo. Su recorrido de las 2:00, con el vaso de whisky en una mano y el cigarro en la otra, su corbata echa un lío, y el cuerpo encorvado mientras camina entre la gente.

Ese instante se volvió en el momento más preciado, porque todos los recuerdos me azotaron de una vez, e intente disfrutar cada mínimo detalle.

—¡traidora!—la voz de Paulina advirtió a todos de mi presencia, pero Hugo ya me había visto en el instante que cruce la puerta.

—¡Callate perra!—ordenó con una sonrisa, y ella quedó quieta.

Al rededor mío los nemosorum se hicieron  a modo de rodearme, sin tapar a su líder, quien aún no hacía nada.

Comenzaron a cerrarse, pero levante ambas manos y cree energia en las palmas, con eso los mantuve a raya.

—Si se acercan, van a morir, y les juro que puedo contra todos ustedes.

—Alex...—La voz de Hugo era una mezcla entre dolor y rabia, pero la  verdad creo que había más incredulidad que otra cosa.

Y llamémosle ironía si quieren, pero el destino es un niño caprichoso que decide que sí y que no, de la nada, de una música a súper movida, todo se hizo tenue, y la dulce voz de Carla Morrison llenó la sala.

—¿Qué putas haces aquí?—pregunta con enojo cuando Dana y Ross llegan a su lado y se ponen en posición de protegerlo.

—De paseo, mi amor.

—Amit... no ella no pudo enviarte, ella es prisionera de Helios, y tiene un sello potente.

Los nemosorum se quedaron en sus lugares, y sé que muchos de ellos tienen ganas de venir a atacarme de una, pero así también  saben que se enfrentan a la misma muerte.

—Salgan....—la respiración de Hugo era agitada y entrecortada, y esta se agito cuando vio que nadie hacia casa— ¡qué salgan de aquí ahora!—grita, y las personas empezaron a moverse con rapidez. Sí, 500 personas, salieron en menos de lo que se puedan imaginar.

Hugo me hace un gesto de rabia, arruganado su nariz. Yo no he bajado mis brazos, ahora lo apunto a él, mientras le da una calada profunda a su cigarro, para soltar el Humo y volver al whisky.

Camina de un lado a otro, para finalmente mirarme con enojo.

—¡Bajo los brazos!

—No...—respondo rápidamente.

—¡Puta!—tira su vaso contra la pared y antes de que se quiebre lo detengo con energía. —Hasta ese placer piensas negarme ¿Ah? Sólo quieres hacerme la vida miserable ¿no es así?

—Algo así...—respondo cuando él se sienta en la barra y toma una botella, yo sigo inmóvil para evitar un movimiento en falso.

—¿A qué viniste?

—A entregarme...

Dejo de hacer lo que estaba haciendo con su botella y me miro detenidame.



Bsar90

Editado: 20.02.2020

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