Legendhill "Un Secreto en la noche escondido"

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CAPÍTULO XI "Tu Herencia, Mi Herencia" (Sin Editar)

Algún día en la antigüedad.

Abrieron los ojos y a su alrededor solo había árboles, a lo lejos el sol desaparecía lentamente dejando atrás la claridad de las copas de los árboles, para dar paso a la oscuridad total, los 3 viajeros corrieron por el bosque en búsqueda de resguardo, Kendra uso magia para encender 3 palos que funcionaron como antorchas mientras encontraban un lugar seguro, el reloj de muñeca de Emriss dejo de funcionar y el colgante de val no tenía la protección del hechizo que lo había cargado con el poder de la luna, una clara señal de que volvieron a un tiempo más antiguo que la existencia del conjuro proveniente de la familia Bennet.

Kendra tomo la mano de val y conjuro su anillo, para que este lo protegiera en caso de peligro, Emriss por otro lado solo quería respuestas y se adelantaba a los pasos de Kendra y val, quería tener contacto con alguien y mientras más caminaba, más lejos parecía estar la respuesta. Kendra paro seco y val la miro con cara de sorpresa y dijo.

— ¿Qué Paso?

— Nada, solo que sentí una leve vibración en la planta de mis pies.

— ¿Qué significa? —Grito Emriss desde más adelante.

— Nada de qué preocuparse aun — dijo Kendra mirando el piso.

— No creo que encontremos algo ¿Qué querrían mostrarnos tus ancestros? — dijo Val con un tono nervioso.

— Debemos esperar aquí — dijo Kendra.

— ¿Por qué?, ¿viste algo? — dijo Emriss.

— No, es solamente intuición de bruja.

Emriss miro hacia arriba y se percató de pequeños muñecos colgados en las ramas de los árboles, eran cientos de muñecos hechos de ramas semejantes a la figura humana, tanto es así, que Emriss los comparo con las figuras de ángeles que él tiene colgadas en su alcoba.

— ¡No los toques! —dijo Kendra, es magia oscura complemento.

— ¿Por qué estaría esto aquí?, estamos en medio de la nada.

— Creo que debemos seguir caminando —menciono Valentín.

— No. Debemos esperar aquí al dueño de los muñecos. — dijo con voz calmada Kendra Bennet, son muñecos vudú, se utilizan para marcar rituales ancestrales, quizás este lugar es sagrado para el sacerdote que lo practica.

— Ok, esperaremos, pero, debemos ocultarnos, hoy quiero llegar sano y salvo a mi casa. — dijo Emriss.

Val cerro los ojos y comenzó a escuchar, Kendra sabía que un vampiro tenía más capacidades que ella para que escuchara así que lo ayudo a concentrase.

— ¿Escuchas Algo?

— Si, tambores.

— Ok. Genial, llegamos a una fiesta, lo que me faltaba — dijo Emriss.

— No seas impaciente — dijo Kendra.

— Se hace más fuerte el sonido, significa que alguien se acerca—menciono Val.

Los 3 subieron a la rivera del cerro, Kendra los hizo invisibles a los ojos de personas extrañas por seguridad, aunque ella sabía que solo que estaban viendo correspondía a un recuerdo proyectado por un bucle espacio tiempo y que ellos no podrían modificar nada. Entre los árboles un gran señor con tatuajes se acercó, miro perdidamente a su derecha, apuntado con la vista sin pestañear en la dirección en la que estaba Emriss, Kendra con su mano derecha advirtió que nadie respirara, pero el señor seguías mirándolo como que sin estar hay supiese que en el futuro Emriss volvería y se posaría cobre esa roca. El señor dejo de mirar la piedra y camino hacia un árbol de roble banco frente a la piedra y comenzó a hacer un ritual de caza.

La luna llena comenzó a salir, mientras Kendra, Emriss y Val miraban embobados lo mágico del momento. 13 mujeres llegaron con grandes pieles de animales en sus vestiduras, 12 hombres más se unieron a la celebración, frente a la piedra una hoguera alumbraba el lugar, el humo formaba imágenes de elementales del fuego, a lo lejos en el cielo una gran mancha voladora sorprendió al hechicero, anonadados Emriss y los demas se enteraron que las personas no hablaban y que solo se comunicaban por gestos, en un momento algunos hombres se levantaron del círculo de piedras que habían formado alrededor de la hoguera y justo en el centro comenzaron a saltar sobre el fuego como si se tratara de una danza, el primer hombre que llego tomo un cráneo de ciervo y lo puso en su cabeza, era una postal mágica, las mujeres comenzaron a hacer ruidos, que se sincronizaban al que los machos hacían mientras saltaban por el fuego diciendo, ¡Warlock!, ¡Warlock!, ¡Warlock!



FJ Núñez

Editado: 27.09.2019

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