Las Rosas de Doña Alfonsina

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Las Rosas de Doña Alfonsina

Las Rosas de Doña Alfonsina

Nadie en la cuadra tenía unas rosas como aquellas, rojas, de doña Alfonsina. Ella era una vieja que vivía sola en un caserón medio derruido que apenas conservaba en pie su fachada alguna vez gloriosa. En el jardín delantero reinaba un rosal gigantesco de esos cuyas flores son tan rojas que parecen negras. Pero el verdadero tesoro estaba en el fondo.

¿Tendría alguna familia esa mujer? , se preguntaba la señora Antonia y espiaba con disimulo mientras pasaba por la vereda. Se paró sobre las puntas de sus pies intentando calcular las dimensiones de la propiedad. Sería tan bueno que el nene (su hijo) y su familia pudieran mudarse aquí, al barrio, cerca de ella.

Chirrió la puerta de la casona y por ella apareció Alfonsina con una escoba.

—Cómo está…—saludó Antonia levantando la voz. Suponía que todos los viejos eran un poco sordos.

—Bien. Muy bien. —Respondió Alfonsina, y dejando la escoba a un lado, se acercó al rosal y comenzó a revisar sus hojas una por una, en busca de plagas o de alguna cosa que sólo ella sabía.

—Esa planta es impresionante. —comentó Antonia acercándose más a la reja. Le pareció un buen tema para iniciar conversación. — ¿Hace muchos años que la tiene?

—Muchos…—Masculló la otra mujer sin desatender su tarea.

—Y…—Antonia se apoyó en la verja y dejó sus bolsas de compras en el suelo. — ¿Usted cuida todo esto sola? ¿Vive sola? —preguntó. No sabía cómo ir al grano sin parecer brusca o entrometida.

Alfonsina clavó en ella sus pupilas oscuras. —Hace muchos, muchos años que vivo aquí —explicó. —Y si le impresiona esta planta, debería ver las que tengo adentro—agregó con una pequeña sonrisa.

— ¡Ah! ¡Me encantaría! —exclamó Antonia y pasó al jardín sin esperar más invitación. Era una ocasión inapreciable para conocer la longitud del terreno y poder hacer una oferta si es que la anciana quería venderlo…Pero no debía precipitarse, se dijo moviendo la cabeza. No quería resultar mal educada, ni tampoco mostrarse demasiado interesada, no fuera que Alfonsina le aumentase el precio.

Alfonsina se limpió meticulosamente las manos en el delantal, observando mientras, de arriba abajo a su improvisada invitada. Finalmente entró en la casa y la señora Antonia la siguió, disimulando mal su impaciencia y su entusiasmo.

El interior de la casa era poco más que una ruina, pero las dimensiones del patio trasero superaron todas las expectativas de Antonia.— ¿Cuánto….cuánto mide esto? —preguntó mientras recordaba a cuánto se cotizaba el metro cuadrado en aquella zona y hacía rápidos cálculos mentales.

—Unos sesenta metros, pienso…. —Susurró Alfonsina tras ella.

—Oh… ¡Es grande! ¿Y qué hay allá detrás? —preguntó Antonia refiriéndose a la pared trasera que apenas podía divisar al fondo.

—Un terreno. A veces acampan los gitanos ahí.

—Ah, claro. Ese terreno… ¿Y no le dan problemas….? digo…La gente dice que roban y…

Alfonsina se encogió de hombros y no dijo nada.

— ¡Oh! ¡Disculpe si le parezco una curiosa! —explicó Antonia enseguida. —Es que me estaba preguntando si estaría interesada en vender esta propiedad.

Alfonsina no respondió, sino que entornó los ojos y dirigió su mirada hasta un enorme arbusto en frente de ellas. En el patio trasero las rosas alcanzaban dimensiones inimaginables y sólo ahora, Antonia pareció fijarse en ellas.

—Hace mucho que usted vive aquí, ¿cierto? —preguntó de nuevo. No era una persona a la que le agradara el silencio.

Alfonsina se acercó hasta un rosal que era tan alto como un árbol. —Mucho—dijo. — Y antes que yo, vivieron aquí mis padres y mis abuelos, —agregó mirando una rosa enorme y amarilla que coronaba la copa de la planta.

—Sí, entiendo pero yo me estaba preguntando si… ¡Oh! —Antonia se tapó la boca y dio un saltito hacia atrás. — ¿Es eso una tumba? —preguntó señalando una lápida blanca más allá, al pie de otro rosal gigante.

—Antes se estilaba enterrar a la familia en los terrenos de la casa…claro que antes la casa estaba mucho más lejos….le estoy hablando de unos doscientos años atrás… —dijo Alfonsina impasible, mientras quitaba un pulgón del grueso tronco del rosal amarillo.



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En el texto hay: misterio, rosas, terror

Editado: 08.01.2019

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