Las luces, la piedra y el sol

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La tormenta

Donde la luz se apaga, los ojos se adaptan. 
 


Mi cuerpo estaba contra el piso, nada era ordinario, sentía la humedad del suelo, el aire cargado, la culpa en la espalda, el sonido de las gotas de agua rompiendo contra las rocas en mis oídos, todo está muy claro, y eso me asusta.

Cierro mis puños, y la arena del frío suelo se mezcla en mis uñas, llevándome de incomodidad, asco también, pero más aún ira, por estar llorando.

¿Hace cuánto no surcaban mis ojos las lágrimas, hace cuánto no me dolía el pecho por la angustia? Hace cuánto no tengo ganas terribles de cortarme las venas y morir.

Si, esto es realmente horrible, y no quiero seguir viviendo, sin embargo estoy aquí, tumbada en el suelo. Sin ganas tan siquiera de ponerme en pie, me ha ganado, elndesgano y el desinterés.

Dorot me hizo polvo, y con poco, no quiero saber que será ahora que me pude torturar físicamente y que tiene inhibida mis habilidades.

Mi cabeza se llena de malos presentimientos, mi corazón se hace cada vez más pequeño y mi Alma entera polvo.

Los recuerdos de Helios siguen llegando a mi, y de alguna u otra forma debo evitar que esa información llegue a Dorot. El gran problema, es que en breve se acabará la reserva que dejé y mis prisioneros terminaran libres finalmente.

No me pone en lo absoluto feliz saber que estarán libres, primero, porque de verdad no quiero perderme ni uno de sus recuerdos, me costó tanto tenerlos donde los tengo, fueron días de andar trabajando arduamente para lograr que caigan en mi trampa, y ahora la que está en medio de otra soy yo.

Me desilusiona, saber que soy una prisionera, la reina del mal, ahora no es nada.

No puedo llamar a mis soldados, y mis soldados no saben dónde estoy, mis conexiones no funcionan, porque mi energía está congelada.

¡Maldito Dorot! Te haré trizas, lo juro, preferirías haberme matado en cuanto tuviste la oportunidad que hacerme prisionera.

Te haré polvo, no lo dudes. Mientras, soy yo la que traga la arena, a causa de esta mierda.

Mis puños están gan fuertemente cerrados contra el suelo, que no presto atención a los pies que están ante mi, me da igual quien sea, lo único que quiero es encontrar la oportunidad de ser libre de una puta vez.

-Debes comer...-la voz de chico me heló, la misma tonada fría de su padre, y eso que hace años que no escuchaba esa connotación.

Me senté, acomodé y recordé contra el muro húmedo y frío. Mi cuerpo entero se hace de nervios a ver que galán se ve mi hijo, a pesar de que sea un objeto de la orden, parece tan independiente.

-No quiero... y no lo necesito -Aseguro acomodando mi cabello cuando el se pone de cuclillas y me pone una bandeja en frente, cargada de carne, de todo tipo de carne. -Fue Dará la cocinera-digo riendo con asco.

-Fue quien preparó la bandeja, sí ¿Por qué?

-Maldita zorra...-Digo arrojando una pequeña Roca al suelo.-Sabe que soy vegetariana, no consumo carnes, de ningún tipo, y la desgraciada, me lo manda, y para más servidas por las manos de mi hijo, sí que es una perra descarada.

-Yo no lo sabía...-el chico parece inquieto,y de verdad apenado, yo por el contario, me muestro divertida por esta situación.

-¡No te preocupes muchacho! - digo alegre-No pasa nada, después de todo, no conocías a tu madre.

-Tú no eres mi madre.

Me eché a reír de nuevo con semejante declaración, y un dejavu se activó en mi, mire al niño, y le sonreí con descaro, justamente para que le duela en lo más profundo de su ser.

-Eso mismo decía yo, cuando supe que Ader era mi madre... sin embargo, resultó Real, y mira, Iriel, ahora te toca a ti vivir, lo que yo ya pasé.

-Amas ver mi confusión ¿verdad? Que mi conciencia se haga nada y que mi interior esté alborotado.

-Como no tienes idea.

-Es porque es en lo único que tienes poder-Me dice desafiante ¡hala! La sangre Anta es fuerte, mueren nada más al mini Helios queriendo desafiarme.

-Eres la misma versión insoportable que la de tu padre.

Iriel se pone de nuevo de pie, no sin antes tomar la bandeja de nuevo en sus manos.

-Ahora eres tan humana como yo, Amit- me tutea el mal educado, pero yo solo continúo ofreciéndole una mirada de advertencia y desafiante. -No vas a lograr lo que quieres conmigo. Voy a traerte algo que sí puedas comer, no nos sirves muerta, y mucho menos que la muerte sea por inanición.

-Ya sé como torturarlos entonces, matandome de apoco, no comiendo.

-¿Qué es lo que buscas?-me pregunta iracundo, consumido por las sensaciones de rabia más primitivas que pudiera existir en su cerebro.

Reconozco ese sentimiento de ser atrapado por la amígdala, esa sensación de calor que recorre los pies, hasta el último cabello de la cabeza.

Lo miro, inspeccionando su reacción, estudiando lo, imaginando qué pasará por sus pensamientos, suponiendo a qué debe temerle, e incluso, cuestionandose  si lo que hace está bien o está mal.

Mi piel se eriza, recordando ese mismo dolor, y algo dentro de mi, me pide cortar mi Alma en mil pedacitos, y eso... eso no es nada bueno.

Mi energía se está haciendo cada vez más débil, lo poco que tengo de poderes se están haciendo vestigios de algo inconcebible. Me estoy debilitando.

Sé perfectamente qué es lo que va a ocurrir luego, los Dolores de la humanidad me poseerán, se harán eco en mi piel. Y eso es lo que hará que esté a merced de Dorot.

Sin embargo, muy a pesar mío, aunque pierda la conexión con mis prisionero, solo me queda una cosa por hacer. Aunque no quiera.

—Quiero...—Me levanto a duras penas, ayudándome por la humeda pared. ‐—Que sepas, lo mucho que me duele hacer lo que haré.

—Tú no puedes hacer nada—me dice con desprecio estudiandome de arriba a abajo—Dorot me ha mostrado las posibilidades, y en ninguna, logras hacer algo.

Camino lentamente, con seguridad mientras froto mis manos una contra otra. Rio apenas, y a pesar de que puedo ser básicamente un tortuga, mis pasos son firmes. Veo el miedo en Iriel, pero el chico queda quieto, claro, no debe demostrarme que le causo temor, habrá sido orden de Dara, ella cree que así me juega psicológicamente, pero que estupida.



Bsar90

Editado: 20.02.2020

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