Las luces que me conmueven

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Capítulo 11

Horas después. Fer y Don Memo entraron con la comida. Y diciéndole que su familia estaba por llegar.

Tita por su parte preparó unas carnitas y chicharrones para Andrés y su familia. No sabían cuántas personas vendrían a buscarle así que hizo los suficiente para veinte personas.

Como era lo pronosticado eran las tres de la tarde cuando la señora María, Matteo, Ángelo y su primo Luca Davenport llegaron al lugar. La familia García recibió con hospitalidad a la Familia De Rosa Vítale.

Don Memo presentó a su familia con tremendo orgullo y no era para más. Andrés presento a la suya. María Vítale estaba consternada por el lugar en el que había estado su hijo accidentado todos estos días. Matteo por su lado estaba preocupado de la salud de Andrés. Mientras que Luca observaba el derredor con ojo de águila. La vida le había enseñado que el peligro estaba en todos lados. El venía a comprobar el bienestar y seguridad de los De rosa.

Andrés conocía el shock de su familia al estar en ese lugar. El mismo lo vivió. Pero también sabía que se adaptarían.

Ángelo su hermano mayor y médico, nada más llegar, bajó una maleta con sus principales utensilios para primeros auxilios. Comprobó las heridas de Andrés y le trajo las muletas que Don Memo les mencionó cuando contactó con ellos.

Tita por su lado, se mantenía al margen de todo. Algo cohibida por la presencia de aquellas personas. Lupita por su parte se mostró amable, pero no del todo confiada. Observaba con cautela cada uno de los movimientos de aquellos extraños. Le hizo de su conocimiento a Ángelo las indicaciones y procedimientos que le habían hecho a Andrés en la clínica.

—Ángelo, ¿está todo bien?  —pregunto María De Rosa.

Ángelo veía la herida de Andrés en el costado del pulmón. —Sí madre. La herida está limpia. Pero igual necesitaré hacer unos estudios para comprobar por mí mismo el daño hecho. —les hace conocer mientras vuelve a colocar los vendajes en su lugar— al menos la clínica tiene enfermeros capacitados. Te han hecho una buena curación. Te pondrás bien pequeñín. –dice burlándose de Andrés.

—Fue Zil —dijo Tita y todos voltearon a verla algo confundidos por el comentario— Zil hizo las curaciones todos los días. En la clínica y aquí.

—No sé quién es Zil. Pero agradézcale de nuestra parte por hacer tan buen trabajo. Es una muy buena enfermera. —dice Angelo mientras saca unos billetes de quinientos de su cartera y se los pasa a Don Memo que es el que está más cercano a el— ¿puede hacérselo llegar? De nuestra parte.

Don Memo se sorprende al ver la facilidad con la que este hombre saca los billetes y se los da. Sin siquiera saber quién es Zil.

—Lo lamento. No podemos aceptar este dinero y no creo que Zil quiera. Ella es nuestra hija y no es enfermera. Gracias, pero no podemos —diciendo esto pone la mano sobre la de Ángelo y añade— para nosotros es suficiente saber que Andrés sigue con vida. Esa es nuestra recompensa.

María De Rosa, era una mujer astuta. Cierto es que tenían riquezas, pero ella había sido criada en los bajos barrios de Italia.

Su esposo la conoció cuando esta trabajaba en un restaurante y se enamoraron a primera vista. Habían luchado mucho juntos para buscar un mejor futuro para ellos y su familia. Y sabia mejor que ninguno de sus hijos todo lo que cuesta sobrevivir día a día. Nada más llegar recordó toda su niñez. Y pensar que su hijo Andrés podría haber muerto le hacía sentir mal.

Una madre siempre querrá lo mejor para sus hijos. No importa si esto significaba una lección de vida. Tal como la que estaba viviendo Andrés en estos días.

—Está bien Don Memo. Les agradecemos grandemente todo lo que han hecho por Andrés estos días. Pero para nosotros seria grato que nos dejara recompensar tan generosos gestos. —anuncia la matriarca de los De Rosa.

—No podemos en serio. Es suficiente su gratitud. —Añade Lupita.

—Ok, entendemos. Sepan que nuestra gratitud es enorme y nos sentimos en deuda con ustedes. —responde María a la matriarca de los García.

—Entonces ¿Cuándo podremos llevarnos a Andrés? —pregunta Matteo mirando a Ángelo y Don Memo.

— ¿Cómo te sientes Andrés? —inquiere el médico de la familia— ¿te sientes bien para viajar?

—Sí, creo que sí. Pero no quería irme hasta ver a Zil y agradecerle personalmente. Ella —dice dirigiéndose a la familia— ha estado velando cada día que estuve en coma. Y aun cuando estaba ya aquí instalado. Seguía cuidando de mí.



GinyaLes

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En el texto hay: drama, drama y romance, familia hogar amor

Editado: 03.05.2019

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