Las nubes no son de algodón

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Capítulo 1: Katherine

No he podido dormir en toda la noche, el día ha llegado, ¡es mi cumpleaños número veintiuno!

Apago la alarma del despertador, me despojo de las sábanas tirándolas al suelo e intento levantarme de la cama a toda prisa, por lo que no noté que uno de mis pies está aún envuelto en las sábanas, tropiezo con ella y caigo estrepitosamente al suelo.

—¡Auch!

Me pongo de pie de inmediato, no importa, ya nada puede arruinar este día. Me acerco a mi póster gigante de Amelia Earhart que ocupa toda una pared. Está sonriéndome como siempre. Es mi heroína, mi ídolo, y muy pronto estaré siguiendo sus pasos.

—Amelia, hoy es el gran día, ¡hoy me convertiré en piloto!

«Katherine Manson, piloto experimentada. ¡Qué bien suena! »

«Estoy tan emocionada que podría gritar pero me contengo. Si seré una piloto profesional debo comportarme como tal, pero no puedo evitarlo; llevo diez años, cinco meses, tres semanas, dieciséis horas y cuarenta y cuatro segundos esperando este día: el día en que mi padre me prometió que me nombraría piloto oficial y podría pilotar un avión sin supervisión.»

«Todas las lecciones, los exámenes, los sermones de mi padre y estar metida en esa horrible oficina arreglando todo el fastidioso papeleo, además aguantar las burlas de mis odiosos hermanos, todos mis esfuerzos y sacrificios por fin rendirán sus frutos.»

Me quito mi pijama de pantalón y camisa con estampado de aviones militares y me voy al cuarto de baño. Cuando salgo, me seco y me pongo mis calzoncillos de la suerte, los que tienen al avioncito Jay Jay en la parte de atrás; sé que muchos dirían que no es el tipo de ropa interior que una dama debe de usar pero a mí me gustan, son mucho más cómodas que los pantis; luego el sostén. Ahora abro el closet y me enfrento a un gran dilema: ¿Qué clase de ropa debería usar una piloto profesional? 

Siempre llevo jeans y camisetas porque me gusta estar cómoda, pero no creo que deba vestir así en un día tan especial. Vuelvo la vista hacia Amelia en busca de consejos, pero como siempre, no me da ninguna respuesta, solo muestra su encantadora sonrisa. Vuelvo al closet, al final me decido por mis mejores jeans y una camisa a rayas azul turquesa.

Me dirijo al espejo, me pongo los pequeños pendientes que me regaló mi madre y tomo el cepillo para peinar mi corta melena negra. Siempre me ha gustado el pelo corto, es mucho más práctico y manejable. El único problema es ese odioso flequillo que parece tener vida propia, por más que trato de acomodarlo él insiste en caer sobre mis ojos. Resoplo resignada, da igual. Me pongo mis converse y me doy una rápida mirada en el espejo antes de irme, me veo bien.

Bajo las escaleras a toda prisa y me voy directo a la cocina. James y Lucas están sentados en el comedor desayunando huevos con tocino y pan tostado mientras Loretta, el ama de llaves, prepara algo en la estufa. No veo a papá por ningún lado. 

—Buenos días, Loretta. Hola chicos ¿y papá? ―James y Lucas intentan responder a mi saludo pero no les entiendo nada porque sus bocas están llenas de comida.

—Buenos días, tesoro —responde Loretta mientras me sirve el desayuno—. Tu padre está en su oficina.

Mientras como, observo a mis hermanos, gemelos idénticos tanto en físico como en personalidad; pelo castaño, ojos cafés, nariz perfilada, altos y muy musculosos. Solo son tres años mayor que yo, pero ya son pilotos oficiales de la flota de aviones privados de mi padre y nunca desperdiciaron la oportunidad de restregarme en la cara como ellos se divertían surcando los cielos mientras yo tenía que estar encerrada en una oficina contestando el teléfono y ordenando papeles. 

Y cuando por fin mi padre me permitía salir de aquel encierro para darme mis lecciones de aviación, tenía que soportar sus sermones acompañados de viejas y aburridas historias de sus días como piloto del ejército. Esas historias eran emocionantes al principio, pero luego de años y años de escucharlas una y otra vez pierden su encanto. Pero ya no más; nada de sermones, historias ni burlas; hoy seré una más del equipo. 

Cuando termino el último bocado de mi plato me levanto para llevarlo al fregadero y en ese momento siento que algo tira de mis jeans hacia abajo, bajo la mirada y encuentro a Peguie, mi cerdita, tratando de captar mi atención.

—¡Peguie aquí estás! ―Me agacho para acariciarla.

—Ese cerdo ya está bastante gordo, quedará muy bien asado y con una manzana en la boca para la próxima navidad ―dice James entre carcajadas mientras Lucas lo secunda en su broma.

Frunzo el ceño y le dedico una mirada que dice claramente "si la tocas te mato" sin necesidad de pronunciar las palabras. 

—No le hagas caso ―le digo a la asustadiza Peguie que en ese momento está tratando de ocultarse detrás de mí.

Termino de llevar los platos al lavadero, y le doy un beso a Loretta antes de salir por la puerta de la cocina hacia el patio, con Peguie siguiéndome.

Salgo de la casa hacia la parte delantera y atravieso la pista de aterrizaje con dirección a la bodega de aviones, donde se encuentra la oficina de mi padre. 



M.T. Heredia

Editado: 10.10.2018

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