Las tristes desventuras amorosas de Fraya

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Capítulo 2: Luna de plata

Guamu the juzzmonsta' sonaba a través de los stereos de su habitación. Con el ritmo hip-hoppero y casi sincronizado, ella salía de la ducha, con una mano que sostenía su toalla al nivel de su cintura y otra que cubría toda su cabeza como un rollito de pergamino, trató de no pensar en lo que había allí abajo: Un poco de agua había caído en la alfombra turca que su madre le había regalado las vacaciones pasadas. Eso estaba mal, a ella le incomodaba muchísimo mojar, manchar o ensuciar algo suyo. Se recompuso lo más pronto posible y más temprano que tarde, la toalla cayó al suelo, segundos más tarde, al son de una trompeta acompañada de dos tarolas y un piano, abría un cajón, ropa interior, azul, rojo, verde limón, hoy sería bueno estrenar el celeste. El espejo, su piel blanquecina, brillante como la perla, sus brazos contorneados delgados como de una mantis, el cuello bien dibujado y sus labios un poco carnosos acompañados de la finura de sus cejas: Sin duda era una obra de arte.

Iba a pensar en el pecho, pero antes tomó la colonia, se roceó un poco porque no deseaba llamar mucho la atención, después de todo, era la iglesia. Nadie era tan guapo como para deslumbrarlo esa tarde, bueno, tal vez Luciano, pero su mala pronunciación de la "r" le daban rotundo desagrado, hasta prefería evitar, a veces, quedarse a solas con él.

Miró al cuadro que colgaba desde arriba, en su habitación: Un turista caminando a través de un rocoso sendero, lleno de maleza pero también con un cielo celeste, un porvenir, un camino amplio y lleno de expectativas: Eso era lo que ella tenía en mente cada que recordaba que, esa imagen, de hecho, era propia del club.  El hombre dándole la espalda al camino ya hecho se mostraba, recubierto de un vidrio protector, en el pequeño salón de reuniones "Luna de plata", a su merced, Elena, Luciano y dos chicos más ordenaban todo a un ritmo veloz.

-Ya te dije, era una fábula sobre la chica que mira todo el universo a través de un espejo mágico- Eduardo, un chico moreno y regordete con un par de gafas azules, defendía su punto de vista, con cierto tartamudeo, ante su contrincante, que sin esperar nada argumenta:

-No loco, "Luna de plata" es la historia de los astronautas del Apolo Xl llegando a la luna y encontrando una mina de metales valiosos para ser vendidos aquí. Está basado en hechos reales, hay un vídeo en Youtube...

-¡Chicos!- Elena les llamaba la voz desde la puerta, con una caja en mano- No falta nada para que lleguen nuestros invitados, ¿aún no acomodaron aquí?

-No encuentro la escoba

-¡Pero si Luciano dijo que te la iba a dejar!

-Yo dije qué?- Luciano salía con una telaraña en la cabeza del armario

-Ya, olvidenlo. Tú, toma esto y acomodalos en la mesa-Eduardo recibía la caja llena de vasos y platitos- Luciano ven, aún tenemos que hablar con la hermana.

-Elena- Pablo la retuvo antes de que fuese demasiado tarde

-Dime

-¿Cuál es la historia de la luna de plata?-Dijo con dos chispitas saltándole de sus ojos, y atento a la reacción de su contrincante

-¿La luna de plata?

Mientras se abrochaba el jean, uno, dos, tres botones, recordó que aún no había llamado al taxi, y casi quiso golpearse en la frente por craso error, ¡había pasado tanto desde que no iba a la iglesia! Qué dirán Elena y el resto si ven que en su retorno ha sido tan impuntual. No perdió tiempo, comenzó a hacer cálculos, a la par que tomaba la camiseta negra de Monkeyed Artic´s  y se la colocaba al revés de tanta distracción.

-Bueno, dice la histoglia que...

-¡No, Luciano! Yo quiero contarles- Elena estaba a poco (siempre estaba a poco) de llegar al suelo de rodillas para pedirle a Luciano que no lo contase- ¡Siempre me ha gustado contar la historia!- Luciano alzaba los hombros mientras Elena carraspea y se acomoda en la silla más cercana- Mis queridos, cuenta la historia que... 

Cuatro minutos a pie hasta el paradero de taxis, diez en el recorrido, veinte o veinticinco si fuese a pie, cinco minutos desde entrar por la puerta principal, saludar a los hermanos de la iglesia, de repente alguna retención de alguna de las mojigatas, y entonces llegaría en...¡media hora! mejor voy volando.

-Había una vez una laguna a la que la luna siempre alumbraba cada noche. Esta laguna era particular, sus aguas eran cristalinas, muy limpias, tanto que la luna gozaba de ir a verse en el reflejo del agua cada noche. La laguna siempre esperaba a la luna cada noche, pues no podía soportar la luminosidad del sol en el día. Y el sol, cada que la veía, simplemente rebosaba en demasiada luz, tanta que solo se vanagloriaba con su reflejo. Pero al llegar la noche, la luna siempre le traía una brisa fresca, calma y un sentimiento de tranquilidad enorme, los grillos cantaban y las luciernagas bailaban a su alrededor, mientras las hojas se mecían y todo era perfecto. 



Emma Fran

Editado: 01.11.2019

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