Leyendas de Capirastia

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El Descubrimiento de una Aventura

 A veces las cosas no son lo que parecen; lo insólito puede estar en lo que más ignoramos, lo que creemos que nunca en la vida nos puede pasar puede ser lo primero que llega a sucedernos. Incluso lo que más nos parece horrible en el fondo puede llegar a ser hermoso y agradable. Un ejemplo muy obvio es Capirastia, una dimensión paralela secreta de cuya existencia no hay nadie en la tierra que tenga la más remota idea.

Capirastia era un lugar maravilloso, donde todo lo increíble era lo más natural, todo era hermoso y casi perfecto, y, en cuanto a sus habitantes, pues eran personas con las que daba gusto tratar y en las que se podía confiar ciegamente. Además allí se podía gozar de los más bellos parajes donde los árboles, las flores, las montañas y los mares parecían tener vida propia y observar todo a su alrededor. En cada una de sus impecables calles y avenidas se podía caminar tranquilo hasta en altas horas de la noche, pues la seguridad era infinita; casi nadie moría de esas terribles enfermedades que han causado tanto terror en la tierra, pues allí la medicina era tan avanzada que casi podía revivir a un muerto. También se contaba con la más moderna tecnología en toda clase de invenciones que en el mundo real se creen imposibles de idear. No había ningún área verde que estuviera contaminada; todo era inmaculado y el aire era tan puro y digno de respirar. Además, debido a la cuidadosa educación que recibían cada una de los habitantes, no había ninguno que careciera de buenos modales y hábitos, y ninguno que tuviera indignos oficios; de hecho tampoco existía la pobreza, ni la discriminación, ni la guerra, ni todas esos flagelos de la humanidad. Todas las personas eran valoradas sólo por lo que eran en el interior, hasta parecía como si todos ellos eran hermanos. Todo esto gracias a que esta tierra estaba gobernada el bondadoso Emperador Rhodus. Él era muy querido por todos sus súbditos, pues su generosidad se contagiaba a todas las personas que habitaban allí.

Pero, como habíamos mencionado antes, lo que menos nos imaginamos que puede ocurrir es lo primero que puede pasar, y también sabemos que a veces la paz y la felicidad no suelen durar para siempre. Cuando Rhodus perdió el trono la desgracia cayó sobre toda Capirastia y toda la belleza y la alegría de ese lugar murió junto con el color de sus paisajes y la bondad de la gente.

Por supuesto, para lograr este objetivo, el Concejo del Bien deberá elegir a un grupo de héroes del mundo real, quienes poseerán como primeras virtudes el coraje, la fuerza, la astucia, el conocimiento, la nobleza, la destreza, la lealtad y la justicia, con las cuales podrán enfrentarse a grandes peligros y luchar con terribles seres, además de ayudar y proteger a los capirastienses y purificar sus almas carcomidas por el odio. Pero ¿Quiénes serán estos héroes?

En el mundo real, en la ciudad de Nueva York, estaba situado un terreno baldío habitado por nada más y nada menos que por un grupo de siete adolescentes con habilidades excepcionales, pero con tristes y oscuros pasados. Estaba conformada por Miranda Mori, a quien todos querían mucho. Era una intrépida jovencita japonesa de dieciséis años con habilidades ninja, Albert Mc Dowell, un norteamericano maestro de los videojuegos. Tenía dieciséis años; Rachel Mori, de diecisiete años, la inseparable hermana de Miranda. Ella era muy hábil y una excelente tejedora, Ignacio González, llamado Nacho, de México, un fortachón de diecisiete años que era luchador libre y jugador de fútbol americano. No menos importante era Amanda Delgado, proveniente de Venezuela y experta en cosas de espiritismo. Era la inseparable compañera de Rachel y Miranda. Era unos meses menor que las otras chicas. Otro miembro muy importante era Erick Clarkson, de Inglaterra, un jovencito con mente de científico. Era un estudiante muy aplicado y ansiaba ser médico como su padre; y, por último, estaba Gary Ville, el primo de Albert. Era un bromista experto en juegos de destreza y nunca se separaba de Albert. Era el mayor del grupo, tenía dieciocho años. Estos chicos vivían juntos como hermanos, pues entre ellos existía un gran círculo de compañerismo y solidaridad, a pesar de algunas diferencias que tenían todos, tomando en cuenta que, por desgracia, los padres de cada uno de ellos estaban misteriosamente desaparecidos desde hace mucho tiempo y los chicos no sabían nada de ellos.

Era un día muy normal en Nueva York y los chicos estaban en el parque de atracciones. Cuando llegaron por la tarde e iban entrando a su casa, algo extraño notaron.

En la pared que estaba lado de la puerta de la casa había un gran agujero que brillaba e iluminaba todo ese rincón.

Albert, intrigado por la curiosidad, tocó el agujero y cuando tocó el punto de luz, una fuerza interior lo absorbió hacia dentro. Miranda trató de ayudarlo, pero también fue absorbida por la extraña energía

-Debe ser un campo de energía –explico Erick- . Pero ¿hacia dónde los habrá atraído?

-Tenemos que sacarlos de ahí ahora -dijo Gary.



Miranda Mori

Editado: 05.03.2019

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