Las luces, la piedra y el sol

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Atrapada

Y las alas de las mariposas se hicieron de cristales.

Congelada, tiesa como una Roca me tenía Dara en medio de una guerra, no podría ser cierto en verdad, no debería ser cierto, me ganó.

Intento mirar las posibilidades, pero todo está en negro, no veo más que el presente.

—¿qué pasa Amit? Veo la desesperación en tus ojos  hace tanto tiempo no mostrabas esa mirada de mosquita muerta, de verdad.

—¡Ja! Debes sentir que acabas de conquistar el mundo, ¿no es así Dará?

Una mueca de asco se me escapa, pero en algo tiene razón la perra esa, estoy preocupada y desesperada esto no debería estar pasando, y lo peor, es que las sombras que dejé conectadas a Helios y Hugo me siguen enviando información, así que a todo esto, sumenosle que estoy viendo aún sus recuerdos.

—¡Ay Zafiro! Lo que más me gusta de esta situación es que realmente te tengo 100% acorralada, tu hijo acaba de atrapar a Sonnia, y aunque Tamirá y Ander lograron escapar, nosotros tenemos el trofeo mayor, creo que no hay nada mejor que eso, sinceramente.

—Dara, llámame Amit, por favor, y primero quiero que sepas que este es tan solo un tropiezo, segundo, te juro que la cara te arderá cuando logre liberarme.

—Tú mejor que nadie, sabes que un tropiezo es suficiente para liberar el caos... ahora, no te quedará de otra que responderme Amit...

¡Puta! La perra tenía todo para ganar, si lo único que faltaba era que me haga un baile de victoria.

Mis soldados comenzaron a replegarse  y no porque se vieran sobrepasados por los de la Orden y los perdidos, mas bien, porque yo se los ordene, no me sirve de nada que ellos peleen si yo estaré atrapada aquí, y honestamente, veo que mi prisión será para rato. 
 

Intento liberar mis sombras, pero ni eso puedo, y ya sé que me va a costar caro, pues no me permitirá mantenerme conectado a Helios y Hugo, por lo que terminaré perdiendo información, la cual es muy importante.

Creo que no me quedará de otra más que guardar todos lo recuerdos en un qubit, y matar el tiempo en el calabozo al que me designen.

Después de todo, creo que al menos me dará tiempo de estudiar algo.

—¡Vamos! Ya veo que te haz rendido—Dará acomoda su mechón  rubio tras sus orejas y me analiza con triunfo—,Me encanta que reconozcas tus limites.

—Yo no tengo limites—contesto con furia, —Tú sólo estas de suerte.

Dara  rió, y con ese gesto Judith y Ambar aparecieron a mis costados, colo custodiandome, mientras que del otro lado, veía como Iriel se llevaba a Sonnia, ¡maldita mierda! Esto es un fiasco total.

Finalmente, ellos saltaron, e imagino que me tocará la misma suerte, Judith me tomó de un brazo, Ambar del otro, y tal como lo predije, terminamos teletrasportados.

Tan pronto aparecimos  en el lugar, donde los de la orden de las rosas se refugian, sentí el olor a humedad en mis fauces.

Estaba en una cueva, ambos brazos fueron encadenados de inmediato, no fueron nada sutiles, tiraron mi cuerpo con brusquedad contra la humeda pared y rodearon mi cuello y tobillos con energía, supongo yo, para garantizar que me quede quieta, y la verdad, que mientras Dara tenga esa cosa a mano no puedo hacer más nada que ser de papel para ellos.

Cuando pensé que la tortura ya estaba hecha, recibí un golpe de Dara  a la altura de la boca del estómago. Lo peor, es que nisiquiera puedo acurrucarme a causa de la forma en aje me encadenaron y condenaron a esta fria pared.

Tosi por un segundo, y juro que cuando me suelte de esta condena Dara se quedará sin aire, y la haré sufrir tan lentamente que habrá lamentado haberse metido conmigo.

—¿A caso le dolió mi reina? —Río con su sarcasmo.

—No tanto como te va a doler a ti—afirmo.

El gasto automático de Dara fue escupirme a la cara y darme una cachetada.

No hay forma de explicar la sensación que me subió desde el centro de mi estómago hasta la cabeza, lo único que quería era tener las manos libres para volver trizas a la perra esta.

— A ver Amit, tu aquí no eres nada, ni nadie, las personas de este lugar acatan mis órdenes, tú, maldita perra soberbia, aquí no pintas, no sumas, no restas. Y la única razón por la que sigues viva, es porque Beatriz me lo a ordenado, por que si dependía de mi, te hubiera hecho polvo.

—Tú no podrías hacerme un simple rasguño, si no fuera por esa cosa que llevas en tu mano, la que iba a ser polvo serías tú, zorra.

—Ya te quiero ver...

Judith me soltó,  y atajo a Dara al igual que Ambar. La mujer forcejeó  se nota que el odio que me tiene es realmente imponente, tanto que la vuelve irracional, lo iba a hacer, lo iba a soltar.

Me encantaría que lo hiciera, para aprovechar y hacerla sufrir de una.

—Te juro que vas a sufrir segundo a segundo el día que te tenga en mis manos—la amenazo—disfrutaré tanto de tu agonía que guardaré en mi memoria cada segundo de tu maldito dolor.

—Por el momento —dice ella forcejeando con Judith y Ambar quienes evitan que suelte la rama que me mantiene prisionera—Sere yo la que disfrute de tu agonía... ¡Zorra inmunda!

—¡Basta! —La voz de un hombre inundo la caverna, y juro por Dios que no puedo creer que me de miedo, y me erice la piel, pero lo hace.

—¡Señor!—dicen las 3 inclinado la cabeza, al ver que Dorot se dirige hacia nosotras.

El camina elegante, imponente, rudo, después de 15 años puedo asegurar que se ve mejor de lo que recordaba.

Su cabello negro brillante, me recuerda a la primera vez que lo vi, sentado en aquella Roca, haciéndose pasar por un adolescente más.

Vestido de negro, como si fuera que viniese de alguna junta de negocios, sus manos en el bolsillo, y el aire agrandado.

—Dejenme a solas con la visita—su voz gruesa me llena de escalofríos, ¿como es posible? Si ni sangre corre por mi venas.

—Pero...—Dara intenta objetar, si  embargo es callada en menos de un segundo.



Bsar90

Editado: 17.02.2020

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