Leah.

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Capítulo 4

Capítulo 4: Clavadas en mi pecho.

Estoy encantada, más que encantada, yo diría, hechizada. Sus ojos son profundos como una noche llena de estrellas.

Zack está arriba mío, ya que cuando la lámpara cayo rodamos quedando en esta posición. Todo esto es muy incómodo. Siento como Beth junto con varios compañeros enfermeros se acercan ayudar.
 

El nuevo pasante se levanta y me tiende la mano para ayudarme a levantarme. Beth me escanea de arriba abajo para asegurarse que todo está bien. Igual hacen con Zack.
 

—OH, mi niña ¿Estas bien? —Asiento lentamente. — ¿Qué rayos paso?

—Exacto ¿Qué rayos paso? — Hablo el pelinegro. Me da risa la forma que dijo lo mismo que Beth.

Todos esperaban una respuesta de mi parte... pero ¿Qué mierda les voy a decir? No lo que pasa es que veo la muerte de las personas entre otras cosas. De seguro, ahora si me tachaban de loca.

Nada salía de mi boca, No tenía idea de que decir. Me aleje unos dos pasos, tanta gente me agobia. Después de tomar unas respiraciones, me sentí lista para hablar.

—Era obvio que esa lámpara se iba a caer. Tengo muy buenos sentidos y soy observadora. Casualidad mire el techo y vi la luz titilando, sin mencionar que esa lámpara estaba mal desde hace un tiempo. —Joder soy buena mintiendo.

Todos me miraban entre sorprendidos y confundidos. Solo atino a sonreír de medio lado.

 

—Buenos Señores y Señoritas, Me retiro, Tengo sueño, así que me largo a mi cuarto.

Di la vuelta y empecé a caminar, no di dos cuando ya tenía una maño enganchada a mi muñeca. Giro para ver el o la dueña de dicha mano.

Zack.

—Espera...
—Arqueo la ceja para que termine de hablar.
— ¿Cómo te llamas?

Ah, era eso. Que idiota.

—Leah, me llamo Leah.

—Zack, mucho gusto. — Me tiende la mano. Y yo, por supuesto, gustosa lo acepto. Una sonrisa se le forma en los labios, y tengo que decir, que sonrisa más linda. —Gracias por salvarme, Leah. —Le devuelvo el gesto.
 

—Fue un gusto haberte salvado y para la próxima, estate más pendiente.

Lanza una sonora carcajada al aire. —Lo mantendré en cuenta.

Le doy una sonrisa en modo de despedida. Me despido de los doctores y enfermeros que se acercaron a chismosear y me voy camino a mi habitación con Beth a mi lado.

—Buen trabajo, pequeña. — Le sonrió a mi enfermera.

—Gracias, Beth. Te aviso para que me vengas a buscar. — Asiente lentamente y se va, cerrando la puerta con llave.

3pm. Ya acostada en mi camita, me quedo mirando al techo. Toda la habitación está sumergida en un profundo silencio. Me encanta.

—Leah, Leah. Pequeña idiota.

Jodida mierda. Hable demasiado rápido.

—Hola vocecita querida, te extrañe tanto.

—Conmigo no uses tu sarcasmo conmigo, imbécil.

Pongo mis ojos con blanco.

—Leah. Yo tú me alejo de ese joven. —Lanza una carcajada malvada. —Bueno, soy tu.

Un suspiro cansino sale de lo más profundo. —Maldita voz, no sabes cuánto te odio. Ojala te mueras y te pudras en el infierno.

Ella, finge llorar— Eso es lo más hermoso que me has dicho en la vida. — Lanza una carcajada. — Ahora sin rodeos pequeña idiota. Soy tu ¿Recuerdas? Estoy dentro de ti, soy parte de ti, soy tú. Y como su voz parte de ti, te recomiendo que te alejes de él.

Cierro los ojos con fuerza tratando de calmarme.

—No eres yo, Estarás dentro de mí, mas eres un estorbo en mi vida. Y con respecto a lo último, lo sé, tengo que alejarme de él.

—Al fin estamos de acuerdo en algo, es un milagro, el mundo estallar.

—Duérmete No te quiero despierta mientras yo duermo.

No respondió y supe que había desaparecido.

Solo tenía un deseo, y era; Que esa Voz desapareciera para siempre.

 

************

Me remuevo en la cama tratando de buscar comodidad, sin embargo, no la encuentro. Estoy sudando a mares, en la habitación hace mucho frío pero como si estuviera metida en un sauna.



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Editado: 07.07.2018

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